10 de mayo 2013 - 00:00

BLANQUEO: lo que dice la historia

El cuarto blanqueo relevante en democracia nos remite a las lecciones (no) aprendidas de la historia. La teoría dice una cosa, la necesidad de los gobiernos es otra. Una mirada retrospectiva aporta un marco adecuado para saber qué esperar de la “exteriorización de capitales” anunciada por el equipo de los cinco.

BLANQUEO: lo que dice la historia
El blanqueo de capitales anunciado el martes por el Gobierno es el cuarto que se puso en práctica desde el regreso de la democracia. En todas las presidencias se utilizó esta medida como recurso, la mayoría de las veces, para intentar dar un impulso a la actividad. No obstante, para medir el grado de éxito importa la confiabilidad que se transmita y también el momento económico, ya sea de expansión o de decaimiento. Además, otro factor crucial es, precisamente, la eventualidad de este tipo de acciones: la mayor frecuencia se traduce en que luego de algunos años quienes necesiten blanquear fondos estén a la expectativa de la próxima.

En 1987, con Raúl Alfonsín como presidente, se llevó a cabo la primera repatriación de capitales desde el regreso a la democracia. En un principio se oponía hasta el propio ministro de Economía de ese momento, Juan Vital Sourrouille. Sin embargo, el desequilibrio presupuestario y la urgencia por recaudar fondos para compensar el déficit del Tesoro significaron un cambio de perspectiva y, cuando el Plan Austral empezó a mostrar señales de agotamiento, emergió como una manera de estimular la economía.

Marina Dal Poggetto, economista del Estudio Bein, señaló ante Viernes una característica importante a tener en cuenta para lograr una mayor efectividad en este tipo de medidas: Sirven cuando se las implementa en la fase ascendente del ciclo económico y no cuando se las impulsa al final, en la etapa descendente.

Pero la teoría es la teoría, y la única verdad es la realidad. Las experiencias demuestran que, en la mayoría de los casos, cuando se anuncian medidas de exteriorización de capitales el contexto económico se encuentra, precisamente, en la fase descendente del ciclo. Es decir que, en lugar de acompañar un período de auge en la actividad, se las pone en práctica con medidas puramente recaudatorias, para dar un poco de aire a la alicaída expansión. Con la evidencia empírica se ve que aparecen en momentos recesivos, cuando los gobiernos intentan conseguir financiamiento, agregó Ramiro Castiñeira, economista jefe de Econométrica. Lo hacen todos los países, incluso varios europeos y Estados Unidos hicieron repatriaciones entre 2009 y 2011, en medio de la última crisis, rememoró.

La excepción de los últimos cuatro blanqueos argentinos fue el de la década del 90, cuando Domingo Cavallo lanzó esta medida en 1992, que rigió por cuatro años (aunque cuanto más se tardaba en repatriar el dinero, más caro resultaba). Era el inicio de la convertibilidad y, en concreto, se trató de una modificación de la ley de Impuesto a las Ganancias para exteriorizar la tenencia fuera del país de moneda extranjera, títulos y bienes, así como depósitos en cuentas corrientes, cajas de ahorro y plazos fijos. La norma aclaraba que podía blanquearse además la tenencia de divisas en el país, siempre y cuando se tratara de importes iguales o inferiores a 500.000 pesos. Tampoco en esta ocasión era obligación declarar el origen de los fondos.

En 2009, ya en plena gestión kirchnerista, se concretó el tercer blanqueo de fondos desde el regreso de la democracia. En esta oportunidad, la crisis internacional puso en jaque la economía argentina y, luego de seis años de crecimiento, se implementó la exteriorización de capitales dentro de una medida más amplia, que incluía también una moratoria impositiva. Si bien el Gobierno deslizó que esperaba que se repatriaran alrededor de 19.000 millones de dólares, el monto finalmente ingresado fue de u$s 4.000 millones.

La oferta diferenciaba distintas situaciones: quienes blanqueaban los fondos, pero sin repatriación abonaban una tasa del 8% sobre el monto, mientras que para quienes además traían al país el dinero, la alícuota se reducía al 6%. En el caso de invertirlos en compra de títulos públicos, la tasa bajaba al 3% (5% si se realiza en un plazo mayor a los 3 meses, pero menor a los 24) y, si eran destinados a inversiones industriales, inmobiliarias o agropecuarias, disminuía hasta el 1%.

En ese momento se perseguían fines recaudatorios, en cambio ahora el objetivo que se busca es recomponer las reservas internacionales y reavivar el mercado inmobiliario, luego de que no funcionó la pesificación, razonó Dal Poggetto.

Se estima que existen fuera del sistema financiero casi 200.000 millones de dólares (datos oficiales indican que a fines de 2011 este monto llegó a u$s 191.000 millones). Si ingresan con el blanqueo actual un 1% de este total ya se estaría en una cifra de cuatro dígitos, que ayudaría en la complicada situación cambiaria.

No obstante, el exministro de Economía Roque Fernández planteó, en diálogo con Viernes, si la circunstancia del país está dada para que funcione la repatriación actual. Hay que recordar que el país aún está en default, y lo que se ofrece es un bono público, señaló, al tiempo que agregó que es necesaria una serie de elementos que torne más atractivo invertir en el país, en relación con la intención oficial de que se vuelquen los fondos al sector energético.

Otro punto importante y remanido de todos los blanqueos de capitales es el de la perspectiva ética, ya que se premia al evasor de impuestos y, muchas veces, a quienes necesitan lavar dinero obtenido en prácticas ilegales. Al que paga en tiempo y forma se le está dando la señal de que incumpla, total en algún momento aparecerá otra exteriorización de capitales, razonó un tributarista.

@iglesiamaria

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