El posible nombramiento de Mario Blejer al frente del Banco Central en reemplazo de Martín Redrado provocó un triángulo de comunicaciones que involucró una estación de esquí en Francia, Villa La Angostura y -por supuesto- Buenos Aires.
El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
En diálogo con este diario, Blejer -en línea con su decisión de esperar y ver- dijo: «No acepté ni rechacé la oferta». En esa corta frase, el ex titular del Banco Central reconoció que a temprana hora ya había sido contactado por funcionarios del Gobierno argentino (el ministro de Economía, Amado Boudou) para ofrecerle la todavía caliente silla de Redrado.
Después de febriles consultas tripartitas sobre lo que estaba sucediendo y qué decían los medios, Blejer decidió tomar distancia y aplicar la política del «wait and see»: esperar a ver cómo se desarrollan los acontecimientos en las próximas horas. Lo cierto es que la conclusión a la que llegó, tras pedir consejo hasta a su rabino de cabecera, es que en las actuales condiciones, no aceptará el ofrecimiento.
Fuentes muy cercanas al ex director del Banco de Inglaterra hicieron saber a este diario que el economista cordobés «tiene un respeto total por la carta orgánica del Central, que lo convierte en un ente autárquico y autónomo; también está a favor de que se mantenga la independencia de la autoridad monetaria». La misma fuente agregó que «Mario no puede aceptar ningún ofrecimiento porque el Central todavía tiene un presidente».
Dilema
Blejer está de viaje en Francia, practicando una de sus pasiones, el esquí. Por la mañana, recibió el llamado desde Buenos Aires de Boudou, y casi de inmediato discó un celular cuyo propietario veranea en Villa La Angostura. Cabe recordar en este punto que quien fue titular del Banco Central durante apenas seis meses cuando el presidente era Eduardo Duhalde es actualmente director del Banco Hipotecario, que capitanea Eduardo Elsztain. De ahí la llamada al sur del país donde este último se encuentra.
Ese empresario, tras casi un lustro de ostracismo impuesto por Néstor Kirchner, consiguió recomponer la relación con el Gobierno a través de Cristina de Kirchner, quien lo sentó en la mesa principal, y a su lado, en la comida que ofreció a unos 70 empresarios días antes de Navidad. El dilema que se le presenta tanto a Blejer como a Elsztain es casi dramático: por una parte, sería «hacerle un feo a la Presidente» -como dijo la fuente- si no acepta ocupar el cargo; por otra parte, en caso de acceder, temen que la imagen de Blejer se vería seriamente deteriorada por el consenso que parece haber (sobre todo en la oposición) de que la salida de Redrado implicaría un avance del Gobierno sobre un ente independiente, con un presidente refrendado por el Senado y con mandato garantizado hasta setiembre de este año.
En esas conversaciones Francia-Patagonia, Blejer afirmó: «No me esperaba esto, y no voy a asumir en cualquier condición». En este punto, es útil recordar el párrafo más significativo de la carta de renuncia que le envió a Duhalde el 24 de junio de 2002, tras apenas un semestre en su cargo: «Un punto que debo enfatizar se relaciona con la preservación de la independencia del Banco Central, cuestión que, estoy convencido, usted comparte plenamente. Dicha independencia se ha visto reiteradamente debilitada en los últimos tiempos». La misiva parece conservar no sólo actualidad, sino pintar de manera transparente cuál es el pensamiento hoy de Blejer en relación con lo que está sucediendo con la autoridad económica.
Dejá tu comentario