25 de mayo 2009 - 00:00

Boca cada vez más hundido

¿Habrá sido su último partido? Ischia no quiere renunciar, los dirigentes aceptarían que se quede hasta el fin del actual torneo, mientras la relación con los directivos se deteriora aún más.
¿Habrá sido su último partido? Ischia no quiere renunciar, los dirigentes aceptarían que se quede hasta el fin del actual torneo, mientras la relación con los directivos se deteriora aún más.
No hay mal que por bien no venga. Una frase de molde pero que no por eso deja de ser verídica. Aunque en este presente de Boca ni el mejor de los videntes se animaría a decir qué traerá de bueno semejante debacle futbolística, grupal, y que alcanza a tener, como era de esperar, rebote en lo institucional, en lo económico y político del club. Una entidad que hasta hace un par de semanas daba muestras de solvencia, seriedad y solidez. ¿Se vino todo abajo por la derrota sufrida el jueves pasado ante Defensor? No. ¿Es sólo por la despedida prematura de la Copa? Obvio que no, pero las derrotas sacan a relucir todas las miserias, aquellas cosas que fueron a parar debajo de la alfombra sólo para seguir adelante y hoy rebotan en la vida interna y externa del club.

Ischia no se va a ir. Que se entienda bien, por propia decisión no se va a alejar el entrenador, que pone por delante su vínculo firmado con Boca antes que la incomodidad de ser mirado de reojo por jugadores, dirigentes y estar apuntado por el hincha como uno de los máximos responsables de la catarata de resultados adversos de los recientes compromisos. Por el Clausura, de los últimos nueve partidos Boca ganó uno y perdió cuatro. Y en la Libertadores no superó en ninguno de los dos capítulos a Defensor. Muy poco. Escaso para ser Boca. Ante la poca autocrítica del DT, dar un paso al costado no sería más que eso; más allá del contrato vigente, Jorge Amor Ameal y sus hombres de Comisión Directiva no hacen más que intentar encontrarle una solución al tema para no deteriorar aún más la vida política de Boca.

Las esquirlas de lo futbolístico llegaron al plano dirigencial, e incluso al jefe de Gobierno, Mauricio Macri, quien se alejó por momentos de la campaña electoral del próximo 28 de junio para intentar enfriar las convulsionadas horas que vive el club que presidió durante once años. En círculos íntimos expresó su deseo de retirar al bloque macrista de Boca por su enfrentamiento con Carlos Bianchi, su descontento por las internas ya indisimulables en el plantel y por la poca muñeca para manejar semejante conflicto de parte de Ameal. Macri siente que todo el trabajo que se llevó a cabo desde su llegada en el 96 se está echando a perder.

En claro, poco. Ischia citó a los jugadores al entrenamiento matutino de mañana. El entrenador se ampara en la letra fría de lo pactado, pero los dirigentes habrían aceptado que se quede sólo hasta fin del Clausura (el contrato tiene vigencia hasta el 31 de diciembre) y que en caso que el técnico reciba una oferta de trabajo estaría liberado para marcharse siempre y cuando Boca le pague la diferencia que exista en caso que la oferta sea de menor renumeración que el actual sueldo que percibe Ischia. Todo, para no tener que abonarle la liquidación que obligaría un despido. Pero a simple vista no parece haber otra forma de descomprimir la situación e Ischia no parece ayudar mucho. Mientras, se tiran nombres, porque si alguien se va, otro debe ocupar su lugar. Abel Alves parece ser lo más cómodo, pero quedaría muy debilitado con la imagen de Bianchi como mánager. El «Virrey» no quiere aceptar reemplazar a un antiguo amigo, por más que hoy estén alejados. Basile habría contestado «No, gracias» y no parece haber un nombre que garantice que con su sola presencia se apague semejante incendio. Hay muy poco claro en este lío.

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