15 de abril 2014 - 00:00

Bonzo: interludio de verano

Las obras de Bonzo entrecruzan imágenes (en este caso de Lacámera y Pablo Suárez) y los cuadros transmiten cierta nostalgia, proveniente de ese ir y venir del pasado.
Las obras de Bonzo entrecruzan imágenes (en este caso de Lacámera y Pablo Suárez) y los cuadros transmiten cierta nostalgia, proveniente de ese ir y venir del pasado.
La galería Dacil acaba de inaugurar la muestra de pinturas de Alejandro Bonzo realizadas durante el verano, cuando las oscilaciones entre la vigilia y el sueño y las imágenes que pueblan la memoria de un pintor, cobraban mayor visibilidad. Desde el inconsciente estético aparecieron las obras del pasado y las de un presente cercano, con sus formas y colores nítidos y pregnantes. Luego, con parsimonia, el artista comenzó a trasladar retazos de ese mundo a sus propios cuadros. En esas noches, cada sueño arrastraba una imagen.

Cuentan que el filósofo taoísta Chuang Tzu se quedó dormido y, al despertar, se preguntó: ¿Soy Chuang Tzu que ha soñado que era una mariposa o soy una mariposa que sueña que es Chuang Tzu? Al igual que la mariposa de Octavio Paz, que no dudaba, volaba, nuestro artista no dudó: pintó. Sus pinturas estivales ostentan hoy la magia de un espejismo. Pero su genealogía, aunque reconocible, es difusa.

Las superficies cortantes de las rocas de una cantera brillan como diamantes. Hay un árbol allí en una soledad perfecta que bien puede asociarse a los paisajes románticos de Caspar Friederich. La condición "mental" de las obras de Fortunato Lacámera, la luz dorada que ingresa por la ventana dibujando la humildad de una maceta sobre la mesa, aparece subvertida por la geometría de un cactus. La precisión de los rombos se puede rastrear en una obra de Bonzo del año 2000 asimilada al clima de las nuevas visiones. Detrás del cactus se divisa uno de los paisajes pedregosos que Pablo Suárez pintó en San Luis, cuando supuestamente había abandonado el arte. Bonzo evoca al maestro por partida doble: en esa misma pintura, la maceta refleja la confesa admiración de Suárez por Lacámera. Admiración que es mutua por otra parte. Mientras se entrecruzan las imágenes también se entrelaza el sentido, y los cuadros transmiten cierta nostalgia, proveniente de este ir y venir del pasado.

Las filiaciones de las pinturas vuelven cercanas las obras, pero la modalidad del planteo provoca extrañamiento. ¿Será cierto, como dice T.S. Eliot, que la aparición de una obra de arte afecta a cuantas obras de arte las precedieron? Eliot afirma que, "el pasado es modificado por el presente, y el presente es dirigido por el pasado".

El aletargado verano alentó la imaginación. Los colores surgieron con matices artificiales y las pinturas del artista, si bien poseen un estilo personal y diferenciado, están ligadas a las de sus antecesores. La experiencia en el tiempo circular del arte, ese soñar sabiendo que se sueña, puede deparar el encuentro con lo inesperado que hoy se trasunta en las pinturas de Bonzo.

A.M.Q.

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