El crecimiento de la producción de Vaca Muerta, el desarrollo del Pré-Sal brasileño y el declino de los campos de Bolivia están modificando el mapa energético de América del Sur y abren una oportunidad inédita para avanzar hacia un mercado regional del gas natural.
Vaca Muerta tiene gas para abastecer a la región hasta 2050, pero OLACDE advierte por el verdadero desafío
El jefe de Asesoría Estratégica de OLACDE, Guido Maiulini, presentó un detallado trabajo técnico y aseguró que el principal desafío es desarrollar infraestructura y reglas comunes para consolidar un mercado regional del gas. Información estratégica y pasos a seguir.
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De los 11 corredores de integración energética al menos nueve requieren incrementar la capacidad de transporte desde la cuenca neuquina hacia el norte argentino.
Ese fue el eje de la exposición de Guido Maiulini, jefe de Asesoría Estratégica de Organización Latinoamericana y Caribeña de Energía (OLACDE), durante el webinar "Hacia un mercado regional para el gas natural", organizado por el Mercado Electrónico de Gas (MEGSA).
Durante su presentación, Maiulini sostuvo que la región atraviesa un cambio estructural respecto de las últimas décadas y aseguró que "los recursos de Vaca Muerta alcanzan para satisfacer la demanda total de la región más allá de 2050".
Mientras que la producción brasileña podría triplicarse hacia 2040 gracias al desarrollo del Pré-Sal. En contraste, explicó que Bolivia enfrenta un declino sostenido de su producción, modificando el histórico esquema de abastecimiento regional.
Actualmente, la integración gasífera de América del Sur se sostiene sobre una red de 13 gasoductos internacionales bilaterales, de los cuales nueve parten desde Argentina y cuatro desde Bolivia, consolidando a ambos países como los principales proveedores regionales de gas natural.
La infraestructura conecta a Argentina con Chile, Brasil y Uruguay, mientras que Bolivia abastece a Argentina y Brasil. El gasoducto más antiguo en operación es Yabog, inaugurado en 1972 para exportar gas boliviano a la Argentina, en tanto que la mayor expansión de la red se produjo entre 1996 y 2002, cuando entraron en funcionamiento los gasoductos Bandurria, GasAndes, NorAndino, GasAtacama, del Pacífico, Cóndor-Posesión, Transportadora de Gas del MERCOSUR y Cruz del Sur.
La incorporación más reciente corresponde al Gasoducto Juana Azurduy, inaugurado en 2011 y operado por YPFB y ENARSA, que fortaleció el intercambio gasífero entre Bolivia y Argentina, y el Gasoducto Presidente Néstor Kirchner, rebautizado Gasoducto Perito Moreno. Esta red constituye la base física sobre la que OLADE proyecta una mayor integración energética regional, aunque advierte que será necesario ampliar la capacidad de transporte para responder al crecimiento esperado de los flujos de gas desde Vaca Muerta hacia los mercados vecinos.
Ese escenario cambia completamente las prioridades para el sector. Según el especialista experto en diplomacia, "el desafío ya no es la disponibilidad de gas, sino construir un mercado regional", lo que implica desarrollar infraestructura, avanzar en la convergencia regulatoria y generar las condiciones para ampliar el comercio entre los países sudamericanos.
Como parte de su exposición presentó los resultados preliminares del estudio sobre integración gasífera que OLADE desarrolla junto con CAF para los países del MERCOSUR y Chile. A partir de un modelo de simulación de flujos regionales, el trabajo concluye que un escenario de mayor integración permitiría alcanzar intercambios de entre 60 y 70 millones de metros cúbicos diarios, movilizar entre u$s4.000 millones y u$s5.000 millones por año y sustituir importaciones de combustibles por hasta u$s2.400 millones anuales.
Los beneficios (y desafíos) de una mayor integración energética regional
El informe elaborado por OLACDE -al que accedió Energy Report- sostiene que avanzar hacia un mercado regional del gas no solo permitiría incrementar el comercio energético, sino que generaría beneficios estructurales para las economías de América Latina.
En primer lugar, destaca que una mayor integración fortalecería la seguridad energética, al reducir la incertidumbre sobre el abastecimiento mediante una red más interconectada y resiliente. Al mismo tiempo, favorecería una mayor eficiencia y optimización del sistema, gracias a la reducción de costos, un mejor aprovechamiento de la infraestructura existente y una mayor competencia entre los distintos mercados. El documento también señala que un mercado regional ofrecería la escala necesaria para impulsar nuevas inversiones en gasoductos, plantas de procesamiento y otras obras estratégicas, facilitando el acceso a recursos energéticos competitivos.
A ello se suma su aporte a la transición energética, ya que una mayor integración permitiría optimizar el uso de la generación hidroeléctrica e incrementar la participación de las energías renovables mediante complementariedades entre los distintos sistemas eléctricos de la región. OLACDE también añadió que estos avances tendrían un impacto positivo sobre la estabilidad macroeconómica, al mejorar la disponibilidad de divisas, contribuir a moderar las presiones inflacionarias y fortalecer las cuentas fiscales de los países.
No obstante, el estudio advierte que el proceso de integración también enfrenta desafíos políticos, económicos e institucionales que deberán resolverse para consolidar un mercado regional. Entre ellos menciona las tensiones entre integración y soberanía energética, ya que una mayor interdependencia entre los países implica reducir la autonomía en determinadas decisiones de abastecimiento.
También alerta sobre el equilibrio entre los beneficios de largo plazo y la posibilidad de importar shocks externos -como eventos climáticos, problemas técnicos o variaciones bruscas de la demanda- que pueden transmitirse con mayor facilidad en un mercado integrado. A ello se suma la necesidad de diseñar mecanismos que permitan distribuir de manera equitativa los beneficios de la integración, evitando que existan ganadores y perdedores entre países o entre distintos actores de la cadena energética, como productores, generadores y consumidores.
En ese contexto, el trabajo de la Organización concluye que será indispensable construir un marco institucional sólido que garantice un reparto justo de esos beneficios y, sobre todo, contar con la voluntad política de los gobiernos para trascender los actuales esquemas de integración bilateral y avanzar hacia una verdadera integración energética regional.
Infraestructura, reglas comunes e inversiones por u$s18.000 millones
Para que ese potencial se materialice, Maiulini explicó que será necesario ampliar la capacidad de transporte regional. "Ya hemos puesto en uso prácticamente toda la infraestructura que permanecía ociosa. Si queremos avanzar hacia un mercado regional hacen falta nuevas obras y reglas que permitan financiarlas", afirmó al analizar los resultados del estudio.
El trabajo evaluó 11 corredores de integración y determinó que nueve requieren incrementar la capacidad de transporte desde la cuenca neuquina hacia el norte argentino, donde se encuentran las principales interconexiones internacionales. Desde OLACDE adviertieron que, aun con el potencial productivo de Vaca Muerta, la infraestructura actual resulta insuficiente para abastecer de manera competitiva a los mercados regionales.
Si bien los precios mínimos de exportación definidos por el Plan Gas.Ar hasta fines de 2028 son competitivos en términos internacionales, las retenciones reducen la competitividad del gas argentino y los costos acumulados de transporte hacen que el precio final en los mercados de destino sea muy ajustado. A esto se suma que el sistema de transporte todavía no permite garantizar exportaciones firmes hacia la mayoría de los países vecinos, con excepción de las regiones metropolitanas de Santiago y Concepción, lo que refuerza la necesidad de ampliar la capacidad de los gasoductos para consolidar un mercado regional.
En ese marco, el asesor estratégic de la entidad destacó la ampliación del sistema entre Tratayén y La Carlota, que consideró estratégica para llevar mayores volúmenes de gas desde Vaca Muerta hacia los mercados de exportación. En conjunto, las obras identificadas demandarían inversiones cercanas a u$s18.000 millones.
No obstante, el ejecutivo de OLADE remarcó que la infraestructura, por sí sola, no alcanzará para consolidar un mercado regional. Según señaló, "la construcción de mercados regionales precisa reglas de escala regional", por lo que será indispensable avanzar en contratos firmes de largo plazo, interoperabilidad contractual, armonización tarifaria y marcos regulatorios estables que otorguen previsibilidad a las inversiones.
Las obras que Argentina necesita para convertirse en el hub gasífero de Sudamérica
El estudio presentado por Maiulini en el streaming identifica que la infraestructura existente ya opera cerca de su límite y que, para consolidar un mercado regional del gas, Argentina deberá ejecutar una serie de ampliaciones estratégicas sobre sus principales sistemas de transporte. La primera de ellas es la expansión del Gasoducto Perito Moreno, operado por TGS, que permitirá incrementar la capacidad de evacuación del gas de Vaca Muerta, mejorar el abastecimiento del mercado interno y generar mayores excedentes durante el verano. Según el informe, esa capacidad adicional será clave para viabilizar nuevos proyectos de exportación regional y, al mismo tiempo, abastecer futuras plantas de licuefacción sobre la costa atlántica destinadas a la producción de GNL.
La segunda prioridad es la ampliación del sistema de Transportadora de Gas del Norte (TGN) y la optimización de la reversión del Gasoducto Norte. Estas obras permitirían elevar la disponibilidad de gas en el sistema hasta 40 millones de metros cúbicos diarios, habilitando exportaciones de entre 15 y 20 millones de metros cúbicos diarios hacia Bolivia o el norte de Chile y de 10 a 15 millones de metros cúbicos diarios hacia Brasil a través de la Transportadora de Gas del Mercosur (TGM).
El estudio técnico revisado por este medio también contempla una ampliación incremental de la red de TGN, el fortalecimiento de las conexiones con TGM y el Gasoducto del Noreste Argentino (GNEA), además de la expansión del sistema Centro-Oeste/GasAndes, que permitiría incrementar hasta 16 millones de metros cúbicos diarios la oferta de gas firme durante todo el año hacia la Región Metropolitana y Valparaíso, en Chile. De concretarse este conjunto de obras, Argentina no solo garantizaría el abastecimiento del norte del país -eliminando la necesidad de importar GNL y combustibles líquidos-, sino que consolidaría a Vaca Muerta como el principal proveedor de gas natural para los mercados vecinos.
Un escenario de alta demanda regional de gas: nuevas inversiones y más comercio
Según el modelo de simulación desarrollado por OLADE, un escenario de alta demanda regional permitiría elevar los intercambios de gas natural hasta 62 millones de metros cúbicos diarios, movilizando alrededor de u$s5.000 millones anuales en comercio intrarregional y generando una sustitución de importaciones de otros combustibles por u$s2.400 millones por año. Para alcanzar ese nivel de integración, el estudio estima que serán necesarias inversiones por u$s10.500 millones en nueva infraestructura, aprovechando al máximo tanto los gasoductos existentes como los proyectos actualmente en evaluación.
El informe sostiene que este escenario requerirá ampliar la capacidad del Gasoducto Norte, completar el Gasoducto del Noreste Argentino (GNEA), construir el gasoducto Uruguaiana-Triunfo para abastecer el sur de Brasil y expandir el sistema GasAndes hacia Chile. También prevé una utilización intensiva del Gasbol, con exportaciones hacia Brasil de hasta 18 MMm³/día en invierno y 20 MMm³/día en verano, además del desarrollo de proyectos binacionales de GNL en Valparaíso. Para OLADE, estas obras permitirían consolidar una red regional capaz de abastecer con mayor eficiencia a los mercados de Argentina, Brasil, Chile y Paraguay, fortaleciendo la integración energética sudamericana.
Maiulini también destacó en su charla que una mayor integración energética fortalece la seguridad de abastecimiento de los países. En ese sentido afirmó que "la integración es el mecanismo privilegiado para garantizar nuestra seguridad energética", ya que una red con más interconexiones reduce la vulnerabilidad frente a conflictos geopolíticos y a la volatilidad de los mercados internacionales.
Finalmente, explicó que OLADE trabaja junto al Subgrupo de Trabajo Nº 9 del Mercosur en una agenda de convergencia regulatoria para armonizar normas técnicas, contratos, tarifas y mecanismos de gestión de crisis entre los países de la región. "Se recomienda la prórroga de los trabajos del GTB por 180 días adicionales, a fin de permitir la realización de estudios más profundos, involucrando, de ser necesario, a representantes de otros países y a agentes privados interesados", remarcó la Organización.
A modo de cierre, el especialista sostuvo que "la energía tiene hoy la capacidad de plantearse como uno de los resortes para responder a los viejos problemas del desarrollo latinoamericano", al considerar que una mayor integración permitirá mejorar la competitividad, generar divisas e impulsar un desarrollo económico con impacto directo sobre la calidad de vida de la población.









