4 de abril 2012 - 00:00

Boudou-Randazzo, tregua para evitar daños mutuos

Florencio Randazzo y Amado Boudou, la noche del domingo en Río Grande. Sonrisas luego de los chispazos.
Florencio Randazzo y Amado Boudou, la noche del domingo en Río Grande. Sonrisas luego de los chispazos.
Viajaron, locuaces y relajados, sentados uno junto al otro. Se movieron en tándem en la vigilia malvinera de Río Grande y luego, a las 2 AM, se sentaron en la misma mesa para cenar en el restorán del hotel Grande. Estiraron la sobremesa hasta cerca de las 4.

La gira amigable que Amado Boudou y Florencio Randazzo compartieron por Tierra del Fuego -volaron el domingo, regresaron el lunes- fue la coronación de una tregua todavía incipiente que se selló cuatro días antes en una charla, mano a mano, en el Senado.

El jueves el ministro del Interior pisó el Congreso para presentar el proyecto de reforma del sistema de DNI. Sigiloso, hizo algo más: se apareció por el despacho de Boudou y se encerró a solas con el vicepresidente. Hablaron más de una hora.

Fue una charla de ablande. El ministro y el vice habían protagonizado un festival de reproches. De la cercanía de Boudou acusaban a Randazzo de filtrar datos del affaire Ciccone. En Interior trataban de desmarcarse. Nunca se llevaron bien.

Antes del encuentro tres hechos sumaron hostilidad: el lunes, el vice se vio con el neocamporista José Ottavis y el jefe del bloque de diputados bonaerenses del FpV, Juan de Jesús, para agitar un pedido de informe sobre los contratos de Boldt con la provincia.

Al otro día, temprano, Randazzo calificó de «operación» la denuncia por Ciccone, dijo que confiaba en la honestidad del vice, pero que «no ponía las manos en el fuego» por él. En el territorio de los entredichos, esa última frase fue leída en clave culposa.

A las 24 horas, la Cámara baja aprobó el folio Boldt y activó tres derivaciones: contagiar la mancha venenosa a la empresa, torear a Daniel Scioli y subir al ring a Randazzo porque varios contratos del juego datan de tiempos de Felipe Solá, de quien fue ministro de Gobierno.

Con ese background belicoso, el vice y Randazzo se vieron el jueves. A puertas cerradas hubo explicaciones, descargos y promesas. A esa misma hora, con Cristina refugiada en Santa Cruz, circuló un rumor incendiario y erróneo: que el ministro dejaba el Gobierno.

Gira

Sin la charla pacificadora en el Senado, la gira fueguina a dúo no hubiese sido lo amigable que fue. Boudou viajó en representación de Cristina para estar en la vigilia; Randazzo porque en su órbita está la Comisión Nacional de Ex Combatientes de Malvinas.

De gambetearse y lanzarse perdigonadas evolucionaron a un estado de tregua frágil. Quizá sobreactuada: hasta se fotografiaron juntos y sonrientes en el lobby del hotel Grande, el domingo por la noche.

Quienes compartieron esas horas con Boudou y Randazzo juran que no los escucharon decir una palabra sobre el expediente Ciccone. En el pelotón estaban el secretario general de la Presidencia, Oscar Parrilli; el ministro de Educación, Alberto Sileoni; Gabriel Fucks, de Cascos Blancos, y un puñado de legisladores.

Uno de ellos, el «Pingüino» Julio Catalán Magni, expiloto y actual diputado nacional por Tierra de Fuego, ofició de guía turístico por Ushuaia para una recorrida del vice y el ministro del Interior. Hicieron un alto en la Cárcel del Fin del Mundo, ahora convertida en museo.

«Amado anda de buen humor», confió uno de los integrantes de la comitiva oficial para refutar los comentarios que advertían que en el último tiempo al vice, de personalidad divertida y extrovertida, se lo notaba irascible y desencajado por el caso Ciccone.

Al menos ante terceros, Boudou y Randazzo no tocaron ese asunto. Pero especularon sobre la empatía silenciosa que les imputan a Scioli y a Sergio Massa. «Los dos saben que el enemigo está fuera del Gobierno», dijo un funcionario que compartió la estadía fueguina.

El plan fue descomprimir y evitar daños mutuos. Una interna del Gobierno perjudica a los dos, coincidieron, y en particular puede afectar a Cristina. La solidez de la tregua es incierta.

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