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Breve retorno de un gran clown
En la nueva versión de «Finimondo», Castiñeiras recuperó la palabra (sus sketchs del Cirque du Soleil son siempre mudos) para ironizar sobre temas como el amor, los celos o los clichés teatrales.
Una vez finalizada la temporada de «Quidam» en Buenos Aires y antes de continuar con su gira internacional junto al Cirque du Soleil, el actor argentino Toto Castiñeiras está ofreciendo cuatro nuevas funciones de su recordado espectáculo «Finimondo».
Es su primera visita a la Argentina, en seis años, después de seducir y escandalizar a los públicos más diversos -chinos, europeos, norteamericanos, árabes, brasileños, etcétera- con sus rutinas cómicas siempre rebosantes de incorrecciones, gestos atrevidos y actitudes iconoclastas.
Con el estreno de esta nueva versión de «Finimondo», Castiñeiras volvió a recuperar la palabra (sus sketchs del Cirque du Soleil son siempre mudos) y con ella la posibilidad de ironizar sobre todo tipo de temas (el amor, los celos, los clichés del teatro, las veleidades de los actores, su propia condición de clown), y de establecer con el público argentino un entramado de complicidades que sólo puede alcanzarse al compartir una historia común.
Toto es capaz de hacerle bromas a una anciana durante todo el show sin que ella se ofenda y tiene tan buenos reflejos que es capaz de absorber en clave cómica cualquier imprevisto (desde el sonido de un celular al llanto de un niño, tal como ocurrió en la función de prensa).
De más está decir que «Finimondo» es un espectáculo exclusivamente para adultos, no sólo por sus alusiones sexuales, sino también por su registro poético que abreva en aguas oscuras. El actor pasa del apunte ingenuo a la reacción más salvaje con gran fluidez, valiéndose también para ello de un intenso trabajo físico (casi acrobático).
Los enredos del protagonista -ya sea con su amada, sus otros colegas circenses, o con su propio métier artístico- no llegan a delinear una historia, pero tampoco importa. Castiñeiras ha creado un personaje que alterna entre la melancolía, la locura, el desparpajo infantil y el impulso dinamitero, y el público disfruta de sus ocurrencias, acepta ser guiado por él y entra muy gozoso a ese universo de cartón pintado donde los amores pueden virar hacia la tragedia y aun así provocar risas.


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