La decisión de los votantes ingleses del 23 de junio pasado, de abandonar la Unión Europea, por un margen de 51,9% contra el 48,1% que favoreció permanecer, sacudió a los mercados y a la opinión pública. Escindirse de la Unión Europea -una construcción trabajosa iniciada al poco tiempo del término de la Segunda Guerra Mundial- sería muy laborioso y pleno de contratiempos e incertidumbre. El Reino Unido es miembro de la Unión Europea desde 1973. Desde entonces, toda su legislación y normativa ha incorporado la de la Unión Europea. Las leyes y regulaciones de la UE son también las inglesas. Reescribirlas todas sería un proceso conflictivo y lleno de desafíos.
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No ha sido éste el único referendo. El 5 de junio de 1975, los británicos votaron por permanecer en la Comunidad Europea. Entonces, todos los condados del Reino Unido votaron por la afirmativa, con la excepción de las islas Shetland y las Hébridas. El 67,2% de la población del país votó para permanecer y 32,8% para abandonar. En consecuencia, el Reino Unido permanece en la CEE.
El resultado del reciente referendo no fue uniforme en todo el Reino Unido. Votaron a favor de la salida en Inglaterra y Gales, mientras que Escocia, Irlanda del Norte y el territorio de Gibraltar votaron por la permanencia. El gran peso demográfico de Inglaterra y la alta participación en esta nación resultaron decisivos para inclinar la balanza a favor de la salida. Por eso, algunos analistas señalan la posibilidad de una ruptura del propio Reino Unido, ya que podría exigir de vuelta una frontera terrestre en la isla de Irlanda. Y Escocia había votado por permanecer en el Reino Unido en el referendo celebrado dos años antes bajo la promesa de permanecer en la Unión Europea.
Por otra parte, el resultado del referendo no es vinculante, ya que para iniciar el proceso de salida de la Unión Europea, el Parlamento del Reino Unido tendrá que derogar una serie de leyes, entre ellas, el European Communities Act de 1972, y la Cámara de los Comunes podría echar abajo cualquier iniciativa en este sentido.
Además, está pendiente de resolución de la Corte Suprema si debe ser el Parlamento el que finalmente decida esta cuestión trascendente. La Corte se pronunciaría este mes. También, en forma independiente, los parlamentarios podrían abortar el "brexit". Si dos terceras partes de los parlamentarios votaran para adelantar las próximas elecciones generales, previstas para 2020, y ganaran los que prometieran mantener al Reino Unido en la UE. El argumento es que el Parlamento es quien hace las leyes y gobierna. El mandato de elecciones generales, incluso más recientes, es mayor que los resultados de un referéndum anterior. Es significativo que la mayoría de los parlamentarios se manifestaron a favor de mantener al Reino Unido en la UE, luego del referendo.
En su discurso del pasado 17, la primer ministro May se comprometió a elevar al Parlamento esta decisión final, quizás anticipándose a la previsible resolución de la Corte Suprema y realidades de las instituciones inglesas.
Mi convencimiento de que el Brexit no se concretará, esto es que el Reino Unido permanecerá como miembro pleno de la UE, se refuerza con la siguiente observación. Es más fácil que la gente manifieste su desacuerdo con una situación existente, un convenio, alianza, relación, matrimonio, que ponerse de acuerdo con la letra chica del cambio que se pretende conseguir. Cuál sería la nueva estructura deseada. Los detalles de la misma darían lugar a más rechazos que aceptaciones. En general, las personas tienden a valorar más lo que poseen desde hace tiempo que a la hipotética ganancia de algo novedoso. Y encima lograr convencer a la mayoría.
Por otra parte, un Reino Unido separado de la UE sería un país poco relevante, frente a su actual posición de miembro significativo de la mayor comunidad económica internacional. Las ventajas de pertenecer a la UE se demostrarán cuantiosas en relación con los costos de abandonar tan conveniente convivencia. Como integrante pleno, la contribución del Reino Unido a las decisiones comunitarias ha sido muy positiva. Fuera, no tendría injerencia ni posibilidades de impulsar sus visiones.
Al tiempo de votar un nuevo convenio, los ingleses y demás pueblos del Reino Unido objetarán desvincularse de la UE. El Brexit quedará como otro obstáculo a una más perfecta unidad que fuera felizmente superado.
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