9 de junio 2009 - 00:35

Brown resiste, pese a la peor debacle laborista en un siglo

Gordon Brown es reconocido como un hábil político, pero su debilidad política es extrema.
Gordon Brown es reconocido como un hábil político, pero su debilidad política es extrema.
Londres - Cuando arrecian los pedidos de renuncia en su propio partido y se produce una diáspora de los ministros de su gabinete, Gordon Brown logró ayer dar una muestra de supervivencia al recibir un sonoro respaldo de los parlamentarios laboristas. El primer ministro Brown es la cara visible de la peor derrota del laborismo en un siglo, concretada el fin de semana en las elecciones para renovar el Parlamento Europeo.

Brown asumió el riesgo de reunirse con los 350 parlamentarios laboristas esperando calmar las aguas tras el tercer puesto conseguido por el Partido Laborista (PL), con un magro 15,7% de los votos. El resultado del encuentro fue «un respaldo aplastante», en palabras de Tony Lloyd, jefe de la bancada oficialista en la Cámara de los Comunes, y con él coincidieron el diputado y secretario de Estado, Bob Ainsworth; y el ministro de Justicia, Jack Straw, que aseguró a la BBC que la reunión fue «catártica». Los parlamentarios vitorearon a un Brown sonriente no bien ingresó a una sala de la Cámara de los Comunes, golpeando además las sillas contra el piso.

El primer ministro, quien asumió el poder en 2007 cuando reemplazó a Tony Blair en la mitad de su período, se resiste a adelantar los comicios, previstos recién para junio de 2010.

No todas fueron rosas en la reunión parlamentaria. Al menos cuatro legisladores le pidieron abiertamente a Brown que renuncie, entre ellos el ex ministro del Interior, Charles Clarke.

La cita incluyó un enfático pedido de Brown: «No estoy presentando una súplica de unidad, estoy presentando un argumento para la unidad». «Hay algunas cosas que hago bien y otras no tan bien», reconoció.

La semana pasada, ante la previsible derrota de los comicios municipales y europeos, la prensa británica había filtrado que un grupo de parlamentarios estaba haciendo circular un mail que concluía: «Querido Brown, es mejor si renunciás».

El PL quedó en tercer lugar detrás de los conservadores, con un 27,7%, y del euroescéptico Partido por la Independencia del Reino Unido, con un 16,5%, abiertamente opuesto a la Unión Europea. Para más datos, un sondeo de la firma ComRes reveló que el 62% de los votantes reclama que las elecciones nacionales se realicen lo más pronto posible, en las que se prevé una amplia victoria de los tories en un momento en que Gran Bretaña está atascada en una recesión. Se suma a ello la molestia generalizada por gastos exorbitados de los parlamentarios destinados a beneficios privados.

«Necesitamos darle una oportunidad al Partido Laborista para que recupere el apoyo de la gente», declaró a Sky News Jane Kennedy, la ex secretaria de Medio Ambiente, última en desertar, ayer. «Parte de mi inquietud es que Gordon no es capaz de hacer eso», agregó. Seis ministros y 12 funcionarios en total renunciaron en los últimos quince días.

Otro dato saliente de la elección fue el papel del ultraderechista Partido Nacional Británico, con un 6,2%, en el avance xenófobo más importante en un país que se jactaba de quedar al margen de esa tendencia que hace años se hizo fuerte en Francia y en Italia. Su líder, Nick Griffin, es calificado como «racista» por gran parte del arco político. El resultado «es horrible», reaccionó la número dos del Partido Laborista. «Es decepcionante. Es gente espantosa», dijo el líder de la oposición conservadora, David Cameron. «Es un partido de fascistas», agregó Nick Clegg, jefe de los liberales demócratas, tercera fuerza parlamentaria.