El NASDAQ trepó ayer un 0,85% y cerró en el nivel más alto desde noviembre de 2000 (el anuncio de que por primera vez Apple emitiría deuda fue bien recibido -suba del 3,1%-, pero no podemos dejar de preguntarnos para qué necesita más cash del que actualmente tiene), el S&P500 quedó en 1.593,61 puntos marcando un nuevo máximo histórico y el Dow, de la mano de Microsoft y Hewlett-Packard avanzó, un 0,72%, a 14.818,75 puntos, apenas un 0,31% por debajo de su récord. Por si esto solo no alcanzara para graficar el estado en que se encuentra el mercado, podemos decir que van seis meses consecutivos en que el S&P500 cierra ganador, algo que ha hecho en 10 de los últimos 11 meses o que el Índice de Volatilidad del CBOE (VIX, conocido popularmente como "índice del miedo") quedó en 13,71 puntos (su promedio histórico es de 20,35 puntos y el mínimo de 9). Sin dudas los anuncios de que, tras dos meses de indecisión, Italia finalmente logró armar una coalición de Gobierno (que fue recibida con una baja de las tasas peninsulares al mínimo desde octubre de 2010), que la venta de viviendas terminadas se incrementó un 1,5% (se esperaba un 1%) o que el gasto y el ingreso de los consumidores treparon un 0,2% en marzo (se esperaba un saldo neutro), etc., no fueron un "lastre" para el mercado. Pero la realidad es que los inversores siguen sin dar muestras de atención a las señales que surgen de la gran economía. Es así que la reunión que termina mañana la Fed, o los números sobre la situación laboral que se conocerán el viernes, apuntan más a ser "no eventos" que factores capaces de torcer el rumbo de los inversores. Menos claro es que pasara con los balances que aún restan ingresar (226 del S&P500), que según marca la historia podrían no ser tan buenos como los que ya arribaron.
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