Diego M. Zigiotto «La mil y una curiosidades del Cementerio de la Recoleta» (Bs.As., Norma, 2009, 445 págs.)
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«¡Pero aquí se conocían todos: eran todos familiares, amigos y hasta amantes! ¡Qué fantástico sería que cobraran vida una noche y armaran un gran festejo para reencontrarse con sus seres queridos!». Eso le dijo al periodista y, en ese momento, guía turístico Zigliotto, una española cuando recorrían la Recoleta. Zigliotto pensó qée pasaría si también volvieran a la vida «los enemigos, las víctimas, los verdugos, los sospechosos, los testigos» y se mezclaran con las figuras del patriciado, la burguesía fundacional, los políticos y militares, los científicos, los artistas, los médicos y los escritores, Facundo Quiroga, Juan Manuel de Rosas y Bartolomé Mitre, Eva Perón y Pedro Eugenio Aramburu, Oliverio Girando, Victoria Ocampo y la familia de Borges, con Norah reclamando que traigan del cementerio de Ginebra a su hermano Jorge Luis.
Zigliotto ha articulado su libro como una visita guiada por una maraña de vidas, acontecimientos, dramas, tragedias y epopeyas para que sea leído acaso «en dos o tres vistas». Aunque considera que «nada reemplaza a un buen guía de turismo» acompañando por las callecitas de esta necrópolis que está considerada nuestro panteón nacional, y que por sus magníficas esculturas pareciera tener como modelo los más famosos de Italia y Francia.
Si bien siempre la Recoleta ha despertados curiosidad e interés, el boom turístico de los últimos años ha convertido al cementerio en uno de los hitos en los recorridos de los visitantes extranjeros, algunos dicen que es debido a las resonancia mundiales de Evita, y que luego, como a la española que recuerda Zigliotto, se deslumbran con otras biografías, con otras historias, con las leyendas urbanas que se han forjado. Por caso -para mencionar una de las que más versiones tiene- la trágica historia de Rufina Cambaceres, hija del escritor Eugenio Cambaceres, que a los 19 años sufrió un síncope y fue enterrada viva, y que, cuando salió de la catalepsia, intentó desesperadamente abrir el ataúd, y hoy se dice que su fantasma aparece por la calles circundantes y es la chica de blanco que seduce a hombres para luego esfumarse. Unos dicen que su madre por desesperación filial tuvo la torpeza de su entierro, otros que fue por celos.
Junto a quienes hoy dan nombre a calles, se encuentran el boxeador Juan Angel Firpo y el titán Martín Karadagian, cerca de la tumba de Mariquita Sánchez de Thompson está la de María Marta García Belsunce, y no muy lejos de los Saavedra Lamas ,la de Leopoldo «Poli» Armentano;, en ese punto nuestro Pere Lachaise tiene algo de museo discepoliano.
Las notas breves, de información clara y sucinta pero siempre interesante, y en algunos casos realmente atractivas, hacen de este libro un buen manual (a pesar de su grosor) para recorrer la Recoleta, y cuenta para ello con un práctico mapa y una guía numerada de los panteones que merecen ser observados.
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