3 de junio 2010 - 00:00

Buen registro de la sensibilidad femenina

La protagonista y el objeto de su amor inocente (el hoy lamentado Guillaume Depardieu) en «Stella», un film agradable que despierta identificaciones en madres e hijas.
La protagonista y el objeto de su amor inocente (el hoy lamentado Guillaume Depardieu) en «Stella», un film agradable que despierta identificaciones en madres e hijas.
«Stella» (Francia, 2008, habl. en francés). Guión y dir.: S. Verheyde. Int.: L. Barbara, M. Rodríguez, K. Rocher, B. Biolay, G. Depardieu.  

Stella es una gordita animosa, que está dejando la niñez. Ya va a otra escuela. Donde intenta pasar desapercibida, puesto que nunca estudia. No le interesa estudiar, no tiene ganas de hacer amistades, pero no por eso anda de mal humor. Ella se siente a gusto en el bar que regentean sus padres. Ahí juega a las cartas con los clientes, observa las peleas y los negocios, son todos como unos tíos de aliento a vino, salvo uno que no lo quiere como tío, porque le gusta de otro modo. Igual no pasa nada, él es un buen tipo. Habrá por ahí otro medio peligroso, pero ya para entonces ella también habrá cambiado algo: más que el bar, le empiezan a gustar algunas materias. Y la lectura, mucho.

Culpable involuntaria del cambio es, con su solo ejemplo y amistad, otra gordita, la más inteligente del grado, judía de origen argentino, cosa que menciona al pasar. Es 1977, pero de eso nos enteramos por las canciones de moda. No se trata de una obra con trasfondo político. Ni siquiera con vocación nostálgica. «Stella» es, simplemente, una suma de situaciones propias de la edad, tal como se vivían entonces y se viven todavía, con la natural curiosidad y la preventiva coraza humorística de las criaturas, acá, en la China o en Paris, donde transcurre la historia. Y es también, según dicen, la propia historia de la directora del film, Sylvie Verheyde, una mujer que filma cada muerte de obispo, y lo hace sin ostentaciones, pero con simpatía, buen registro de la sensibilidad femenina, y buen ojo para los intérpretes. Las chicas de esta película son muy naturales (y el objeto de amor inocente de la nena, con pinta de bohemio bonachón, es el ahora lamentado Guillaume Depardieu).

En síntesis, una película agradable, deliberadamente menor, que despierta recuerdos e identificaciones en madres e hijas. No es necesario que vayan juntas al cine, pero días después seguro que van a charlar algunas cosas.

P.S.

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