- ámbito
- Edición Impresa
Buscando la brisa del Bicentenario. (Lejos de Perón y de Frondizi)
Frondizi quiso pasar de una errática conducción política al mito del desarrollo, entendiendo mito en el sentido sociológico de la imagen fundacional de una nueva sociedad. El Rómulo y Remo sería para la Argentina el culto de la doctrina del desarrollo, repitiéndolo muchas veces para fijar en el pueblo la idea del «desarrollio» (sic), como remarcaba Frondizi con su particular entonación vocal correntina.
Perón basó su filosofía en la construcción del estado de justicia, una instancia superior del desarrollo que no lo negaba pero que lo articulaba con la felicidad del pueblo. Perón, recuerdo, se sintió muy satisfecho cuando incorporamos ese concepto al Plan Trienal. No existían entonces los nuevos indicadores de felicidad de los pueblos, pero elaboramos algunos novedosos. Uno que complacía a Perón, que era el consumo de caramelos; se hacía con la información que nos daba la empresa Noel pues las golosinas es lo primero que se desecha cuando el cinturón aprieta el estómago del obrero. También porque se relaciona con los niños, «nuestros únicos privilegiados».
Se lanzó al mismo tiempo el concepto de Argentina Potencia, que contra lo que criticaron algunos como una pretensión hegemónica para imponerse por sobre Latinoamérica, quería generar conciencia, como lo hizo antes la invocación del desarrollo por Frondizi, de que sólo una Argentina grande podía satisfacer las necesidades de su pueblo.
Paradigma
Ambos estadistas entendieron que el paradigma de una sociedad en crecimiento es buscar la unidad sobre la base de proyectos e ideas comunes. Lamentablemente el Bicentenario nos encuentra hoy enfrentados como nunca. Nadie quiere dar el primer paso hacia la unión nacional. Oficialismo y oposición parecen dar fintas como esos boxeadores que se tantean para no abrir sus defensas hasta que toca el gong.
Como en el caso de la teoría de los dos demonios de los años de hierro, esta confrontación agobia al resto de la sociedad. En aquel entonces hubo un demonio más serio y responsable del genocidio que fue el poder militar. Corresponde hoy al Gobierno dar los primeros pasos para el reencuentro. Algunas medidas que aparecen en el curso de la humanidad y de la historia para enfrentar tal crisis son: política legislativa común, rechazar la mentira, cambio de gabinete, acotación del clientelismo, marginación de la corrupción. Esto puede ayudar al Gobierno y a la Presidente en esta línea de grandeza que no limitará sino acrecentará su caudal político.
Las brisas del Bicentenario pueden servir para aunar las coincidencias entre los argentinos y terminar con la crispación que está alejando a la clase política del pueblo. En ese sentido, una búsqueda de campos de consenso como la que proponen Eduardo Duhalde y Rodolfo Terragno puede brindar un nuevo y exitoso punto de partida al año y medio que resta de Gobierno con la aspiración de que la Presidente pueda llegar a los niveles de popularidad de Tabaré Vázquez y Lula da Silva en su salida. Ése es el verdadero juicio de la historia.


Dejá tu comentario