7 de septiembre 2012 - 00:00

Cable: Argentina perdió el liderazgo desde 2006

«Veep», serie líder de hoy, se emite por HBO. La industria acusa a la piratería por el momento incierto que vive el cable, además de factores regionales como las trabas al dólar.
«Veep», serie líder de hoy, se emite por HBO. La industria acusa a la piratería por el momento incierto que vive el cable, además de factores regionales como las trabas al dólar.
La TV por cable no vive un buen momento en América Latina. En la Argentina, por ejemplo, los factores son varios. En primer lugar, el cepo al dólar y los controles cada vez más estrictos a las importaciones y el movimiento de divisas en el exterior, que según la industria perjudica el normal funcionamiento al nivel de los programadores, distribuidores y clientes.

Segundo, a nivel latinoamericano, la piratería sigue haciendo estragos y las pérdidas ya rondan los 1200 millones de dólares anuales por suscripciones no vendidas por empresas autorizadas de cable y satélite. Esto, según datos de la propia industria, se traduce en cerca de 500 millones de dólares que los estados nacionales dejan de percibir en impuestos, y más de 800 millones de dólares que los programadores dejan de cobrar.

Finalmente, si bien la Argentina ostenta un muy respetable porcentaje de penetración de la TV paga, con 7.9 millones de abonados, el crecimiento se ha estancado (fue 10% en el último año) y ya no es el líder en América Latina, como ocurría hasta hace 6 años. Nuestro país contaba hasta ese entonces con la mayor cantidad de suscriptores en América Latina pero fue superado por México (12 millones) y Brasil (14 millones), lo que responde no sólo a una cuestión de volumen sino también, y sobre todo, a la inversión, y a los embates políticos que se afrontaron durante los últimos años.

En relación a la piratería, CAPSSA (Cámara de Productores y Programadores de Señales Audiovisuales) presentó una campaña llamada «Mirá legal». Aplican el argumento de que para que un actor actúe, o un director dirija, y tengan retribución, el público debe hacer su parte y mirar legal. Claro que cuando la TV fue históricamente gratuita, para dar paso en los 70 a la TV paga, y luego llegó Internet con oferta gratuita nuevamente, el interrogante que subyace es cómo hacer que el consumidor elija pagar para ver. Sergio Veiga, presidente de CAPSSA, indicó: «Ponemos al televidente como parte de la cadena de valor. Es un eslabón más que cumple su parte. De lo contrario, toda esa cadena se altera al final del camino».

Las maneras frecuentes de piratería son vía Internet, ofreciendo y bajando contenidos audiovisuales sin los derechos legales para hacerlo; vía conexiones de cable y satélite clandestinas (los llamados «colgados») y vía los AZ Box, una de las modalidades más recientes en piratería en América Latina, que se trata de decodificadores que se venden al público en forma clandestina para captar a la mayoría de las señales nacionales e internacionales sin autorización.

Este último caso se trata de decodificadores hogareños que ingresan al país y son similares a los necesarios para consumir la televisión digital terrestre, pero que tienen alterado el software y permiten captar la grilla íntegra del cable. Se paga una sola vez, alrededor de 1000 pesos, y se cuenta con todos los canales sin pagar el abono. «Estamos conversando con legisladores, jueces y con AFSCA para concientizar y que no entren por Aduana estos dispositivos cuando controlan con lupa todas las importaciones. Los gobiernos de Uruguay y Brasil emitieron decretos prohibiendo la entrada de estos aparatos y condenando su comercialización. Estamos solicitando una reunión para poder mostrarles ese decreto y que se haga algo similar en la Argentina».

La principal diferencia con la piratería en el cine, que está también amenazado pero no merma en cantidad de espectadores (sino todo lo contrario), radica en la experiencia de entretenimiento. En cine atraen la pantalla gigante, el sonido digital envolvente y las confortables butacas para disfrutar del show. En cambio, el contenido audiovisual por TV implica una experiencia similar, sea legal o ilegal, dado que hasta la calidad puede ser excelente. Actualmente se baja contenido HD con aceleradores, con lo cual la competencia es directa (y desleal).

En cuanto al control del dólar y las importaciones, Veiga anticipó que será uno de los temas clave en las próximas Jornadas de Cable. «Para mantener los niveles de calidad de programación, que implica compras en el exterior de derechos y de tecnología, el contexto macroeconómico es adverso». El control también afecta en casos en que un cableoperador quiere ofrecer al cliente el decodificador HD y no se lo puede proveer porque están frenados en la Aduana. De ese modo demora en llegar el contenido por una cuestión de soporte que en rigor es política. «La compra de programación en este negocio, que es absolutamente integrado al mundo, es en dólares. Si se adquieren películas de Hollywood, Europa o el fútbol del mundo, se precisan dólares, que para adquirirlos lleva a trámites y declaraciones engorrosas. También se complica la retribución, porque si las empresas quieren sacar rentabilidad, no pueden y hay que calcular que todo vale al dolar de 6.30 pesos. Lo mismo ocurre con los canales que envían periodistas al exterior, y están haciendo malabares para conseguir dólares para los viáticos».

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