14 de octubre 2014 - 00:21

Cafiero, el patriarca que rompió el PJ y luego fue emblema de unidad

Falleció ayer a los 92 años el exgobernador que encabezó la renovación del PJ en los años 80

Antonio Cafiero, “El Tony” para sus amigos, tuvo una vida política que transitó entre Juan Domingo Perón y los Kirchner, tejió una relación cordial con Raúl Alfonsín y la UCR, y entre vaivenes con otros jefes del PJ como Carlos Menem.
Antonio Cafiero, “El Tony” para sus amigos, tuvo una vida política que transitó entre Juan Domingo Perón y los Kirchner, tejió una relación cordial con Raúl Alfonsín y la UCR, y entre vaivenes con otros jefes del PJ como Carlos Menem.
-Me dejaron solo, solo. Hasta a mi secretaria se llevaron.

Antonio Cafiero, el cacique peronista que falleció ayer a los 92 años, sintió en carne propia la -no escrita- verdad veintiuno del peronismo: ir en auxilio del ganador. Cafiero acababa de perder la interna del PJ el 10 de julio de 1988 y su entorno político migraba, a los codazos y con la velocidad del rayo, rumbo a la nueva estrella de la galaxia peronista: Carlos Menem.

Guido Di Tella, Carlos Corach y José Luis Manzano, entre otros muchos, protagonizaron la dogmática peregrinación que los depositó, al tiempo, como ministros de Menem. En un simbolismo cruel, hasta Libertad, la histórica secretaria de Cafiero, se integró al staff del fulgurante menemismo.

La matriz de aquella derrota tuvo un componente logístico que se acordó, a desgano, en las oficinas del tercer piso de Suipacha 414 donde Cafiero recibió a Julio Mera Figueroa, portador de un ultimátum de Menem: la elección debía ser el 10 de julio y, además, ser con boleta corta, es decir, en un mano a mano entre los dos presidenciables sin que estén en juego otras candidaturas, ni de gobernador, ni de diputados ni de intendentes.

-Esos son los términos, si no nos vamos por afuera con partido propio -advirtió Mera.

Cafiero estaba flanqueado por Daniel Castruccio y Carlos Álvarez, dos de los tres apoderados del PJ bonaerense -el tercero era Orlando Caporal- que le sugirieron rechazar el planteo. A regañadientes, aceptó.

-Si vamos cada cual por su lado, el peronismo no gana -dijo Cafiero, que íntimamente daba por hecho que aun con esos términos, Menem no podía vencerlo en las urnas. Se equivocó. Perdió en 18 provincias, entre ellas Buenos Aires, en una interna que movilizó a un millón y medio de votantes. Menem, con Eduardo Duhalde como vice, sumó 833.353 votos (53,94%) y Cafiero, con el cordobés José Manuel de la Sota como bis, acumuló 711.596 (46,06%).

Días después, en una cumbre del PJ en el despacho de Carlos Brown en San Martín, Juan Pablo Cafiero atribuyó la derrota a una traición de los apoderados. El veedor judicial de la elección, designado por el juez Juan Fégoli, fue León Carlos Arslanian, que meses más tarde asumió de secretario de Justicia de Menem y llevaría consigo a Castruccio, el apoderado denunciado por la familia Cafiero.

Un eco de ese traspié retumbó en 1990 cuando Cafiero perdió el plebiscito para reformar 98 artículos de la Constitución bonaerense, entre otros el que habilitaba su reelección. Alberto Samid, por entonces diputado menemista, fue un activo militante contra la reforma y Duhalde, vicepresidente y enfocado en ser gobernador, fue un sagaz detractor silencioso. Un pase de facturas remontado a 1986, cuando Cafiero, ya candidato a gobernador, dijo que su vice sería el ganador de la interna peronista de Lomas de Zamora, entre Duhalde y Manuel "Manolo" Torres. Cafiero prefería a este último, pero ganó el primero y luego, con la excusa de incorporar un dirigente del interior, bendijo como su vice a Luis Macaya. Meses después, Duhalde se convirtió en la cabeza de playa de Menem en la provincia gobernada por Cafiero.

Años antes, en la casa de Torres sobre una calle de tierra de Lomas de Zamora, Cafiero tomó la decisión de romper con el PJ para enfrentar, por fuera del partido, a Herminio Iglesias, episodio que marcó el inicio de la renovación peronista que tuvo, como exponente del interior, a Menem. Cafiero fundó el Frente por la Justicia, la Democracia y la Participación (FreJuDePa), que salió segundo en la provincia de Buenos Aires, pero liquidó al PJ oficial herminista.

Dos años más tarde, Cafiero coronó el proceso renovador al vencer a Juan Manuel Casella y recuperar la gobernación bonaerense para el peronismo. El triunfo redondeó un ciclo político que arrancó en los años 40 como militante, lo ubicó en la resistencia peronista nacionalista en la universidad -lo que lo llevó a reunirse con Eva Perón-, como un joven ministro de Juan Domingo Perón y décadas después, de Isabel Perón, antes en la resistencia peronista y como preso político antes de ser electo diputado nacional en 1985.

Como gobernador atravesó procesos de extrema tensión: el copamiento del cuartel de La Tablada, donde mandó a intervenir a la Policía Bonaerense, la defensa del Gobierno durante la Semana Santa carapintada de 1987 y los saqueos en el conurbano durante el estallido de fines del Gobierno de Raúl Alfonsín.

La caída ante Menem selló, en tanto, otra etapa que recién le devolvería visibilidad electoral a fines de los 90, cuando, sin éxito, enfrentó a Carlos Ruckauf en la riña por la gobernación bonaerense. Fue el puntal de Menem, su antiguo rival, contra Duhalde. Su largo paso por el Senado lo convirtió en protagonista de varios sucesos: fue el único que no votó contra la expulsión de Cristina de Kirchner del bloque del PJ y, más tarde, en uno de los denunciantes de los sobornos en el Senado que, entre otros derrapes, dinamitó el Gobierno de Fernando de la Rúa.

La era Kirchner lo encontró en retirada, ya convertido en un puerto que frecuentaban todos los peronistas, los ultra-K y los anti-K. Sus cumpleaños fueron un emblema de ese proceso, una especie de zona de tregua donde se cruzaban duelistas feroces. Empatizó más con Cristina de Kirchner, que le prologó sus memorias, que con Néstor Kirchner, que quizá nunca dejó de verlo como los peronistas suelen ver a los demás peronistas: un compañero rival.

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