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Calzado y textiles, los más beneficiados
Ayer, sin ir más lejos, la cámara que agrupa a los fabricantes de calzado anunció que su producción crecerá el 30 por ciento en relación con el año anterior, un porcentaje que en buena medida debe atribuirse al cierre para el ingreso de pares importados. Y si bien las medidas antidumping que propone el Ministerio de Industria apuntan sobre todo a las zapatillas y zapatos provenientes de China, también alcanzaron a los fabricados en Brasil.
Hace poco más de un año los zapateros de ambos lados de la frontera habían acordado un número de pares máximo que podían entrar a la Argentina desde Brasil. Los empresarios locales denunciaron que ese acuerdo no se cumplía, y lograron restricciones no escritas sobre ese comercio bilateral.
Interrogante
La curiosidad es que buena parte del calzado deportivo que se produce en el país se hace en empresas de capital brasileño que, gracias a un tipo de cambio favorable y de ventajas que les otorgaron las autoridades locales, abrieron o compraron plantas fabriles en el país desde donde, incluso, exportan a Brasil. ¿Alcanzarán a esas empresas las restricciones que Brasilia comenzó a aplicar al comercio bilateral, en principio sólo para los automóviles?
Un caso paradójico es el de los alimentos; la COPAL -cámara que agrupa a las empresas de ese sector- viene denunciando que las restricciones a la importación los afectan doblemente: porque podrían provocar (como ya sucedió con China con el aceite de soja) represalias contra las exportaciones argentinas, pero también porque muchos de los insumos que utiliza esa industria como ingredientes (chocolate, coco, etc.) proviene de Brasil.
Similitud
Con los textiles pasa algo parecido a lo que sucede con los zapatos y zapatillas: hoy varias de las empresas líderes en campos como la tela para jean están en manos brasileñas, y el tráfico entre países es casi tan complementario como con los automotores. Sin embargo, el lobby de algunos empresarios -sobre todo fabricantes de hilado- consiguió que Industria trabara la entrada de productos provenientes de Brasil.
Y si bien aún no se nota en los escaparates la falta de prendas, si continúan en vigor las restricciones la variedad -en especial de piezas de diseño y mayor valor- se verá restringida.
Finalmente, en el campo de la indumentaria no parece haber problemas: son los brasileños quienes prefieren las prendas argentinas, nunca al revés. La importación de ropa formal y de calle brasileña casi no existe, y las prendas deportivas que no se hacen localmente llegan desde Extremo Oriente casi con cuentagotas.
Sergio Dattilo


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