6 de julio 2017 - 23:56

Campaña peligrosa: la economía se volvió a cruzar con la política

• A 40 DÍAS DE LAS PASO: PROTESTAS ENTRE SOCIOS DE CAMBIEMOS POR LAS SUBAS QUE HABILITÓ EL GOBIERNO
Temor en Cambiemos por impacto de las últimas medidas de esta semana. La Casa Rosada insiste con la estrategia fiscal que inauguró para esta elección. Radicales temen por candidatos y no por el dólar.

Mauricio Macri partió ayer a la cumbre del G-20 en Hamburgo tras una semana complicada para el Gobierno de Cambiemos, la campaña electoral y, obviamente, el espíritu de los argentinos.

En 72 horas la Casa Rosada habilitó aumentos en cuotas de medicina prepaga, naftas y gasoil, salarios de encargados de edificios que impactan inmediatamente en el costo de las temidas expensas, cigarrillos y al mismo tiempo capeó una suba del dólar en un mercado que se puso algo nervioso.

Todo ese escenario, de todas formas, cambia de acuerdo al ángulo con que se mire. En este tema el Gobierno camina un sendero que puede llevarlo a un problema serio o a consagrarse como un fenómeno de cambio real en la política argentina al arriesgarse a enfrentar un proceso electoral mientras toma medidas duras (al menos, en línea con la inflación) como son las subas de precios que habilitó, en lugar de recurrir al populismo de campaña. Está claro que la regla hasta ahora fue soportar en tiempos electorales demagogias más que irresponsables.

Muchos de los socios de Macri dentro de Cambiemos (incluidos algunos PRO) no entienden por estas horas cómo el Presidente habilitó esas subas con el costo social que tendrán algunas de ellas, especialmente sobre el núcleo de votos de Cambiemos.

El radicalismo está a la cabeza de esos razonamientos aunque con cierto nivel de comprensión: "No podés salir del gradualismo sin prevenirte de un posible shock. Ahora está claro que gradualismo, déficit fiscal e impaciencia social no son fáciles de combinar", confesaba anoche a este diario un estratega de Cambiemos.

Las quejas contra la Casa Rosada, por estas horas, no se limitan sólo a esas decisiones económicas que, argumentan sus propios socios, podrían haberse postergado hasta después de las PASO. Son cuestiones de oportunidad, se alega.

En el macrismo, por el contrario, siguen insistiendo con una línea que arrancó el oficialismo hace un mes y que hasta ese momento no habían transitado: la promesa de reformas, seriedad fiscal y un cambio en impuestos para después de las elecciones de octubre. La "campaña por el recorte del gasto" no tuvo impacto electoral negativo; hasta ahora, todo lo contrario. De hecho una agenda similar había enunciado Macri en 2015 y con ese prometido horizonte de seriedad fiscal terminó ganando las elecciones. El problema es que con el día a día del Gobierno esas reformas fueron dejadas de lado. De todas maneras en Cambiemos aún hay temor por el impacto que puedan tener en los bolsillos y las conciencias de votantes las subas anunciadas y su proyección sobre la inflación de este mes.

"Son todas noticias para alimentar el discurso populista de Cristina. Hay que tener cuidado, hacer campaña así es peligroso", se pide en cenáculos del oficialismo por estos días. Curiosamente, las mismas fuentes no ven con temor los cimbronazos del dólar de estos días.

Quizás no sea la expresidente la mayor beneficiada por estos resbalones de la economía macrista. La expresidente tuvo esta semana la noticia del pedido de desafuero y detención de un hombre clave del kircherismo histórico, Julio De Vido. No parece que los votos que arrastra Cristina de Kirchner vayan a abandonarla y, por supuesto, tampoco acercársele alguno nuevo ante esa decisión de la Justicia, haya o no ruido en el Congreso sobre el tema, como sucedió ayer en el recinto de Diputados. El nucleo duro K no atiende las razones de la Justicia.

Frente a ese escenario y los problemas de Florencio Randazzo en el PJ, Sergio Massa espera con los brazos abiertos soñando con esas elección de tres tercios de la que habla tanto el Frente Renovador. Como fuere, todo el costo lo terminará pagando el propio Macri: será él quien deberá poner la cara en la campaña bonaerense. Eso quedó decidido cuando incluyó como cabezas de lista a candidatos que no son precisamente gallos de pelea.

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