17 de agosto 2009 - 00:00

Candidata disidente mortifica a Lula y a su elegida a dedo

La ex ministra Marina Silva se alejó hace un año del Gobierno, alegando no recibir apoyo para proteger el Amazonas.
La ex ministra Marina Silva se alejó hace un año del Gobierno, alegando no recibir apoyo para proteger el Amazonas.
Brasilia - La proyección de la popular ex ministra de Medio Ambiente Marina Silva como candidata a la presidencia de Brasil complica aún más el panorama electoral para el oficialista Partido de los Trabajadores (PT) de Luiz Inácio Lula da Silva.

La postulante, cuya proclamación sería inminente, se presentaría por el sello del Partido Verde (PV) en detrimento del PT, y la amenaza para el Gobierno es que le robaría votos por izquierda a la candidata de Lula, Dilma Rousseff, que no termina de despegar en las encuestas (ver aparte).

Nacida en el estado de Acre, en pleno Amazonas, Silva fue amiga y colega del mítico líder ambientalista y extractor de caucho Chico Mendes, asesinado en 1988. Desde 1995 es senadora y lleva 30 años vinculada al PT. Su disidencia se hizo pública hace un año cuando alegó falta de apoyo a sus proyectos ambientales, específicamente en lo referente al Amazonas, y renunció al cargo de ministra.

El probable anuncio de Silva puso a Brasil en un clima de precampaña ante una elección que definirá en 2010 al sucesor de Lula, que está en el poder con niveles de popularidad históricos desde enero de 2003, pero que no puede ser candidato porque la ley brasileña prohíbe más de dos mandatos consecutivos.

El panorama para 2010 presenta dos precandidatos principales: la ministra jefa de Gabinete, Rousseff, una ex guerrillera y dama de hierro del Gobierno, poco conocida en la opinión pública, y el gobernador de San Pablo, José Serra, que se espera encabezará la principal candidatura de un frente opositor entre el Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB) y los conservadores de DEM. Se suma la candidatura de la senadora de izquierda Heloísa Helena, una disidente que se fue del PT no bien comenzó el Gobierno de Lula y fundó el Partido Socialismo y Libertad (PSOL).

En una política volátil y en la que el transfuguismo alcanza niveles asombrosos, los partidos guardan las cartas y no han oficializado candidaturas. Incluso algunos no descartan que el PSDB ofrezca a Silva la candidatura a vicepresidenta.

En ese ambiente, la decisión del minúsculo PV, una formación supuestamente ecologista, tendría capacidad de daño hacia el oficialismo: su candidato Fernando Gabeira casi ganó la disputadísima alcaldía de Río de Janeiro en 2008. La carismática Silva le daría a esta formación proyección nacional entre votantes de izquierda, clase media y mujeres.

«No voy a prolongar como si fuera una novela», dijo Silva el viernes pasado sobre su candidatura. Ante la realidad de que el PV no es precisamente un partido prestigioso, Silva evaluó: «No me hago más ilusiones con partidos perfectos e ideales. El PT tiene y cometió fallas, en el PV fueron muy transparentes, exponiendo los problemas», afirmó.

En un país que acoge el mayor bosque tropical del planeta, lidera la producción de etanol combustible de caña de azúcar y es clave en el debate sobre el cambio climático, la candidatura de Marina Silva «hará que la cuestión ambiental tenga mucha más relevancia», declaró el ministro de Medio Ambiente, Carlos Minc, que hace veinte años cambió el PV por el PT, el camino inverso del que ahora emprendería Silva.

Una encuesta divulgada la semana pasada por el diario O Estado señala que «en cuatro escenarios de enfrentamiento directo con Dilma Rousseff, Marina Silva pierde en uno, empata en otro y gana en dos», lo que pone de relevancia, según el rotativo, «el tamaño del estrago» que puede hacer la ex ministra.

Difícilmente «en Brasil habrá espacio para la aparición de una tercera vía. Ésta surge cuando el electorado está descontento con el Gobierno y la oposición, pero tanto Lula como Serra tienen evaluaciones muy buenas», aseguró Ricardo Guedes, director de la firma encuestadora Sensus.

Agencias AFP y Reuters

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