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Carrió, perdedora, promete “bloque de resistencia”
Carrió comenzó su mañana desayunando en su casa con una de sus hijas. En la calle respiraba confianza, habló con la prensa de su peso y la menopausia. Más tarde, se la notó despreocupada a pesar de haber pasado, en sólo cuatro años, del segundo al sexto lugar en la grilla nacional. «Puedo tener cargos, puedo no tenerlos, pero la lucha por la verdad no termina jamás», declaró.
Al salir del cuarto oscuro confesó sentirse aliviada y libre. «Estar atrás es maravilloso. Uno se siente más libre, como mil kilos que bajaron», dijo la diputada con respecto a las elecciones primarias. Aquella declaración le dio lugar para hacer algunos chistes. «Si de algo tengo miedo es de adelgazar tanto que no se me vea», agregó riéndose.
Carrió, siempre tan analítica y fiel a su religión, citó una frase del Evangelio para referirse al rumor que circuló los últimos días sobre la reforma de la Constitución para la reelección indefinida. «El núcleo duro de los Evangelios dice que el que entrega todo recibe todo y el que quiere retener todo pierde todo», declaró.
Alrededor de las 11.30 se fue a tomar un café a Los Inmortales, en Paraná al 1200, junto con Matías Méndez, el jefe de prensa del ARI y dos colaboradores más. Allí, comentó al pasar, sus ganas de irse de vacaciones por unos días. Habló de Mar del Plata como una posible opción. Al mediodía, para alejarse del bullicio, las cámaras y las especulaciones, se fue a comer un asado a lo de Lili, una amiga suya del Chaco que vive en Palermo. Luego, volvió a su casa en Barrio Norte para dormir una siesta y estar un rato con su hija Victoria.

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