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Carrió vuelve a la vena apocalíptica
A eso se agrega, según este borrador que Carrió propone para que lo firmen los otros partidos de la oposición, que «quien toma las determinaciones y realmente ejerce el poder, no ha sido elegido para ejercer esas funciones. Esto -argumenta- socava la legitimidad del Ejecutivo que preside nominalmente la señora Cristina de Kirchner. En los hechos se ha instaurado un poder espurio, lo que ha sido puesto de manifiesto por diferentes actores, sin que el Ministerio Público Fiscal haya efectuado las denuncias pertinentes».
En función de esas presunciones, Carrió recuerda que en «el caso extremo reciente de Honduras es prueba de que el sistema no tolera la vulneración de ambos principios. Nuestra adhesión a las instituciones republicanas es absoluta, por eso rechazamos la mera idea que se pueda volver a la época de las interrupciones ilícitas de los mandatos constitucionales».
Ante esos hechos Carrió dice que el proyecto de su fuerza es «ayudar a la presidente, señora Kirchner, a terminar su mandato, evitando que se produzcan nuevos episodios de consecuencias destructivas». No dice cuáles serían esos episodios ni sus responsables.
Las palabras conmueven poco a los políticos argentinos; por los términos de esta carta apocalíptica de Carrió promoverán seguramente más que debates igualmente palabreros. Confía quizás la diputada electa en que fuera de las fronteras lo que dice sirva como señal de algo que ella ve y los demás no. Singular pretensión de una Carrió que sorprende por sus discursos que van más allá de la política, pero que resultan en hechos políticos. En 2007 fue a una elección presidencial, y salió segunda. El año pasado vaticinó la derrota del Gobierno en la pelea con el campo, y ocurrió «Vamos a ser felices», decía. Hace diez días anunció que el Gobierno Kirchner iba a tender un cerco sobre la Capital Federal y desde ayer la Nación le retiró fuerzas policiales en un 20% aumentando la inseguridad. No sea que esta vez también tenga razón.


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