29 de abril 2014 - 00:00

Casación enfría el debate por la reincidencia

El debate por la figura de la reincidencia en la reforma del Código Penal perdió fuerza en la Cámara de Casación Penal federal, máximo tribunal penal del país. A principios de año, se planificaba un plenario para pronunciarse sobre esa figura que deja de existir en el proyecto del kirchnerismo. Cuatro camaristas se habían pronunciado en ese sentido, pero ahora sólo quedan dos, ya que hubo cambios de postura. Una trama todavía inconclusa, pero que vuelve a exhibir a dicha cámara como una de las mejores cajas de resonancia de la arena política en el fuero federal.

El plenario para discutir sobre la reincidencia fue uno de los objetivos que el titular de la cámara, Mariano Borinsky, planteó al comienzo de su presidencia. Rápidamente, y a medida que se instalaba el debate, acompañaron esa idea los jueces Gustavo Hornos, Juan Carlos Gemignani y Eduardo Riggi, quienes se pronunciaron por la admisibilidad del plenario. En ese entonces se especulaba con que el pronunciamiento de la cámara podría darse en cuestión de meses cuando los asuntos de doctrina pueden llevar fácilmente un año. Ahora Riggi y Gemignani invirtieron su posición y se volcaron a la inadmisibilidad.

La explicación para este giro se encuentra en una sucesión de hechos, quizá el más determinante fue el fallo mediante el cual la Corte Suprema de Justicia se abstuvo de tratar esa problemática y dejó firme un fallo que avalaba dicha figura. La lectura en la Casación de esta sentencia no dio lugar a dobles interpretaciones: si la Corte no se expide, entonces las instancias inferiores tampoco deberían hacerlo.

Para la Corte es un tema incómodo por los distintos entendimientos que tiene la reincidencia en las constituciones provinciales. Un fallo referido al tema habría implicado asumir una postura que podría ser desconocida en algunos distritos.

Por cierto, en el máximo tribunal ya se conoce que por estos días circula en la Casación el proyecto de una acordada para reglamentar la figura del "amicus curiae", algo que no genera buenas impresiones en el cuarto piso de la calle Talcahuano por razones evidentes: ese reglamento ya se escribió en la Corte y la Casación se adhirió a éste.

El silencio de la Casación también obedece al pragmatismo: nadie está convencido allí de que la reforma penal se vote en el Congreso, al menos este año, con lo cual emitir un pronunciamiento ya no tendrá el impacto que se calculaba a principios de marzo y, además, podría ocasionar efectos no deseados (en 2012 el oficialismo ya denunció a la mitad de la Cámara).

Finalmente, aparecen las intrigas del primer piso de los tribunales de Comodoro Py. Borinsky ha protagonizado duros debates internos luego de que hiciera público su deseo de lograr una mayor productividad en los tribunales orales, lo cual desató la furia de los magistrados de esa instancia. En esa ocasión, Gemignani fue uno de sus críticos más visibles y hasta barajó la posibilidad de renunciar a la vicepresidencia de la cámara.

Peleas que se exponen aún más cuando vuelve a instalarse la posibilidad de que Luis María Cabral solicite una licencia para desarrollar su campaña para el Consejo de la Magistratura. Esta posibilidad le resta puntos a Cabral al tiempo que dispara la duda sobre si las licencias son válidas para aquellos que ejercen un interinato como es el caso del jefe del gremio de jueces.

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