21 de mayo 2012 - 00:00

Cascos Azules criollos como veedores a Siria

Arturo Puricelli
Arturo Puricelli
El Gobierno analiza el envío de un contingente de Cascos Azules para unirse a la Misión de Supervisión de Naciones Unidas en Siria (Misnus).

La resolución del Consejo de Seguridad de la ONU aprobada por unanimidad el 21 de abril pasado autorizó el establecimiento por un plazo inicial de 90 días de la llamada Misión de Supervisión de las Naciones Unidas en Siria (Misnus), que contará con un despliegue de hasta 300 observadores militares no armados, así como con un componente civil. El mandato consiste en vigilar el cese de la violencia armada en todas sus formas, por todos los sectores en pugna y la plena aplicación del plan de paz del mediador internacional Kofi Annan, exsecretario general de las Naciones Unidas.

El conflicto armado interno en Siria se desató a fines de 2011 y se lo percibió como parte de las revueltas populares contra regímenes autoritarios -«primavera árabe»- que arrancaron en Túnez, siguieron en Egipto, Libia -con el cruento final de Kadafi- y Yemen.

El Consejo de Seguridad nombró al general noruego Robert Mood para dirigir la Misnus, tarea difícil; los veedores militares deben movilizarse en el terreno para controlar el alto el fuego entre el Ejército y la oposición armada, y sus convoyes de vehículos ya han sufrido tres atentados.

La presencia de observadores inermes implica un riesgo asumido. La ONU no puede velar por la seguridad de sus hombres, el mandato de la misión obliga a que se trate de Cascos Azules desarmados, por lo que la integridad física está en manos de las autoridades sirias cuando éstos patrullan zonas controladas por el régimen de Bashar al-Assad y en las de la milicia opositora cuando se encuentran en sus zonas de influencia.

La Dirección de Inteligencia Estratégica Militar a cargo de Lourdes Puente de López Llovet elaboró análisis contribuyentes a la toma de decisión que en primera instancia producirá Alfredo Forti, secretario de Asuntos Internacionales del Ministerio de Defensa. La palabra final -previa recomendación del ministro Arturo Puricelli- es de Cristina de Kirchner. Si hay luz verde, un equipo de siete uniformados, entre los que habrá una mujer, con rango de teniente coronel, mayor y capitán (o sus equivalentes de otras fuerzas), integrará la segunda misión internacional impulsada por administraciones kirchneristas. En 2004, el expresidente Néstor Kirchner aprobó el despliegue de militares para la misión en Haití, esquema que aún mantiene a más de 200 efectivos de las tres fuerzas en la ciudad de Gonaives. El jefe del Estado Mayor Conjunto, brigadier general Jorge Chevalier y el comandante operacional, brigadier mayor Humberto Trisano, alumbraron la propuesta, presentaron los siete seleccionados para el despliegue inicial en Siria y los que seguirán en una futura rotación. Cuando estalló la revuelta armada, el embajador argentino en Damasco, Roberto Ahuad, dijo a la agencia venezolana Telesur que había medios de comunicación internacionales que manipulaban las informaciones con intencionalidad política.

En la actualidad, la Misnus cuenta con 236 observadores militares, además de 71 miembros de personal civil. Se pretende instalar 100 más en mayo de los 300 por desplegar en el terreno, anunció el jefe de las operaciones para el mantenimiento de la paz de la ONU, Hervé Ladsous.

El 10 de mayo pasado, un grupo de observadores asentados en la ciudad de Khan Sheikhoun, provincia de Idleb, sufrió un ataque con explosivos que dañó los vehículos de transporte. El secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, afirmó que Al Qaeda estaría detrás de los atentados. La referencia activó alarmas sobre que la presencia global del terrorismo sobrevive a la muerte de su líder, Osama bin Laden.

El presidente de Estados Unidos, Barack Obama, dijo en la cumbre de líderes del G-8 en Camp David que el mandatario sirio, Bashar al-Assad, debe dejar el poder y apuntó a Yemen como modelo sobre cómo podría funcionar la transición política. Aludió al alejamiento pacífico del poder del presidente yemenita Alí Abdulá Saleh que aplacó las protestas y abrió el paso a un proceso democrático.

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