En un año que se supone más tranquilo que el que termina, el Gobierno tendrá que enfrentar un desafío importante en 2013: cómo volver a aumentar las exportaciones, especialmente las no tradicionales, luego de dos años de aplicación de políticas de cierre del mercado interno. O, dicho en otras palabras: cómo venderle más al mundo mientras no hay voluntad de modificar las políticas de cierre de la economía doméstica. O con aún más crudeza: cómo hacer para exportar más si Guillermo Moreno sigue trabando importaciones.
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Otro dato afectará la evolución de las exportaciones el año próximo: la manera en que, especialmente la industria, enfrentará una creciente pérdida de competitividad por el aumento de los costos internos medidos en dólares. El actual no fue el peor año en este tema. Una devaluación de aproximadamente un 20%, que es lo que se calcula ocurrirá en este año, determinaría que al menos en este ejercicio la variable no causó los problemas de ejercicios anteriores. Sin embargo, hay una pérdida de competitividad creciente que se comenzó a sentir desde 2010, que aún no tiene diagnóstico cerrado y que deberá terminar de definirse en 2013. Hay, sin embargo, un dato alentador: la economía mundial parece encaminarse a un 2013 mucho mejor que 2012, y uno de los más beneficiados por esta posibilidad es el principal socio comercial argentino: Brasil.
Todo indicaría que la economía del país vecino crecerá no menos del 4% el año próximo, según las estimaciones presupuestarias del Gobierno de Dilma Rousseff. Si se cumpliera esta proyección, algo absolutamente posible, las exportaciones locales podrían verse beneficiadas sólo por una tendencia natural, sin realizar acciones efectivas para aumentar las ventas. Sólo con la recuperación del sector automotor brasileño alcanzaría para que la variable se recupere y la relación comercial con este mercado mejore. Lo que no podrá preverse es si esta tendencia positiva no alterará la balanza comercial bilateral, que, fruto de las trabas a discreción para las importaciones provenientes de Brasil, terminó equilibrándose luego de décadas de déficit para la Argentina.
Igualmente el Mercosur continuará siendo el principal socio comercial del país, concentrando algo más del 30% de las exportaciones y las importaciones. En este capítulo habrá que mencionar los efectos positivos que puedan consolidarse cuando Venezuela termine de integrarse comercialmente al bloque, cumpliendo su promesa de llegar a fin de 2013 con el 30% de su economía abierta a las exportaciones del Mercosur. Según los listados de productos que incluye Venezuela en su propuesta de adecuación comercial, los bienes que podrían exportarse sin arancel favorecen en competitividad mayormente a la Argentina. Esta apertura no determinará un cambio fundamental para el esquema exportador local, pero ayudará a cubrir eventuales déficits en la balanza comercial con Brasil, para el momento en que se tenga que hacer un cálculo de lo que eventualmente puede perderse con una recuperación de la economía y las exportaciones brasileñas.
El segundo socio comercial argentino le traerá tantas soluciones como potenciales problemas al país. El Gobierno espera que China continúe siendo el destino de los envíos de la fuente de divisas más importante, la soja, que debería aportarle divisas récord por aproximadamente u$s 4.000 millones. Para esto los exportadores y los productores internos deberían decidirse a liquidar toda la tenencia de un año de cosecha del «commodity» que se espera también récord, pero que para su venta podría verse perjudicado por precios no tan altos y opciones de «stockear» en silobolsas. Como el Gobierno necesita de una liquidación de divisas rápidamente en los primeros meses del año, podrían producirse así tensiones entre el Ejecutivo y el campo. Como fuera, nada hace pensar que la demanda china de soja baje, lo que le generaría ingresos fiscales fuertes al Gobierno. El problema es que desde ese mercado se le exige al país compensaciones en la apertura para sus productos, lo que le generará recurrentes déficits a la balanza interna con un promedio mensual de u$s 300 millones, según los datos de los primeros 10 meses de este año.
Una tarea importante que tendrá que encarar el Gobierno este año es dialogar tanto con la Unión Europea como con los Estados Unidos, tercer y cuarto socio comercial del país, para que lo que fueron dos ejercicios de conflictos cerrados se transforme en períodos de colaboración mutua medidos en apertura comercial común. No será un desafío fácil, menos para dos funcionarios, el secretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno, y su protegida, la secretaria de Comercio Exterior, Beatriz Paglieri, que hicieron del cierre de fronteras a las importaciones provenientes de los dos mercados casi una religión. Hay que incluir en esta visión al NAFTA en general, con México como socio activo para América Latina, y con el que se vivió un 2012 decididamente negativo.
También deberá retomar la Argentina una política que durante años resultó positiva y que fue frenada en los últimos ejercicios: conseguir la apertura de mercados alternativos en países denominados en desarrollo. Esta política había sido un muy buen negocio y fue abandonada recientemente con la caída de esos mercados abiertos con esfuerzo. En este listado se suman el norte de África, Rusia, India, América Latina; destinos inexistentes hasta comienzos del siglo pasado, que fueron convirtiéndose en metas para los exportadores argentinos (especialmente industriales) y que por falta de continuidad en las políticas de acercamiento y apertura (además de pérdidas de competitividad por los costos internos) terminaron cerrándose.
En el balance general, lo que deberá demostrar el Gobierno es que podrá mantener un superávit de no menos de u$s 10.000 millones, pero sin recurrir a los cierres de variables que le generan caídas interanuales crónicas en exportaciones e importaciones.
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