Catástrofe aérea que atrapa hasta que se vuelve melodrama

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"El vuelo" (Flight, EE.UU., 2013, habl. en inglés). Dir.: R. Zemeckis. Int.: D. Washington, D. Cheadle, K. Reilly, B. Greenwood, J. Goodman

Esta es la segunda película de Zemeckis con catástrofes aéreas. La otra, "Náufrago" era bastante mejor, aunque por suerte ésta no tiene escenas ridículas con Denzel Washington hablando con alguna pelota de básquet. Aquí, Washington es un piloto de vida, por lo menos, disipada. Tiene que llevar un jet de línea desde Orlando a Atlanta cargado con más de cien personas, pero la noche anterior se la pasa de juerga con una azafata, y como desayuno se toma un poco de cocaína y unas botellitas de vodka del avión, más un café con un par de aspirinas. El tiempo es malo y el avión, se ve en seguida, está en malas condiciones.

La primera parte del film, con el accidente aéreo contado junto a una historia paralela de una adicta a la heroína (Kelly Reilly) mezclada con oscuros personajes del negocio del cine porno parece anunciar algún tipo de thriller, pero pronto el argumento va dejando de lado todo atisbo de suspenso para convertirse en un melodrama de lo más anticuado sobre la lucha del piloto contra su alcoholismo. Este clima un tanto obvio se sostiene por la presencia de Denzel Washington y por la subtrama que de-tonan sus problemas emocionales. La investigación sobre el accidente aéreo, permite la intervención en el film de dos grandes actores, Bruce Greenwood como el encargado del sindicato de pilotos y, especialmente, un brillante Don Cheadle como el abogado que tiene que eliminar del expediente el análisis toxicológico del comandante del vuelo, cuya pericia sin duda salvó muchas vidas pese a no estar en la mejor forma aquella mañana. John Goodman aporta un poco de humor en las breves escenas que aparece como el dealer de drogas del protagonsta, cuya presencia se vol-verá imprescindible en la mejor escena del film.

En cambio, toda la historia de amor con la adicta a la heroína que el piloto conoce en el hospital donde está curando sus heridas es de lo más típicamente sensiblero que haya abordado un director como Robert Zemeckis, que a veces se muestra totalmente convencional y sin el pulso de antaño. El argumento tampoco lo ayuda mucho, ya que no sólo parece digno de algún telefilm moralista, sino que por momentos es francamente inverosímil. El talento involucrado, la tensión de las escenas de la catástrofe, y lo interesante del tema de la investigación de un accidente aéreo salvan el resultado, que de todos modos se puede dejar de ver perfectamente hasta que el film sea editado en DVD o lo pasen por el cable.

D.C.

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