2 de septiembre 2013 - 00:00

Cautela en Wall St. (y encima, temor por Siria)

Después de sufrir los embates de las tasas largas, los mercados deben pertrecharse para lidiar con un desafío no menos abrasivo: un ataque misilístico de EE.UU. al régimen sirio de Bashar al Asad. Se sabía que la ecuación de septiembre exigiría un recálculo de las compras de bonos por parte de la Fed, y prestarles un ojo a las elecciones alemanas y, luego de las urnas, a las vicisitudes de la financiación de Grecia y Portugal. Ahora habrá que agregar el puñado de misiles que apuntan hacia Damasco (justo cuando vuelve a incomodar el "techo" de la deuda) y, sobre todo, acertar en la contabilidad de sus efectos. Lo que se cargó a los precios, el lunes pasado, cuando el secretario de Estado de EE.UU., John Kerry, señaló que Siria se pasó de la raya, es una cifra módica. A cambio no se adquirió más que una póliza de seguro estándar para el caso de una incursión punitiva focalizada, relámpago, y con la pretensión de dar una lección a prudente distancia. Ello no incluye la intención de remover al ofensor (un esfuerzo prolongado requeriría una tarifa más alta). Y de todas las consecuencias desagradables que pudieran suscitarse- y escalar el conflicto no se contempla ninguna. Lo que Wall Street incorporó a las cotizaciones es un Obama quirúrgico, y libre de infección posterior.

La agenda cambió. Siria ingresó de prepo, por la ventana. La agresión de las tasas largas -el protagonista central hasta diez días atrás- se retiró por la escalera principal. Wall Street, ¿a qué le teme más? ¿A los misiles o a los bonos? Con sentido práctico, a la oferta que pudiera estallarle más cerca: sin dudas, un eventual exceso de bonos. Así, la tranquilidad que se ganó con la calma de las tasas largas debiera prevalecer sobre el nerviosismo por la incertidumbre militar. Lo importante es que la amenaza de las tasas de diez años de atacar el umbral del 3% se desvaneció del radar. Siria no tuvo nada que ver. Ni siquiera altera, de momento, los planes de la Fed. La reunión del 17 y del 18 próximos mantiene viva la sospecha de que allí se anunciará la primera poda del QE3. Si las tasas largas amainaron no fue porque se barajase una postergación. Surgió como respuesta a la declinación de indicadores sensibles al ascenso de las tasas largas. Y si bien la revisión de las cifras del PBI aportó una sorpresa rotunda -la estimación del crecimiento del segundo trimestre se hinchó del 1,7% original a un saludable 2,5%- no pudo reencender la mecha. Con buen criterio. La debilidad de la economía -dando por buena la calidad de la revisión- no es desdeñable: en los últimos cuatro trimestres sólo creció el 1,6%. En paralelo, la suba producida en las tasas largas es un corrosivo que no se pone en duda. Y que comenzó a gravitar recién en el tercer trimestre: tanto la venta de casas a estrenar como las órdenes de bienes de capital se resintieron a partir de julio.

Tras muchas idas y vueltas, la maldición del "sell in May" -la que aconseja vender en mayo y no volver a comprar acciones hasta que despunte noviembre- amenaza cumplirse, si bien con tardanza. Se recuerda que mayo fue excelente, pero todo lo que el Dow Jones ganó, lo devolvió en junio. Y si después contraatacó, y clavó nuevos máximos absolutos a comienzos de agosto, también eso se perdió. La suba de las tasas largas inició la sangría y, cuando se hizo a un lado, esta semana, irrumpió Siria para rematar el peor mes de la Bolsa de Nueva York desde mayo de 2012. Como se dijo, trocar la calma de las tasas -y la resignada aceptación del comienzo del fin del QE3- por los interrogantes atados a Siria debiera ser buen negocio. ¿Será que Wall Street se atreve a aprovecharlo? ¿O querrá esperar que el primer misil se abata sobre Damasco? Si apenas se cubrió de un escenario Siria "liviano" necesitará cerciorarse de no cometer un error de cálculo. En esa inteligencia, cuanto antes se ejecute el capítulo militar, tanto mejor. ¿Deberá esperar también que la Fed muestre sus cartas? Las malas noticias ya están sobre la mesa, pero podrían no ser todas. Lo principal, sin embargo, es ajeno a la Fed. Wall Street adeudaba una corrección después de una suba furibunda, y la corrección se está ejecutando con suma gentileza. ¿Tocó piso ya? Si se toma el manual, la merma está a mitad de camino. El consejo es esperar que se cave más hondo. Excusas sobran. Pero hay que anotar los puntos favorables: sólo uno de cada tres inversores minoristas es optimista y el efectivo se acumula ocioso, las cuentas nacionales certifican que las utilidades empresarias crecieron el 7,1% interanual después de impuestos en EE.UU. (tras la caída en el primer trimestre) y, sobre todo, el "overshooting" de las tasas largas, su exageración, que comprimió los precios en agosto y otorga margen para que vuelvan a expandirse más adelante.