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Cautivante versión de “La vida es sueño” con Portillo
Marta Poveda (izq.), magnífica Rosaura, Blanca Portillo como Segismundo y David Llorente como Clarín en la versión de “La vida es sueño” de Calderón, que se representó fugazmente en la Sala Martín Coronado del Teatro San Martín.
Cautivante, la puesta de Helena Pimenta al frente de la Compañía Nacional de Teatro Clásico de España dotó de humanidad al clásico de Calderón (1635). Además de exponer con claridad las peripecias de cada personaje, la directora se esmeró en detallar paso a paso la compleja evolución de Segismundo, el héroe protagónico, encarnado con palpitante dolor, furia e introspección por la talentosa actriz española Blanca Portillo (quien ya debutó en esta sala con otra obra de Calderón, "La hija del aire", dirigida por Jorge Lavelli).
Como bien señaló Pimenta, en el programa de mano, este héroe desorientado tiene la capacidad de encarnar los temores y anhelos de nuestro tiempo y su conducta refleja la capacidad del hombre "de reconstruirse a sí mismo, a través del pensamiento, la inteligencia, la comprensión de lo humano y la búsqueda de la verdad". Habiendo nacido príncipe, Segismundo debe aprender a serlo desde cero, dado que su padre lo encerró en una torre para evitar que se convirtiera en un tirano, como auguraban los astros.
Este desdichado hombre-fiera razona como un filósofo y se expresa como poeta, pero carece del bien más preciado, la libertad, que también deberá conseguir por mérito propio. Cuando el rey Basilio lo libera -para ponerlo a prueba- Segismundo comete toda clase de atropellos impulsado por la ira, el descontrol y la necesidad de venganza. Entonces, lo vuelven a encerrar haciéndole creer que todo ha sido un sueño, hasta que es liberado por unos rebeldes, en una escena conmovedora y risueña a la vez, porque Segismundo teme estar soñando nuevamente. Por fin, comprende que la violencia lo embrutece y lo aísla. Recién entonces aprende a dominarse y a respetar a los demás; perdona a su padre (tras vencerlo en una batalla) y se convierte en un sabio gobernante. Pero tal vez su mayor virtud sea la de permitir que Rosaura (la mujer de la que se enamoró tras intentar violarla) se case con el hombre que ella ama, en un gesto de generosidad.
En la noche de estreno, no todos los parlamentos se escucharon con la misma nitidez, debido en parte a la música en vivo. Aun así, nada obstaculizó la comprensión de la vigorosa trama, ni empañó el humor y la ironía que la sobrevuela. La sobria escenografía de líneas arquitectónicas, y un diseño lumínico que aprovechó al máximo el uso de puertas y ventanas, definieron los distintos espacios (torre, calabozo, palacio y campo de batalla) con plasticidad. A destacar, dos personajes inolvidables: Rosaura (Marta Poveda) valiente como un guerrero y con un corazón en llamas, y el pícaro Clarín, víctima de las necesidades más básicas e irresistiblemente gracioso en la composición de David Lorente.


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