Parece haber pasado la fase de enamoramiento y ahora los economistas del exterior recalculan -a la baja- sus pronósticos macro del país para 2017.
Los principales analistas internacionales redujeron sus expectativas sobre Argentina para 2017. Pero además elevaron su estimación de la profundidad de la recesión para este año. Así lo reflejan los últimos informes de los expertos del influyente Institute of International Finance (IIF) y de los principales bancos brasileños como el Itaú y el Bradesco. Lo relevante de este seudo consenso es que los economistas de estas instituciones son los que más siguen de cerca el devenir de la economía argentina. Por lo que muestran las nuevas proyecciones, para este año esperan una caída del PBI de más del 2,5% cuando a principios de 2016 vislumbraban una recesión del 0,5%. Mientras que para el 2017 no ven un fuerte rebote, como muchos esperan, sino más bien un leve crecimiento apenas por encima del 2%, e incluso menor.
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De modo que las expectativas oficiales que hablan, o mejor dicho apuestan, a una importante recuperación del nivel de actividad que deje un crecimiento del PBI cercano al 3,5% parecen un poco desmedidas frente al humor externo (sin mencionar a algunas consultoras locales que llegaron a hablar de un 5%). Todos aguardan que a la altura del segundo trimestre de 2017 la economía ya esté encaminada, pero a una velocidad moderada. Si convalidan el derrotero descendente de la inflación, que si bien la proyectan a la mitad de 2016, aún supera la meta del Banco Central. Estiman una inflación no menor al 21% anual (por la restricción monetaria) cuando la banda del BCRA es 12 a 17%. En tal sentido ponen reparos sobre las próximas negociaciones paritarias, en cuanto al encuadramiento respecto de las metas del BCRA. Para el IIF "serán la primera prueba importante de credibilidad para la estrategia antiinflacionaria del BCRA, ya que la reputación tarda en construirse".
Vale señalar que estos pronósticos de crecimiento se sustentan, principalmente, en la recuperación del salario real, y en políticas fiscales expansivas, más allá del acceso a los mercados de capitales, la mejora del crédito interno y algunas reformas estructurales. Los analistas destacan que el Gobierno optó por el gradualismo y así jugarse a las elecciones de medio término (en octubre 2017), postergando políticas promercado y el reequilibrio de las cuentas fiscales. El gran riesgo, más allá de las variables de política doméstica, es un cambio abrupto de las condiciones de financiamiento externo con el advenimiento de la presidencia Trump. En ese caso consideran que un fuerte incremento en el costo de financiamiento internacional podría acelerar la implementación del ajuste fiscal.
Los economistas del IIF sostienen que la recesión ya pasó. Sin embargo, en su anterior informe preveían un crecimiento en 2017 del 2,8%, y ahora lo recortaron a 1,8%; a la vez que subieron su pronóstico recesivo para 2016 a un 2,4% (vale señalar que el IIF bajó los pronósticos a varios países de la región por el efecto Trump). Ellos consideran también como factores dinámicos que influirán en el PBI de 2017, la pujanza del sector agropecuario y la recuperación de la economía brasileña (aunque los propios expertos brasileños no ven un fuerte crecimiento en 2017). Hacen hincapié en que si la política de Trump conlleva mayores costos de endeudamiento se impondrá un ajuste más urgente. Vale señalar que para este año el Gobierno estima un déficit fiscal primario del 4,8% del PBI; mientras que para el 2017 se elevó al 4,2% por encima del objetivo inicial de 3,3%.
El IIF advierte que este año el sector público emitió bonos por u$s47.000 millones (8% del PBI), lo que llevó a un aumento de la deuda pública al 51% del PBI desde un 44% (antes de la devaluación). Al respecto señala que "el Gobierno ha cubierto las necesidades de financiamiento para 2016 y comenzó a cubrir parte de las necesidades de endeudamiento del próximo año, de un 10% del PBI".
Los bancos brasileños consideran que al margen de la dinámica inflacionaria y del clima político, la política fiscal será un tema relevante de discusión en la región el próximo año.
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