• LA MUESTRA MARPLATENSE TUVO ENTRE SUS MEJORES TÍTULOS LA PELÍCULA LIBANO-IRAKÍ "YARA" Con la argentina “Muere, monstruo, muere”, de Alejandro Fadel, y la estadounidense “Blues de la calle Beale”. de Barry Jenkis, concluiráhoy la sección competitiva o
Blues de la Calle Beale. Una de las dos películas de cierre basada en una novela de James Baldwin, que Francia ya había llevado al cine hace diez años como “A todo corazón”, y que también se vio en Mar del Plata.
Mar del Plata - Poco ánimo de festivales hubo ayer en esta ciudad. El primer aniversario de la desaparición del ARA "San Juan" duele mucho, porque aquí tenía su embarcadero. Aun así, forzosamente, la vida continúa, y también las competencias. Sin un claro favorito, la sección oficial cierra hoy con la argentina "Muere, monstruo, muere", de Alejandro Fadel, y la gran esperanza negra, "If Beale Street could talk", de Barry Jenkins, sobre la novela de James Baldwin aquí rebautizada "Blues de la calle Beale". Curiosamente, hace justo diez años Mar del Plata conoció la versión francesa de esa misma novela, "A todo corazón", de Robert Guédiguian, ambientada en Marsella, como todas las de este director.
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Por el momento, para el palmares se destacan dos películas de especial ternura, la uruguaya "Belmonte", de Federico Veiroj, sobre la relación de un tipo amargo con la hijita que lo derrite, y la libano-irakí "Yara", de Abbas Fahdel. Sorprende Fadhel, cuyo anterior trabajo, "Homeland", era un durísimo documental sobre la vida en Irak después de las masacres. Pero ahora nos muestra la vida sencilla de una muchachita en una aldea medio apartada de las guerras, un poco como decía aquella vieja zamba de María Christensen y Pérez Pruneda "Qué suerte que es chico mi pueblo,/ la gente ni sabe que existe./Se esconde trepando a la sierra/ perdido y solito, allá lejos".
Nada tiernos, en cambio, los documentales "What you gonna do when the world's on fire?", de Roberto Minervini, sobre el sentimiento de opresión que aún sufren muchos negros en EE.UU. (y la consecuente revalorización del orgullo de los Panteras Negras), y el superior "Entre dos aguas", de Isaki Lacuesta, con el encuentro y confrontación de dos hermanos en la siempre inestable gitanería andaluza. Este film ya viene con el premio mayor de San Sebastián, y con una historia detrás: hace 12 años, ambos hermanos protagonizaron una de las primeras obras de Lacuesta, "La leyenda del tiempo", y ya entonces tenían problemas.
Digna de consideración, "Chuva é cantoría na aldeia dos mortos", de Joao Salaviza y Renée Nader Messora, que acaba de ganar los premios de Mejor Dirección y Fotografía (Salaviza, en fílmico) del Festival do Rio. Más abajo, la adormilante "A portuguesa", de Rita Azevedo Gomes (bellísima fotografía, eso es cierto), "In fabric", de Peter Strickland, donde un vestido maldito pasa de mano en mano como la joya de "Tres citas con el destino", con Narciso Ibáñez Menta, allá por 1954, "Skate kitchen", de Crystal Moselle, sobre chiquilinas neoyorkinas en patineta, "Vendrán lluvias suaves", de Ivan Fund, sobre criaturitas entrerrianas vagabundeando mientras los padres duermen, y por último, bien a la cola, "Cassandro el exótico", fallido documental sobre un gay campeón de lucha libre mexicana.
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