1 de abril 2009 - 00:00

Cervecera artesanal se tira al agua

«Cuando vivía en Suiza y viajaba por Europa, y decía que era argentino, de inmediato casi todos me hablaban de la Patagonia. Así, a los 22 años, registré la marca para todos los rubros que tienen que ver con alimentos y bebidas. Y cuando regresé al país -luego de 15 años-, me decidí a fabricar una cerveza con esa marca básicamente para exportación». Así explica Max de Hoop Cartier su llegada a un negocio que, tras la apabullante consolidación global (hoy entre InBev y SAB Miller controlan casi el 70% del mercado mundial de cervezas) no parece propicio para emprendimientos pyme como el suyo.
Y como no sólo cerveza bebe el hombre, en las próximas semanas estarán lanzando su Agua Mineral Patagonia en botellas descartables de medio litro. «La envasamos en Neuquén, al pie de la vertiente y a 1.200 metros de altura, cerca de Piedra del Águila. A nivel local se va a llamar Primitiva».
De Hoop Cartier arrancó como importador de Quilmes en Europa, y volvió a la Argentina hace cinco años. Para su proyecto Patagonia, en lugar de arrancar de cero compró la destilería San Carlos -ubicada en ese pueblo de Santa Fe-, «que es la más vieja del país», explica. «Tiene la desventaja de contar con una tecnología de hace 40 años, pero también eso es una ventaja, porque nos permite trabajar de manera casi artesanal».
Así fue como comenzaron a producir con el ojo puesto sólo en la exportación, pero pronto se dieron cuenta de que también tenían que tener una «pata argentina», y salieron al mercado local con la marca Primitiva.
Y aparentemente, hicieron bien: explica De Hoop Cartier: «Antes de la crisis, exportábamos el 80% de nuestra producción, y el resto lo vendíamos acá; ahora, la venta a otros países cayó a un 60%, un poco por la baja en el consumo y otro por cuestiones de tipo de cambio». Patagonia se exporta a Uruguay, Paraguay, Estados Unidos, Canadá, Gran Bretaña, Italia y Australia. En total, la planta de San Carlos produce un millón de porrones de 350 cc por mes, una gota en el océano en el que las marcas de InBev -que tras la compra de Anheuser Busch incorporó a su paleta formada por Quilmes y Brahma la estadounidense Budweiser- son casi el 80% del volumen en el país.
«Nuestro plan es llegar a vender un millón de botellas en la Argentina, ir a Uruguay con botellas de un litro y tratar de imponer nuestra cerveza negra, que tiene un pequeño mercado, pero que está desatendido», afirma el empresario.
S.D.

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