26 de octubre 2012 - 00:00

CGT: La batalla por Azopardo 820

CGT: La batalla por Azopardo 820
La historia, el simbolismo, el arte. La primera morada del cadáver dePerón, el escenario de conciliábulos y fracturas. De conquistas épicas y agachadas oprobiosas. Todo eso representa el edificio de Azopardo 820, donde desde hace 62 años funciona la CGT. Y también, su medio centenar de empleados, sus seis pisos con terrazas y cocheras, y los 3 millones de pesos anuales que demanda mantenerlo. Sería más si no fuese porqueéstor Kirchnerdeclaró "monumento histórico" en 2007, por decreto, y de ese modo eximió a sus ocupantes de tributos varios.

La pelea edilicia que abrirá el Gobierno una vez que convalide el congreso que eligió aCalófrente de la versión oficial de la CGT promete ser larga, y nada garantiza que el metalúrgico terminará por sentarse en el sillón de secretario general de la mole de concreto de estilo racionalista. De esa pulseada resta un capítulo en el Ministerio de Trabajo, que llevará la firma deTomadavalidará la consagración de Caló por parte de los "gordos", los "independientes" y los exaliados deMoyano. Luego, quizás antes de fin de año, comenzará la etapa judicial, que puede consumir los mandatos de cuatro años tanto del metalúrgico como del camionero sin ser zanjada.

Se trata de un tironeo en pos del símbolo. En términos financieros, el edificio en el que pasó sus últimos días de vidaúl Ubaldiniun pequeño departamento ubicado en el sexto piso) es una bicoca: entre personal estable y pago de servicios requiere desembolsos de 250 mil pesos por mes. Incluso es un negocio redondo si se tiene en cuenta que los alrededor de 200 gremios confederados deben aportar una cuota mensual que va de los 10 mil a los 25 mil pesos cada mes, en función del número de afiliados.

Claro que los "gordos" y dirigentes de otros gremios que se oponen a Moyano adeudan esa cuota desde hace al menos dos años. En 2004, el camionero se adueñó de lade los trabajadores"le puso su impronta. Cada acto se plagó de camperas verdes identificatorias de los camioneros y desplegó gente de su confianza como administrativos en las oficinas principales. Entonces, mientras cogobernaba en triunvirato coné Luis LingeriRueda, introdujo otra modificación estructural: mandó a tapiar el baño de la oficina de su colega del gremio de la Sanidad para obligarla a tocar el timbrre de su despacho cuando tuviera que hacer sus necesidades, o tomarse la molestia de descender un piso. Rueda optó por el camino más largo y menos vergonzante.

Los aliados de Caló no dejarán, sin embargo, que Moyano retenga sine die las llaves de la esquina de Azopardo e Independencia. Saben que no es lo mismo para ellos deliberar en forma nómade de gremio en gremio, y ni siquiera alquilar un edificio a tal efecto. Lo harán en tanto subsista una disputa judicial que, entienden, debería terminar con el desalojo del camionero. Pero no les resultó sencillo hasta ahora ubicar una sede.

El mismo día de su constitución, el 3 de octubre pasado, parecía todo resuelto para alquilar un edificio en Belgrano al 600, en el que funcionó por años el diario Página/12. El más feliz con esa opción era el mecánicoPignanellicuyo nombre llegó a sonar como posible secretario general propuesto por los "gordos" y que tiene su gremio en la misma cuadra. Los 20 mil pesos que pidieron por mes los propietarios del edificio hicieron desistir de la idea.

Cada alternativa que surgió desde entonces parecía a medida de uno de los gremios de la nueva CGT: se evaluaron sedes sobre la calle Alsina (cerca de donde funciona la Unión Obrera Metalúrgica), Hipólito Yrigoyen y hasta Tacuarí. Esta última, con una doble lectura: queda cerca de la Federación de Camioneros y del diario Clarín.

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