Washington - ¿La primera economía del mundo seguirá de fiesta en 2019? A simple vista, Estados Unidos parece cerrar este año en su mejor momento, pero el futuro viene cargado de incertidumbres.
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El choque con China complica el panorama para EE.UU. en 2019
La política de "America first" de Donald Trump no logra reducir el déficit comercial y envenena el clima internacional. A la espera de señales de la Fed sobre las tasas.
El crecimiento será de alrededor del 3% este año, el mejor desempeño desde la crisis financiera de hace diez años, en particular gracias a los masivos recortes de impuestos implementados por la administración de Donald Trump. Además, el país tiene pleno empleo, con una tasa de desocupación de menos del 4%, y los precios siguen siendo buenos.
Pero esta economía ideal, ni demasiado caliente ni demasiado fría, comienza a mostrar fragilidades y 2019 viene con muchas incertidumbres.
El comercio con el gran socio chino está en plena desaceleración, con un crecimiento esperado de solo 6,2% para el año próximo, según el FMI.
Además, las tasas de interés y -al otro lado del Atlántico- el “brexit”, las protestas de los chalecos amarillos en Francia y la situación de Italia encienden alarmas de que podría acercarse el fin de la fiesta en Estados Unidos.
Las hostilidades comerciales que impulsa la Casa Blanca representan un riesgo real para el crecimiento de Estados Unidos e, incluso, más allá de ese país. Según el FMI, el PBI mundial podría reducirse en un 0,75% debido al aumento de las tensiones.
Washington lanzó la guerra arancelaria que se extiende desde hace meses con el objetivo de equilibrar el comercio, y especialmente contra las prácticas de China, al que acusa de robo de patentes, transferencias forzadas de tecnología y espionaje industrial.
La tregua de 90 días acordada entre Pekín y Washington no ha resultado convincente y el impacto en la economía es real, sin que el déficit comercial -sobre el que Trump mide el éxito de su política- se esté reduciendo.
“La batalla comercial no agrega nada al crecimiento, por ahora, y no es seguro de que lo haga en el largo plazo”, dijo el economista Joel Naroff.
“Obviamente, los chinos buscan diversificar sus cadenas de suministro para limitar su dependencia de Estados Unidos y abrir otros mercados para sus productos”, agregó.
El efecto negativo podría ser, por lo tanto, perdurable para Estados Unidos.
Compañías estadounidenses, como MedSourceLabs, que hace negocios con China para fabricar equipos médicos, tienen temor. “La incertidumbre comienza a sentirse en las relaciones diarias con nuestros proveedores” chinos, aseguró su CEO, Todd Fagley.
“Nuestro temor es que la cura sea peor que la enfermedad”, indicó Jake Colvin, vicepresidente del Consejo Nacional de Comercio Exterior, el “lobby” de los exportadores.
General Motors y Ford ya advirtieron que los aranceles sobre el acero y el aluminio les costarían al menos 1.000 millones de dólares este año, en un momento en que el ciclo de ventas de automóviles parece haber alcanzado su punto máximo.
Agricultores estadounidenses también se ven muy afectados, al verse forzados a reducir los precios o almacenar su soja, que antes de las hostilidades vendían a China.
Los pronosticadores esperan una desaceleración el próximo año: Goldman Sachs Research estima un crecimiento de 2,5%. Oxford Economics augura un alza del 2% a finales de 2019. En tanto, la administración Trump continúa asegurando que espera que la marcha se mantenga a un ritmo igual o superior al 3%.
Pero la economía de Estados Unidos no puede permanecer inmune al debilitamiento del crecimiento global señalado por el FMI.
Incluso Jerome Powell, el jefe de la todopoderosa Reserva Federal de Estados Unidos (Fed), comenzó a fines de noviembre a sembrar dudas sobre el ritmo de la economía y el ritmo del alza de las tasas de interés.
La Fed, que el mercado anticipa decida un ligero aumento de la tasa el próximo 19 de diciembre, podría decidir el mismo día desacelerar los incrementos el próximo año.
El mercado inmobiliario estadounidense está retrocediendo debido al efecto de las ocho alzas en las tasas desde fines de 2015, que elevó el costo de los préstamos inmobiliarios alrededor del 5%, algo que no se ha visto en diez años.
El consumo, 70% de la economía de Estados Unidos, está en su apogeo, pero se enfrenta a la caída de Wall Street, donde el Dow Jones ha borrado sus ganancias del año en unas pocas semanas. La pesada deuda de las empresas, al igual que el déficit federal, también son factores de riesgo.
Sin embargo, Christine Lagarde, la directora del FMI, estimó recientemente que “no hay elementos de una recesión en el corto plazo”.
Al final del año, los inversores y economistas esperan que se invierta la curva de las tasas de interés, cuando la tasa de la deuda a dos años se vuelva más alta que la tasa a largo plazo.
Históricamente, este fenómeno ha precedido unos cuantos trimestres a la mayoría de las recesiones de Estados Unidos desde 1950.
Agencia AFP


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