28 de septiembre 2009 - 00:42

Charlas de Quincho

La percepción propia, como ocurre a veces en política, no suele adecuarse a la colectiva: así, comenzamos estos quinchos con el regreso de la Presidente de la reunión del G-20, convencida de sus importantes logros y decepcionada por no encontrar aquí el mismo eco. El viaje dejó un enigma: qué hicieron algunos de sus acompañantes en la noche de Pittsburgh. En opípara cena a beneficio de una fundación, oímos también un intrigante ajedrez de posibilidades sobre qué sucedería si el 14 de octubre, cuando seguramente se vote la ley de medios, no estuvieran en el país ni Cristina ni Cobos. Una misa por la memoria de Rucci también dejó una certeza: en presencia o en ausencia, el nombre de Duhalde gravita decididamente en el futuro. Terminamos con dos quinchos refinados: uno en un desierto palazzo italiano, y otro en una tertulia literaria y musical. Veamos.

Jorge Taiana
Jorge Taiana
Adormilado el regreso ayer a la madrugada de Cristina de Kirchner, quien despertó a gobernadores y a legisladores que la acompañaron en el largo viaje que incluyó Nueva York, Pittsburgh y la isla Margarita, con comentarios sobre lo bien que le había ido. Se lamentó que el clima de opinión en la Argentina no le permita lucir lo que cree fue un altísimo protagonismo en el G-20. Reía con melancolía por cómo tomarían el nuevo rol del país en esa cumbre cuando antes de viajar decían que la Argentina sería separada de ese grupo y que, siendo ya un G-19, se disolvería. «Lo que muere acá es el G-14», explicó con renovada ciencia la Presidente al grupo que integraban José María Díaz Bancalari, Agustín Rossi, Jorge Capitanich, Gildo Insfrán, Ariel Basteiro y el canciller Jorge Taiana, además de un grupo de legisladores de segunda dimensión, como la jujeña María Cecilia Moisés, a quien Cristina comenzó a amar cuando le escuchó el encendido discurso antiprensa en la sesión de Diputados sobre la ley de medios.


La Presidente ponderó que se hayan aceptado sus posiciones sobre mayor democratización del FMI. «Arabia Saudita tiene una silla, al igual que todos los países africanos, y son una veintena de naciones», repetía. También se ilusionaba con un triunfo de Ángela Merkel (que se dio ayer en Alemania), porque ésta le dijo que quería venir a la Argentina («y no me habló de bonistas ni se Siemens», aclaró, cuando le vio la cara a alguno que escuchaba). «También me han llenado los teléfonos con mensajes de la comunidad judía y de Israel elogiando que la delegación se retirase de la ONU cuando habló el presidente de Irán», sumaba entre los aciertos que cree los opinadores no elogiarán como cuando ellos eran el mejor acompañamiento del Gobierno. «Y logramos que se levantase la cláusula que obliga a los países a publicar los informes de situación financiera del FMI; eso lo obtuvimos nosotros con China y Brasil», añadía mientras el avión presidencial se acercaba a Ezeiza. Los acompañantes le quitaron la gravedad a la charla recordando, como un grupo de estudiantes que vuelve del viaje de fin de curso, fruslerías de la convivencia. Como los gestos huraños de Nicolas Sarkozy cuando, fiel guardabosque, advirtió el énfasis de algunos diputados argentinos cuando saludaban a Carla Bruni, su esposa, en el cóctel que ofreció la ONU a las delegaciones. El presidente francés fulminó con la mirada a algún diputado que se sonrojó ante la mirada censora de la Presidente. Sobre Sarkozy, contó Cristina que sus críticas a los bancos por su responsabilidad en la crisis financiera hicieron reír a Lula en el G-20: «Menos mal que eso lo dice Sarkozy, porque si lo decía yo, que pienso como él, saldrían los críticos a decir: 'Ahí esta de nuevo el izquierdista Lula». Descendiendo más a la minucia, se recordó la cena del miércoles en la parrilla La Porteña de Jackson Heights, Queens, una cábala de los Kirchner en cada viaje que hacen a Nueva York. En esa oportunidad, Cristina lamentó que se hubiera acabado la provisión de agua mineral Nestlé que la acompaña en los traslados. Cuando llegó a Pittsburgh se enteró de que el agua que ofrecían era la francesa Evian, pero la abstinencia fue corta, de algún lado apareció el jueves sobre su mesa una provisión de Villavicencio que le enviaron directamente de Buenos Aires.


Pese a que hubo interés expreso de la Presidente por cómo les había ido a los compañeros de delegación que no figuraban en el protocolo del G-20, reservado sólo a primeros mandatarios, ministros y sherpas (en este caso, Héctor Timerman), nadie quiso revelar nada sobre la misión nocturna de algunos el jueves en Pittsburgh. En la ciudad del acero, cercada por manifestaciones de miles que protestaban contra la cumbre y la globalización, y sin estar invitados a la recepción oficial ni, mucho menos, a la cena con los presidentes, Díaz Bancalari, Rossi, Capitanich, Insfrán, Nora César y la Moisés decidieron intentar conocer la «Pittsburgh by night». Con atuendo casual partieron del hotel para intentar probar carne en uno de los mejores restoranes de la ciudad, mientras Cristina de Kirchner se resignaba al pescado que se sirvió en la cena oficial, que no gustó demasiado a los argentinos. Nunca se sabrá si los acompañantes quedaron satisfechos en esa partida nocturna.


La multipartidaria de la semana la aportó la abogada Bettina Guardia, esposa de Alejandro Bulgheroni, en la cena que organizó en beneficio de su fundación Educando, durante la cual demostró que tiene una fuerza de convocatoria notable, más cuando esta dama carece de cargos y fueros, aunque impresiona con invitaciones irresistibles por el despliegue familiar en la industria petrolera. No logró llamar a mucha gente de Gobierno, salvo que se entienda por tal el Néstor Kirchner desopilante que aportó el cómico Miguel Ángel Cherutti, que con su imitación del ex presidente supera por momentos la que hace su ex socio de rubro y senador electo por Corrientes, Nito Artaza. A la hora del show en la cena que se hizo el viernes en el Alvear, este Cherutti-Kirchner se le puso detrás a Daniel Scioli, el oficialista más encumbrado entre los presentes, y desplegó una catarata de ironías sobre la áspera relación entre el gobernador y el ex presidente. El que más reía en la mesa que compartió este Scioli, que es el titular del PJ, fue otro presidente de partido, Gerardo Morales, de la UCR, quien además tuvo testimonios (que prefiere guardar) sobre las tribulaciones financieras del gobernador al frente de la provincia de Buenos Aires. Cherruti, que es un profesional, encarnó entre sus imitaciones al propio Scioli y, ubicado detrás de Karina Rabolini, rozó las chanzas conyugales para que hubiera algo de distensión. Las cuitas psicologistas las escucharon otros que compartieron esa mesa, como la modelo Valeria Mazza y su esposo, Alejandro Gravier, que es una de las almohadas de Mauricio Macri y, claro, el matrimonio Bulgheroni. Scioli no abrió la boca cuando los presentes especularon sobre la semana que compartirá desde hoy con Macri en el seminario anual del diario Miami Herald en el hotel Biltmore de Coral Gables, Miami (salvo para decir que sólo va a reunirse con el Puma Rodríguez, cosa que hizo ayer con la familia Montaner). En ese santuario histórico (allí se alojaba en suite con reserva permanente un experto como Al Capone, también un hospital durante la segunda Guerra Mundial) convivirán hasta el viernes, merodeando pasillos repletos de reuniones con empresarios, lobbystas y demás curiosos, y la especulación es si se reunirán o, más todavía, si tienen algo que hablar que no sean minucias de gobernantes vecinos. Scioli es el titular de partido al cual le ganó las elecciones la alianza de Macri con peronistas disidentes de ese PJ que, formalmente, conduce el gobernador. Macri anuncia todas las semanas con sordina una candidatura presidencial a la que explica como fruto de una eventual alianza con todo el peronismo que se le opondrá a quien cree será su adversario, el radical Cobos, que a su vez tienta a las bases del peronismo disidente para ir juntos con, por ejemplo, un Felipe Solá de vice. Muy complicado para entendederas como las de los Mazza, que tampoco aportaron comprensión al otro asunto que sobrevoló la mesa, la suerte final del proyecto oficial de ley de medios en el Senado, si saldrá como entró o si merecerá una nueva revisión en Diputados.
Scioli, como ha hecho en público, deriva el tema al Congreso y prefiere eludir respuestas; ya tiene demasiado con sus tribulaciones de caja. Sonrió, sin embargo, con una noticia que pasó por ahí y que muchos sostienen, pero nadie confirma: el Gobierno parece resignado a que la votación sea el 14 de octubre, no el 7, como está previsto, para dar muestras de buena voluntad a la oposición, que presume que cada día que pasa le hace soltar al oficialismo un nuevo cambio al proyecto. Si la votación es ese día, Cristina de Kirchner estará fuera del país y Julio Cobos nuevamente a cargo de la presidencia. Presidirá la sesión José Pampuro, quien tiene doble voto, como senador y presidente de la Cámara; pero ¿qué ocurre si Cobos ese día se va del país, aunque sea por unas horas, por ejemplo, a ver el partido Argentina-Uruguay en Montevideo, una batalla que puede exigir a un hombre de suerte presente, como cábala? En esa mesa se escuchó que Cobos ya tiene la invitación para viajar ese día a Montevideo y que se quedaría a ver el partido en el Centenario, nada más que para darle suerte al equipo. Si la acepta, queda Pampuro a cargo del poder Ejecutivo y Rubén Marín asume la presidencia, un voto menos para el oficialismo y otra complicación para la bancada kirchnerista, que sufre cada minuto de este trámite por las presiones de la Casa de Gobierno para que no cedan una baldosa y peleen la letra del proyecto, con la poca ayuda de emisarios que van a las audiencias y son vencidos por la oposición, porque a veces ni han leído lo que tenían que defender.


La concurrencia era amplia y los invitados se repartieron por etnias; los mendocinos, por ejemplo, se apiñaron en la mesa que presidía el senador Ernesto Sanz, el bodeguero Carlos Pulenta, el ex gobernador José Bordón, la embajadora de Gran Bretaña, Shan Morgan; el presidente de La Rural, Hugo Biocati (a quien los opositores se dirigen usando el apelativo familiar de «Hugo Luis», es casi un aliado de ellos) y el juez Javier López Biscayart. La diplomática tuvo oportunidad de continuar su rápido aprendizaje de los códigos criollos, aunque le costó entender por qué el magistrado bajaba la vista cada vez que los videos que se pasaban en la cena mostraban la lista de las empresas aportantes a la fundación, que exhibía el apoyo de la firma Skanska. López Biscayart tiene a cargo la causa de las facturas truchas que se usaban para trampear a la AFIP y en la cual está señalada esa firma sueca, y para peor, mezclada con el pago de obras públicas. Bordón, Pulenta y Sanz sacaron punta a la petite histoire mendocina y los problemas que tiene el gobernador Celso Jaque para que el peronismo retenga el poder en 2011; Sanz se apunta a ese cargo y se pone serio cuando habla de la situación que le puede llegar a tocar como herencia. Su destino está ligado al de Cobos, que está anotado como presidenciable, pero que puede cambiar de proyecto si no prospera en el nivel nacional y buscará un nuevo mandato de gobernador, algo que no consiguieron en esa provincia, en la cual no hay reelección consecutiva, ni Bordón, que estaba en la mesa, ni Rodolfo Gabrielli, presente pero en otra, explicando sus problemas como zar de la actividad aeronáutica (este ex gobernador de Mendoza tiene el nuevo cargo que concentra la autoridad que antes ostentaban los militares sobre los vuelos civiles), que no son pocos. Por contigüidad, estos mendocinos se interesaron en otros enigmas. Por ejemplo, ¿qué vino a hacer al país Hunter Biden, hijo de Joe Biden, vicepresidente de los Estados Unidos, la semana anterior? Este abogado es miembro del directorio de Amtrak, empresa de ferrocarriles de su país, y se entrevistó, entre otros, con el gobernador de San Juan, José Luis Gioja, pero desde el Gobierno nacional pusieron todas las escuchas alertas sobre si también estuvo preguntando sobre la venta de las acciones de Telecom Italia, asunto de Estado si los hay. Nadie pudo, entre gente tan enterada, dar una respuesta que, claro, ni el Gobierno ni sus válidos para este negocio han encontrado.


Entre tanto político en los quinchos de la semana hubo constataciones interesantes, como la de que Eduardo Duhalde no piensa bajar el fantasma de una candidatura presidencial para 2011, que espera negociar en alguna otra fracción del peronismo. Mandó a recordar a sus adversarios del movimiento en Buenos Aires que en el asado que brindó la semana pasada en la recuperada quinta Don Tomás, de San Vicente, había convocado a 80 dirigentes de La Matanza y que fueron 140. No sólo no alcanzó el asado, sino que Duhalde, acompañado por Chiche, tuvo que dar forzadas explicaciones de tanto despliegue: el objetivo era desplazar al kirchnerismo del PJ provincial y desde allí lanzar ese fantasma de la candidatura. La fecha es diciembre, cuando tenga en la calle sus dos obsesiones, que son los dos libros que firma con prólogos de Felipe González y de Lula da Silva. Como todo requiere su protocolo, Duhalde el miércoles se despidió y se fue a Madrid acompañado por uno de sus fieles, su ex secretario legal y técnico Antonio Arcuri, no sólo a probar las primicias de la nueva temporada del jabugo, sino a discutir con Felipe los términos de ese prólogo. Esa partida le impidió asistir, como hizo Chiche, a los actos del viernes del peronismo disidente en memoria de José Rucci, de quien se cumplía un aniversario de su asesinato, que organizó el sindicalista «Momo» Venegas en la sede de las 62 Organizaciones Peronistas (que sigue siendo, en lo formal, la rama gremial del PJ). En ese acto, y en la misa que siguió en la parroquia de San Ignacio, hubo plétora de quejosos de la conducción kirchnerista (Carlos Brown, Daniel Basile, Héctor Maya, Osvaldo Agosto, Juan Archibaldo Lanús, Teresa González Fernández, la hija del dirigente, la electa Claudia Rucci, y hasta Moisés Ikonicoff, a quien nadie en sus años dorados de numen revolucionario hubiera soñado ni en un acto peronista ni, mucho menos, en una misa). Esos actos, que hubieran lucido más con un Duhalde presente, buscaron la construcción de esa figura casi gandhiana de Rucci que va surgiendo del revisionismo peronista, cuando algunos recuerdan, sin ira, que el secretario de la CGT de entonces se movía tan artillado como las brigadas guerrilleras que lo mataron. Si de enojos se trata, hubo otro motivo para la bronca en estos celebrantes: las misas anteriores por Rucci se hicieron todas en la Catedral Metropolitana, pero este año se la negaron. Les arguyeron motivos de agenda, pero alguien señaló hacia la figura de quien manda en ese terreno, el cardenal Jorge Bergoglio, a quien se le atribuye un pasado «guardián» (referencia al grupo Guardia de Hierro, una de las milicias derechosas, aunque pacíficas de los años 70 en el peronismo) que pudo inspirar el veto que mandó a los ruccistas a orar a San Ignacio.


En estos comentarios de los disidentes hay siempre apuesta por candidaturas reales, no ideales, y lanzadas para negociar, como es esta de Duhalde. En lo nacional, este peronismo cree mucho en la capacidad de daño del ex presidente, que se traduce en apoyos cruzados que pueda dar para levantar a algunos y bajar a otros. Ya se sabe la inquina que ganó en él el nombre de Francisco de Narváez, la preferencia que tiene por Felipe Solá y el respeto que manifiesta como adversario por Julio Cobos. En estos andurriales de la política hay quienes esperan todo, hasta que Duhalde en algún momento piense en una alianza de los disidentes con Cobos, si se tratase de enfrentar a un resucitado Néstor Kirchner, a quien todos le atribuyen abiertamente un proyecto presidencial, comenzando por el propio santacruceño, que recibe en Olivos -hasta a algunos vetados por su esposa cuando ella está de viaje- con el traje de candidato lavado y planchado. Estas quimeras descartan que Macri pueda dar pelea sin el peronismo, ni aun en una elección municipal si el actual jefe de Gobierno eligiese la reelección en 2011 como un camino cierto. Pero hasta en este distrito la mano de Duhalde se siente; se escucha, con fuerza creciente, la idea de que el peronismo local pudiera construir una candidatura de Jorge Telerman a jefe de Gobierno en esa fecha (idea que está en las especulaciones de punteros fuertes del distrito, como el sindicalista de los porteros Víctor Santa María o el ex ministro Alberto Iribarne, hoy cercano a Solá). Pero a ese nombre los duhaldistas alzan, escondiendo la mano, el de Roberto Lavagna, hombre que fue de Raúl Alfonsín, de Duhalde, de Kirchner y candidato presidencial de los radicales. Una tira que ofreció Cobos-Lavagna en Nación y en Capital con la disidencia abajo entra en la cabeza de un Duhalde, soñador de unicatos desde que se hizo amigo de Alfonsín en la crisis de 2001. Telerman, que también está en los afectos de Duhalde, tiene flancos débiles para los disidentes del peronismo por su pasado ibarrista y también porque, dijeron a la salida de la misa por Rucci, es muy picaflor; estuvo, dicen sus críticos, en actos con el «Momo» Venegas y también de Luis Barrionuevo, como si quisiera sobrevolar por encima de una de las peleas más fuertes en el sindicalismo y que algunos explican por una inquina catamarqueña. Cuando Barrionuevo perdió la pelea judicial por una candidatura en Catamarca, le pidió al «Momo» que le habilitase un sello partidario que el sindicalista de los rurales tiene en esa provincia, y se lo negó. Si esto es como lo cuentan, un agravio para el gastronómico, que descorcha champán por lo que cree será la principal complicación judicial para Néstor Kirchner, el falso congreso del PJ que decidió la intervención del distrito Catamarca, que fue una juntada de firmas y no una asamblea partidaria, según afirma Barrionuevo, y también la Justicia, que algo hará sobre esto en las próximas horas. Duhalde, antes de partir, se dijo lejos de estas minucias que deja para la gente del llano, vaticinó profundos diálogos de ex presidentes con Felipe González en Madrid, y anunció que espera que esta semana lo reciba José Luis Rodríguez Zapatero en la Zarzuela y, de paso, en el regreso por San Pablo, el propio Lula da Silva, con quien inventaron ese pergeño de la UNASUR, pero en donde nunca querrían a Néstor Kirchner como director ejecutivo.


Italia es uno de los países donde la Argentina no tiene embajador desde que hace más un año y medio se vino Vittorio Tacchetti (quien ocupaba ese cargo) para ser vicecanciller de Jorge Taiana. Esa situación ha hecho crecer el cuentapropismo diplomático por obra de espontáneos. Dio una prueba el ex embajador en el Vaticano y hoy senador en Italia por los emigrados de América del Sur, Esteban Caselli, quien ocupa con una fundación para los Italianos en el Mundo el mismo edificio que antes tenía la Embajada en Italia y que el Gobierno desalquiló porque salía muy caro. Es el lujoso Palazzo Patrizzi, S. Luigi dei Francesi 37 de Roma, una construcción renacentista, con molduras y techos de época, en donde Caselli juntó el martes a todos los argentinos que andaban por Italia. Por un lado, una delegación argentina de universidades (Católica de Santa Fe, UTN y UCES) y dirigentes políticos, y un grupo de auditores que habían sido invitados por el Senado romano a explicar cómo se controlan (o no) las cuentas públicas en la Argentina. La cena fue por todo lo alto y con un menú cardenalicio: bruschettas, lasagnas, vitello romano y tartuffo, todo acompañado por buen Brunello di Montalcino. Entre unos cincuenta presentes académicos, empresarios y políticos: Rodolfo Barra, Omar Perotti, intendente de Rafaela; Marta Helguero, senadora provincial PJ (línea Jorge Villaverde), Gastón O'Donnell (Asociación Dirigentes de Empresa), los auditores por la oposición Oscar Lamberto, Federico Brusca y Javier Fernández, el ex embajador Humberto Roggero -actual asesor de Caselli en Roma-, el abogado Mariano Caucino y, entre otros, Emiliano Cisneros (Fundación Exportar).
Caselli aprovechó para exaltar su extravagante candidatura a presidente de la Argentina (lo es porque no tiene partido ni se conoce agrupación que haya apoyado esa nominación unipersonal) diciendo que quiere hacer un gobierno como el de Berlusconi: «buscando inversiones, saliendo una vez por semana al mundo con trescientos o cuatrocientos empresarios». Animó la charla contando la rutina del premier, que es su ídolo: los lunes está en Milán con su familia, de martes a jueves atiende en Roma y viernes, sábados y domingos sale a algún país a buscar inversiones y expandir el comercio. «Es un hombre excepcional, lo único que no pude averiguar aún es qué pastilla toma..» En la sobremesa, Lamberto se dijo sorprendido por el interés de los senadores romanos por cómo revisa la Auditoría General de la Nación las cuentas e ilustró con algo de historia esa curiosidad: «Las auditorías en el modelo europeo fueron creadas por monarquías que querían saber si les robaban o no. Por eso, el juicio de residencia o los Oidores, que trabajaban para el rey evitando que les robasen sus administradores. El modelo argentino -continuó- es de Canadá y de los Estados Unidos, donde el auditor informa al Congreso, que representa al pueblo, para que sepan si les roban sus funcionarios». Lo dijo para que los presentes entendiesen que el destino de sus dictámenes no es la prensa, la Justicia o el Poder Ejecutivo, sino el Congreso, que sabrá qué tiene que hacer con el resultado de las investigaciones. Ninguno de los presentes, salvo el auditor Fernández, tenía mucho que ver con el oficialismo, cuyos representantes en Roma se mantuvieron lejos de estas delegaciones. Sí tuvieron que tolerarse el miércoles, cuando se juntaron para asistir a una audiencia con Benedicto XVI en el aula Paulo VI del Vaticano. Junto a los estudiosos y los auditores se exhibieron el embajador Juan Pablo Cafiero y el hermanísimo secretario de la Gobernación de Buenos Aires, José Scioli (junto a 5.000 personas más, por supuesto).


Para terminar, un fino quincho literario y musical, como los que suele ofrecer el empresario Carlos Pedro Blaquier en su magnífica residencia (una emulación de un palacio renacentista) La Torcaza, en San Isidro. Allí se agolpó el jueves una treintena de dirigentes conservadores -con alguna excepción como los ex diputados Jorge Vanossi y René Balestra- para reponerse de los discursos escuchados en el acto de presentación en el Jockey Club de una recopilación de notas periodísticas de Emilio Hardoy (prócer de esa ideología). Blaquier, que es presidente de la comisión de homenaje a Hardoy, convocó a un grupo entre quienes estaban los hermanos Alberto e Iván Allende Iriarte, por supuesto la esposa de Blaquier, la abogada María Cristina Khallouf (quien hoy festeja su cumpleaños en el Alvear), y Gastón Pérez Izquierdo, asesor de Hardoy cuando éste fue diputado nacional en los años 60. Como es usual en estas reuniones de mediodía, los Blaquier brindaron antes del almuerzo un recital que los invitados escucharon echados sobre los sillones que querría Dios para sí si pudiera pagarlo. Esta vez fue una serie de arias de Puccini cantadas por la soprano argentina Daniela Tabernig, cuyos estudios de perfeccionamiento en Grecia auspician los Blaquier. Ablandado por la melodía, el lote se vistió con el babero-guardapolvos que cubre todo el cuerpo para evitar salpicaduras inconvenientes, y se lanzó sobre un menú de exquisitas perdices coloradas, entrada de «Quiche» Lorraine, y, de postre, crème Brulée acompañada por Dom Perignon, Alion Rivera del Duero 1999, y Château Rieussec 1991. La charla repasó las tribulaciones de un país que no lee a Hardoy y que debería hacerlo para que no pase lo que pasa. Con mayoría de gente con intereses empresarios abundaron las quejas sobre todo lo malo que ocurre. Se lamentaron de que en conflictos sindicales hay violencia inusitada. En febrero de 2006 una huelga petrolera le costó la vida a un policía. En aquel momento reclamaban por una baja en el Impuesto a las Ganancias. Ahora que los reclamos son por mejoras salariales o para anular despidos, ha vuelto esa violencia pero en forma de sabotaje. La reciente huelga de los petroleros dejó instalaciones dañadas y robo de cables que sólo puede hacer personal capacitado. Es decir, no hubo intención de robo sino de sabotear. Esta modalidad se está extendiendo. La ultraizquierda está en la etapa de copar los sindicatos. Lo que ocurre en los conflictos en los subterráneos es una muestra. Las tomas de plantas, incluida la de gas en Tartagal, parece una práctica que se acrecienta.
El final fue, con gente culta y con afán por la buena vida, con anécdotas propias de la edad de algunos como sus simpáticos incidentes en tratamientos de proctología (del tipo: pongo vaselina para que no le duela, pero también para que no le guste). Aportó una viñeta imperdible sobre el homenajeado Hardoy el ex ministro Pérez Izquierdo. Contó que Hardoy se enteró en 1965, siendo diputado, que el escritor Leopoldo Marechal había sido dejado cesante en un contrato que tenía con la cámara. Estando en las antípodas ideológicas (Marechal venía de ser el mandamás de la cultura bajo el Gobierno de Juan Perón, y el diputado era el alcaloide del gorilismo criollo) Hardoy hizo una gestión para que fuera designado de nuevo. Pérez Izquierdo, asesor de la bancada, le preguntó cómo se publicitaría el hecho. Hidalgo, Hardoy respondió: «No digamos nada, estas cosas hay que hacerlas, no decirlas. Además, ¿cómo no se le va a dar una mano al hombre que escribió el 'Adán Buenosayres' en donde se le pregunta a un personaje si es dado pegarle a la mujer, y responde: 'En general, no, pero en particular sí'»?


Vamos a terminar con una fábula, no de Esopo, sino de la línea fuerte, tal como nos reclaman nuestros lectores:
Un burro y un gato, que viven en una estancia, se pasean una tarde por el campo y pasan al lado de un hondo pozo de cieno. El burro da un mal paso y cae en su interior. «¡Socorro!, ¡Socorro!», grita desesperado, y el gato sale corriendo hacia la estancia para pedir ayuda. Allí no ve a nadie, pero encuentra la flamante 4x4 BMW X6 del patrón. Sube a ella, va hacia el pozo, y mediante una soga que aferra a la parte trasera y que arroja al burro, arranca el vehículo y logra rescatarlo sano y salvo. Dos días después, vuelven a pasar junto al mismo pozo, pero quien cae ahora es el gato. «¡Socorro!, ¡Socorro!», grita desesperado, y el burro sale corriendo hacia la estancia para pedir ayuda. Pero allí no sólo no hay nadie, sino que el patrón ha salido con su 4x4. El burro regresa entonces al pozo y, asomándose a él, no encuentra otro recurso que estirar hacia el fondo su afamado atributo, al cual se abraza el gato y sale sano y salvo. Moraleja: cuando la naturaleza es generosa, no hace falta una carísima 4x4 para levantar gatos.

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