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Charlas de Quincho
La percepción propia, como ocurre a veces en política, no suele adecuarse a la colectiva: así, comenzamos estos quinchos con el regreso de la Presidente de la reunión del G-20, convencida de sus importantes logros y decepcionada por no encontrar aquí el mismo eco. El viaje dejó un enigma: qué hicieron algunos de sus acompañantes en la noche de Pittsburgh. En opípara cena a beneficio de una fundación, oímos también un intrigante ajedrez de posibilidades sobre qué sucedería si el 14 de octubre, cuando seguramente se vote la ley de medios, no estuvieran en el país ni Cristina ni Cobos. Una misa por la memoria de Rucci también dejó una certeza: en presencia o en ausencia, el nombre de Duhalde gravita decididamente en el futuro. Terminamos con dos quinchos refinados: uno en un desierto palazzo italiano, y otro en una tertulia literaria y musical. Veamos.
Jorge Taiana
Scioli, como ha hecho en público, deriva el tema al Congreso y prefiere eludir respuestas; ya tiene demasiado con sus tribulaciones de caja. Sonrió, sin embargo, con una noticia que pasó por ahí y que muchos sostienen, pero nadie confirma: el Gobierno parece resignado a que la votación sea el 14 de octubre, no el 7, como está previsto, para dar muestras de buena voluntad a la oposición, que presume que cada día que pasa le hace soltar al oficialismo un nuevo cambio al proyecto. Si la votación es ese día, Cristina de Kirchner estará fuera del país y Julio Cobos nuevamente a cargo de la presidencia. Presidirá la sesión José Pampuro, quien tiene doble voto, como senador y presidente de la Cámara; pero ¿qué ocurre si Cobos ese día se va del país, aunque sea por unas horas, por ejemplo, a ver el partido Argentina-Uruguay en Montevideo, una batalla que puede exigir a un hombre de suerte presente, como cábala? En esa mesa se escuchó que Cobos ya tiene la invitación para viajar ese día a Montevideo y que se quedaría a ver el partido en el Centenario, nada más que para darle suerte al equipo. Si la acepta, queda Pampuro a cargo del poder Ejecutivo y Rubén Marín asume la presidencia, un voto menos para el oficialismo y otra complicación para la bancada kirchnerista, que sufre cada minuto de este trámite por las presiones de la Casa de Gobierno para que no cedan una baldosa y peleen la letra del proyecto, con la poca ayuda de emisarios que van a las audiencias y son vencidos por la oposición, porque a veces ni han leído lo que tenían que defender.
En estos comentarios de los disidentes hay siempre apuesta por candidaturas reales, no ideales, y lanzadas para negociar, como es esta de Duhalde. En lo nacional, este peronismo cree mucho en la capacidad de daño del ex presidente, que se traduce en apoyos cruzados que pueda dar para levantar a algunos y bajar a otros. Ya se sabe la inquina que ganó en él el nombre de Francisco de Narváez, la preferencia que tiene por Felipe Solá y el respeto que manifiesta como adversario por Julio Cobos. En estos andurriales de la política hay quienes esperan todo, hasta que Duhalde en algún momento piense en una alianza de los disidentes con Cobos, si se tratase de enfrentar a un resucitado Néstor Kirchner, a quien todos le atribuyen abiertamente un proyecto presidencial, comenzando por el propio santacruceño, que recibe en Olivos -hasta a algunos vetados por su esposa cuando ella está de viaje- con el traje de candidato lavado y planchado. Estas quimeras descartan que Macri pueda dar pelea sin el peronismo, ni aun en una elección municipal si el actual jefe de Gobierno eligiese la reelección en 2011 como un camino cierto. Pero hasta en este distrito la mano de Duhalde se siente; se escucha, con fuerza creciente, la idea de que el peronismo local pudiera construir una candidatura de Jorge Telerman a jefe de Gobierno en esa fecha (idea que está en las especulaciones de punteros fuertes del distrito, como el sindicalista de los porteros Víctor Santa María o el ex ministro Alberto Iribarne, hoy cercano a Solá). Pero a ese nombre los duhaldistas alzan, escondiendo la mano, el de Roberto Lavagna, hombre que fue de Raúl Alfonsín, de Duhalde, de Kirchner y candidato presidencial de los radicales. Una tira que ofreció Cobos-Lavagna en Nación y en Capital con la disidencia abajo entra en la cabeza de un Duhalde, soñador de unicatos desde que se hizo amigo de Alfonsín en la crisis de 2001. Telerman, que también está en los afectos de Duhalde, tiene flancos débiles para los disidentes del peronismo por su pasado ibarrista y también porque, dijeron a la salida de la misa por Rucci, es muy picaflor; estuvo, dicen sus críticos, en actos con el «Momo» Venegas y también de Luis Barrionuevo, como si quisiera sobrevolar por encima de una de las peleas más fuertes en el sindicalismo y que algunos explican por una inquina catamarqueña. Cuando Barrionuevo perdió la pelea judicial por una candidatura en Catamarca, le pidió al «Momo» que le habilitase un sello partidario que el sindicalista de los rurales tiene en esa provincia, y se lo negó. Si esto es como lo cuentan, un agravio para el gastronómico, que descorcha champán por lo que cree será la principal complicación judicial para Néstor Kirchner, el falso congreso del PJ que decidió la intervención del distrito Catamarca, que fue una juntada de firmas y no una asamblea partidaria, según afirma Barrionuevo, y también la Justicia, que algo hará sobre esto en las próximas horas. Duhalde, antes de partir, se dijo lejos de estas minucias que deja para la gente del llano, vaticinó profundos diálogos de ex presidentes con Felipe González en Madrid, y anunció que espera que esta semana lo reciba José Luis Rodríguez Zapatero en la Zarzuela y, de paso, en el regreso por San Pablo, el propio Lula da Silva, con quien inventaron ese pergeño de la UNASUR, pero en donde nunca querrían a Néstor Kirchner como director ejecutivo.
Italia es uno de los países donde la Argentina no tiene embajador desde que hace más un año y medio se vino Vittorio Tacchetti (quien ocupaba ese cargo) para ser vicecanciller de Jorge Taiana. Esa situación ha hecho crecer el cuentapropismo diplomático por obra de espontáneos. Dio una prueba el ex embajador en el Vaticano y hoy senador en Italia por los emigrados de América del Sur, Esteban Caselli, quien ocupa con una fundación para los Italianos en el Mundo el mismo edificio que antes tenía la Embajada en Italia y que el Gobierno desalquiló porque salía muy caro. Es el lujoso Palazzo Patrizzi, S. Luigi dei Francesi 37 de Roma, una construcción renacentista, con molduras y techos de época, en donde Caselli juntó el martes a todos los argentinos que andaban por Italia. Por un lado, una delegación argentina de universidades (Católica de Santa Fe, UTN y UCES) y dirigentes políticos, y un grupo de auditores que habían sido invitados por el Senado romano a explicar cómo se controlan (o no) las cuentas públicas en la Argentina. La cena fue por todo lo alto y con un menú cardenalicio: bruschettas, lasagnas, vitello romano y tartuffo, todo acompañado por buen Brunello di Montalcino. Entre unos cincuenta presentes académicos, empresarios y políticos: Rodolfo Barra, Omar Perotti, intendente de Rafaela; Marta Helguero, senadora provincial PJ (línea Jorge Villaverde), Gastón O'Donnell (Asociación Dirigentes de Empresa), los auditores por la oposición Oscar Lamberto, Federico Brusca y Javier Fernández, el ex embajador Humberto Roggero -actual asesor de Caselli en Roma-, el abogado Mariano Caucino y, entre otros, Emiliano Cisneros (Fundación Exportar).
Caselli aprovechó para exaltar su extravagante candidatura a presidente de la Argentina (lo es porque no tiene partido ni se conoce agrupación que haya apoyado esa nominación unipersonal) diciendo que quiere hacer un gobierno como el de Berlusconi: «buscando inversiones, saliendo una vez por semana al mundo con trescientos o cuatrocientos empresarios». Animó la charla contando la rutina del premier, que es su ídolo: los lunes está en Milán con su familia, de martes a jueves atiende en Roma y viernes, sábados y domingos sale a algún país a buscar inversiones y expandir el comercio. «Es un hombre excepcional, lo único que no pude averiguar aún es qué pastilla toma..» En la sobremesa, Lamberto se dijo sorprendido por el interés de los senadores romanos por cómo revisa la Auditoría General de la Nación las cuentas e ilustró con algo de historia esa curiosidad: «Las auditorías en el modelo europeo fueron creadas por monarquías que querían saber si les robaban o no. Por eso, el juicio de residencia o los Oidores, que trabajaban para el rey evitando que les robasen sus administradores. El modelo argentino -continuó- es de Canadá y de los Estados Unidos, donde el auditor informa al Congreso, que representa al pueblo, para que sepan si les roban sus funcionarios». Lo dijo para que los presentes entendiesen que el destino de sus dictámenes no es la prensa, la Justicia o el Poder Ejecutivo, sino el Congreso, que sabrá qué tiene que hacer con el resultado de las investigaciones. Ninguno de los presentes, salvo el auditor Fernández, tenía mucho que ver con el oficialismo, cuyos representantes en Roma se mantuvieron lejos de estas delegaciones. Sí tuvieron que tolerarse el miércoles, cuando se juntaron para asistir a una audiencia con Benedicto XVI en el aula Paulo VI del Vaticano. Junto a los estudiosos y los auditores se exhibieron el embajador Juan Pablo Cafiero y el hermanísimo secretario de la Gobernación de Buenos Aires, José Scioli (junto a 5.000 personas más, por supuesto).
Para terminar, un fino quincho literario y musical, como los que suele ofrecer el empresario Carlos Pedro Blaquier en su magnífica residencia (una emulación de un palacio renacentista) La Torcaza, en San Isidro. Allí se agolpó el jueves una treintena de dirigentes conservadores -con alguna excepción como los ex diputados Jorge Vanossi y René Balestra- para reponerse de los discursos escuchados en el acto de presentación en el Jockey Club de una recopilación de notas periodísticas de Emilio Hardoy (prócer de esa ideología). Blaquier, que es presidente de la comisión de homenaje a Hardoy, convocó a un grupo entre quienes estaban los hermanos Alberto e Iván Allende Iriarte, por supuesto la esposa de Blaquier, la abogada María Cristina Khallouf (quien hoy festeja su cumpleaños en el Alvear), y Gastón Pérez Izquierdo, asesor de Hardoy cuando éste fue diputado nacional en los años 60. Como es usual en estas reuniones de mediodía, los Blaquier brindaron antes del almuerzo un recital que los invitados escucharon echados sobre los sillones que querría Dios para sí si pudiera pagarlo. Esta vez fue una serie de arias de Puccini cantadas por la soprano argentina Daniela Tabernig, cuyos estudios de perfeccionamiento en Grecia auspician los Blaquier. Ablandado por la melodía, el lote se vistió con el babero-guardapolvos que cubre todo el cuerpo para evitar salpicaduras inconvenientes, y se lanzó sobre un menú de exquisitas perdices coloradas, entrada de «Quiche» Lorraine, y, de postre, crème Brulée acompañada por Dom Perignon, Alion Rivera del Duero 1999, y Château Rieussec 1991. La charla repasó las tribulaciones de un país que no lee a Hardoy y que debería hacerlo para que no pase lo que pasa. Con mayoría de gente con intereses empresarios abundaron las quejas sobre todo lo malo que ocurre. Se lamentaron de que en conflictos sindicales hay violencia inusitada. En febrero de 2006 una huelga petrolera le costó la vida a un policía. En aquel momento reclamaban por una baja en el Impuesto a las Ganancias. Ahora que los reclamos son por mejoras salariales o para anular despidos, ha vuelto esa violencia pero en forma de sabotaje. La reciente huelga de los petroleros dejó instalaciones dañadas y robo de cables que sólo puede hacer personal capacitado. Es decir, no hubo intención de robo sino de sabotear. Esta modalidad se está extendiendo. La ultraizquierda está en la etapa de copar los sindicatos. Lo que ocurre en los conflictos en los subterráneos es una muestra. Las tomas de plantas, incluida la de gas en Tartagal, parece una práctica que se acrecienta.
El final fue, con gente culta y con afán por la buena vida, con anécdotas propias de la edad de algunos como sus simpáticos incidentes en tratamientos de proctología (del tipo: pongo vaselina para que no le duela, pero también para que no le guste). Aportó una viñeta imperdible sobre el homenajeado Hardoy el ex ministro Pérez Izquierdo. Contó que Hardoy se enteró en 1965, siendo diputado, que el escritor Leopoldo Marechal había sido dejado cesante en un contrato que tenía con la cámara. Estando en las antípodas ideológicas (Marechal venía de ser el mandamás de la cultura bajo el Gobierno de Juan Perón, y el diputado era el alcaloide del gorilismo criollo) Hardoy hizo una gestión para que fuera designado de nuevo. Pérez Izquierdo, asesor de la bancada, le preguntó cómo se publicitaría el hecho. Hidalgo, Hardoy respondió: «No digamos nada, estas cosas hay que hacerlas, no decirlas. Además, ¿cómo no se le va a dar una mano al hombre que escribió el 'Adán Buenosayres' en donde se le pregunta a un personaje si es dado pegarle a la mujer, y responde: 'En general, no, pero en particular sí'»?
Vamos a terminar con una fábula, no de Esopo, sino de la línea fuerte, tal como nos reclaman nuestros lectores:
Un burro y un gato, que viven en una estancia, se pasean una tarde por el campo y pasan al lado de un hondo pozo de cieno. El burro da un mal paso y cae en su interior. «¡Socorro!, ¡Socorro!», grita desesperado, y el gato sale corriendo hacia la estancia para pedir ayuda. Allí no ve a nadie, pero encuentra la flamante 4x4 BMW X6 del patrón. Sube a ella, va hacia el pozo, y mediante una soga que aferra a la parte trasera y que arroja al burro, arranca el vehículo y logra rescatarlo sano y salvo. Dos días después, vuelven a pasar junto al mismo pozo, pero quien cae ahora es el gato. «¡Socorro!, ¡Socorro!», grita desesperado, y el burro sale corriendo hacia la estancia para pedir ayuda. Pero allí no sólo no hay nadie, sino que el patrón ha salido con su 4x4. El burro regresa entonces al pozo y, asomándose a él, no encuentra otro recurso que estirar hacia el fondo su afamado atributo, al cual se abraza el gato y sale sano y salvo. Moraleja: cuando la naturaleza es generosa, no hace falta una carísima 4x4 para levantar gatos.

