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“Chatarrero” reflota idea de provocación inglesa en 1982
Constantino Davidoff dio un reportaje a la agencia AP en el cual acusó al Gobierno inglés de Margaret Thatcher de haberse aprovechado de su actividad como chatarrero para encontrar una justificación para desplegar barcos de guerra en la zona en disputa. La respuesta del Gobierno de Buenos Aires de desembarcar en Puerto Argentino la consideró inevitable.
Las actividades de Davi-doff, quien vive en la ciudad de Avellaneda, figuran en todos los relatos históricos sobre la guerra de Malvinas, que suelen discrepar en su interpretación. Para algunos, Davi-doff tenía la venia informal del Gobierno argentino de desembarcar en Georgias y provocar él la reacción británica para poner en marcha un plan preparado de antemano. Para otros, el viaje tenía un propósito comercial y fue usado por Gran Bretaña para provocar la guerra; incluso hay quienes han especulado con que Davidoff habría actuado con el consentimiento británico.
«Me enteré de que en las Georgias del Sur -relató Davidoff a AP- había gran cantidad de materiales abandonados de factorías balleneras... diques flotantes y todo tipo de maquinaria que podían ser útiles para instalar tres talleres de reparaciones navales en la Patagonia». Ese contrato lo había firmado con la empresa escocesa Christian Salvensen y consistía en levantar como chatarra los restos de una factoría procesadora de grasa de ballenas.
Según dijo el empresario a la agencia, «para sentirse agredida Gran Bretaña provocó un incidente en Georgias tan torpemente ejecutado que quedó al descubierto enviando a su flota a finales de marzo contra los obreros, con lo que obliga al Gobierno argentino a preparar un plan de defensa».
Los obreros de Davidoff se embarcaron en el navío de la Armada Argentina Bahía Buen Suceso bajo la firma de un contrato civil, pero la versión británica de los hechos dice que militares argentinos se infiltraron a bordo, pretendiendo ser científicos. En sus declaraciones de ayer Davidoff citó documentación de la Cruz Roja Internacional que dice que no había militares en ese grupo, después de los exámenes a que fueron sometidos en la isla Ascensión luego del desalojo.
Al arribar a Georgias los operarios izaron la bandera argentina usando un remo como mástil. Ese hecho sería advertido por personal del British Antarctic Survey e informado al entonces gobernador de las islas usurpadas, Rex Hunt. Desde Londres se ordenó el envío del barco militar Endurance, hecho que desencadenó la decisión de ocupar las islas el 2 de abril de 1982. «No sé quién izó la bandera, pero cuando viene el British Antartic Survey para pedir que la arríen, obedecen», dijo Davidoff al relativizar el hecho.
«El envío de un buque como el Endurance -relató Davidoff- está considerado una declaración de guerra. La segunda declaración de guerra fue el 23 de marzo, cuando la cancillería británica dice que va a hacer uso legal y legítimo de sus Fuerzas Armadas», dijo.
«Además, el informe Lord Franks que pidió la Cámara de los Lores al servicio de inteligencia británico, difundido en 1983, dice en el artículo 230 que el desembarco no entraba en los planes de la junta militar de la Argentina, ni Davidoff tenía nada que ver con la Armada» de su país, afirmó.
Davidoff justifica en su reportaje a AP la reacción del Gobierno argentino de entonces: «La Argentina no tenía otra opción más que ir a la guerra. «Si aceptaba hacerse cargo del retiro de los obreros, permitía que lo hicieran los británicos o accedía a que se les visara el pasaporte, tal como pedían los ingleses, demostraba al mundo que aceptábamos estar en tierra extranjera y perdíamos el derecho de la soberanía sobre las islas», señaló.
El empresario dice que el incidente le provocó enormes perjuicios económicos: «Perdí todo, dos aviones particulares, dos buques de ultramar, mi casa particular». Intentó un resarcimiento en juicios planteados ante la Justicia británica pero que no prosperaron. El cronista de la agencia AP que tuvo estas declaraciones dice que Davidoff vive en un modesto departamento de la ciudad de Avellaneda.

