29 de abril 2009 - 00:00

Chávez retiró a su embajador en Lima por asilo a Rosales

Alan García y Luiz Inácio Lula da Silva se encontraron ayer en la localidad brasileña de Río Branco. Allí, el peruano trató de que el asilo al opositor venezolano Manuel Rosales no afecte la relación con el Gobierno de Hugo Chávez.
Alan García y Luiz Inácio Lula da Silva se encontraron ayer en la localidad brasileña de Río Branco. Allí, el peruano trató de que el asilo al opositor venezolano Manuel Rosales no afecte la relación con el Gobierno de Hugo Chávez.
Lima y Caracas - La frágil relación entre los gobiernos de Alan García y Hugo Chávez entró en un cono de sombras, luego de que el Ejecutivo peruano dio el lunes asilo político a Manuel Rosales, principal opositor venezolano al que el oficialismo acusa por corrupción. Chávez reaccionó con dureza y decidió retirar a su embajador en Lima, y García indicó que no debe verse «alterada nuestra buena relación».

«No queremos que ninguna circunstancia ni peripecia pueda alterar nuestra buena relación con Venezuela», dijo García junto a su colega Luiz Inácio Lula da Silva en la fronteriza ciudad brasileña de Río Branco.

El Gobierno de Chávez, afecto a los gestos ampulosos, decidió el «retorno inmediato» de su embajador en Lima y el «inicio de una fase de evaluación integral de sus relaciones con el Gobierno de ese país», en protesta por la decisión de Perú de brindar protección a Rosales, alcalde de Maracaibo y principal amenaza para la hegemonía electoral chavista.

El miércoles pasado, Venezuela pidió la captura internacional de Rosales, a quien el Gobierno de Chávez acusa de enriquecimiento ilícito.

Venezuela consideró, en un comunicado de su Cancillería, que la resolución peruana era «una burla» al derecho internacional y un golpe «a la lucha contra la corrupción y un agravio contra el Pueblo de Venezuela».

Sin embargo, García buscó minimizar las posibles consecuencias del incidente al preguntársele sobre el caso en Río Branco.

«Tenemos una posición de amistad con el Gobierno venezolano, que es un Gobierno nacido de las urnas, del que nadie puede negar su carácter popular», afirmó. «El primer deber de un país democrático es prestarle protección», afirmó. García consideró que los «dos gobiernos han venido respetándose escrupulosamente en todo tipo de relaciones».

Desde Lima, el primer ministro peruano, Yehude Simon, pidió al presidente Chávez entender que «no hay absolutamente nada contra él» en la decisión de asilar al opositor Rosales.

«Apelo desde aquí, si es que la prensa llega hasta los oídos del presidente Chávez, que nos entienda, que no hay absolutamente nada contra él, al contrario, solamente hay aprecio y deseos que haga un buen Gobierno», afirmó.

El presidente García es un ferviente promotor del libre mercado y ha criticado fuertemente algunas políticas de izquierda, muchas de ellas promovidas por Chávez.

Ambos países mejoraron sus relaciones en los últimos dos años, luego de que en 2006 retiraran a sus respectivos embajadores en medio de un fuerte cruce verbal entre Chávez y el entonces candidato presidencial García.

Manuel Rosales es acusado de presunto «enriquecimiento ilícito» entre 2002 y 2004, cuando ejercía como gobernador del estado petrolero de Zulia, un caso que el también ex candidato presidencial califica como un «montaje» en el marco de la «persecución política».

Germán Saltrón, representante de Venezuela ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (DD.HH.), aseguró por su parte que «Perú se ha convertido en un Estado forajido que da refugio a los corruptos».

El ex gobernador del estado de Yaracuy, Eduardo Lapi, procesado en Venezuela por corrupción, y el sindicalista Carlos Ortega, procesado por «rebelión civil» por su participación en el golpe de Estado de 2002, también recibieron asilo político en Perú en 2007.

Agencias EFE y Reuters

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