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Chávez sólo le brinda a Irán un apoyo simbólico
Mientras Irán se ve cada vez más aislado por Occidente, su presidente busca nuevos respaldos de sus supuestos aliados: además de los Estados del bloque de los no alineados, Irán considera sus «hermanos» a los Estados socialistas de Latinoamérica que está visitando.
Con su viaje a Venezuela, Nicaragua, Cuba y Ecuador (y posiblemente, Guatemala), Ahmadineyad quiere mostrar que en momentos de necesidad cuenta con aliados que no defienden las «hostiles medidas de Occidente», según el canciller iraní, Ali Akbar Salehi. «Los latinoamericanos siguen siendo buenos en dar una bienvenida calurosa a Ahmadineyad y consolarlo cuando el resto del mundo, ahora, está en su contra», señaló un politólogo en Teherán.
De hecho, Irán se encuentra en una situación crítica. Esta vez lo amenazan sanciones que ponen en riesgo su existencia económica, contra el banco central y las exportaciones de crudo, y en las que podrían participar no sólo Occidente, sino clientes centrales como China, India, Japón y Corea del Sur.
«Ello le haría definitivamente daño», aseguró el politólogo. Los japoneses ya negocian con Arabia Saudita sobre suministros de crudo adicionales para sustituir las importaciones iraníes. Además, las voces que hablan de posibles ataques aéreos contra instalaciones nucleares del Estado islámico se escuchan cada vez más.
Teherán ve sus relaciones con Latinoamérica como una «política exterior dinámica en el patio trasero del archienemigo estadounidense». Sin embargo, los analistas dudan del éxito de esta política. «Latinoamérica sólo puede ofrecer en estos momentos apoyo político, algo que al fin y al cabo no ayudará demasiado a Irán porque esos países no desempeñan un gran papel en el escenario internacional», afirmó un diplomático occidental en Teherán.
Los analistas iraníes creen que, siendo realistas, su país sólo puede solucionar sus problemas mediante conversaciones con las potencias mundiales sobre su controvertido programa nuclear. Y ahí, Latinoamérica no puede desempeñar un gran papel. El único mediador reconocido por Occidente es su vecino Turquía.
Irán no intenta sólo reanudar las conversaciones nucleares, sino también implicar a los turcos, aunque sólo en calidad de anfitriones. Al mismo tiempo intentan reforzar su posición de partida y disuadir a Occidente de sanciones petroleras con amenazas indirectas como la del cierre del estrecho de Ormuz, clave para el transporte mundial de crudo.
Tampoco económicamente puede Latinoamérica ofrecer mucho a Irán. «Buscar nuevos mercados es una iniciativa racional de Irán, pero Latinoamérica no es una alternativa seria a Europa, Japón o Corea del Sur, económicamente hablando», sostuvo un experto económico en Teherán.
Más del 70% de los ingresos de Irán proceden de la exportación de petróleo. En el peor caso, las sanciones podrían hacerle perder más del 50% de los mismos y abocarlo a una grave crisis económica. «Y ahí los latinoamericanos no podrían hacer mucho», dijo el analista. La «guerra económica de Occidente», como la llama Teherán, ya hizo perder en una semana a la moneda persa, el rial, entre el 25% y el 30% de su valor.
Irán firmó con países latinoamericanos varios acuerdos, y las dos partes se mostraron dispuestas a invertir millones en diversos proyectos, que sin embargo quedaron plasmados hasta ahora solamente en el papel. Especialmente las empresas privadas iraníes no ven perspectivas en esos países. «Y eso lo sabe bien el Gobierno», asegura un periodista iraní.
Agencia DPA


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