3 de enero 2012 - 00:00

Chicos de la calle, fenómeno que se agrava con la crisis

Tradicionalmente, en Estados Unidos se consideraba a los sin techo un producto de problemas individuales de adicción a las drogas o al alcohol. La crisis económica desatada en 2008 ha cambiado esos criterios y son más las familias que caen en esa condición por falta de trabajo y oportunidades.
Tradicionalmente, en Estados Unidos se consideraba a los sin techo un producto de problemas individuales de adicción a las drogas o al alcohol. La crisis económica desatada en 2008 ha cambiado esos criterios y son más las familias que caen en esa condición por falta de trabajo y oportunidades.
Miami - Mientras su madre hablaba sobre sus problemas económicos y su falta de fe en el sistema político estadounidense en un refugio para personas sin hogar en el centro de Miami, Aeisha Touray, de tres años, expresó lo que pareció un nuevo eslogan para el movimiento de protesta que ocupó Wall Street.

«¡Cómo se atreven!», dijo abruptamente la niña, que jugaba con un auto de juguete en un salón de conferencias del refugio Chapman Partnership, en el barrio humilde de Overtown.

Era difícil imaginar lo que estaba pensando Aeisha cuando su madre, Nairkahe Touray, de 32 años, comenzó a explicar cómo dilapidó sus ahorros y llegó a vivir en un auto con cinco de sus ocho hijos.

Pero el eslogan surge de nuevo: ¿Cómo explicarles a chicos como Aeisha -y tantos otros- por qué terminaron siendo indigentes en la nación más rica del mundo?

En un informe publicado a principios de diciembre, el Centro Nacional de Familias Sin Techo, ubicado en Needham, Massachusetts, dijo que en 2010 1,6 millón de niños estaba viviendo en las calles, refugios, hoteles o compartiendo casa con otras familias.

Eso implicó un aumento del 38% en comparación con 2007. Ellen Bassuk, presidenta del centro, atribuye el incremento a las consecuencias de la recesión y el crecimiento del número de hogares extremadamente pobres sostenidos por mujeres.

Información reciente de la Oficina de Censos de Estados Unidos mostró una situación reveladora. En base a una metodología nueva y comprobada, destinada a dar una imagen más completa de la pobreza, los datos mostraron que alrededor del 48% de los estadou-nidenses vive en esa condición o con bajos ingresos.

Bajo la denominada Medida Suplementaria de Pobreza de 2010, publicada en noviembre último, el nivel de pobreza para una familia de cuatro integrantes se fijó en un ingreso inferior a los 24.343 dólares anuales.

«Lo veo todos los días», declaró Alfredo Brown, de 73 años, un oficial retirado de la Armada y subdirector de la organización sin fines de lucro Chapman Partnership, cuando se le preguntó por los niños sin techo.

La entidad, sostenida en gran parte por el 1% de impuesto a la comida y bebida que pagan los grandes restoranes para financiar programas contra la pobreza, opera con dos refugios en el condado de Miami-Dade.

«Veo a muchos niños y madres que no tienen hogar y duermen en sus autos, edificios abandonados o en un viejo autobús. Es triste que vivamos en un país que tiene tanto y que haya mucha gente que tenga tan poco», lamentó Brown.

Los niños sin hogar son un problema social relativamente nuevo en Estados Unidos, donde vivir en la calle y el estigma que eso supone se ha vinculado tradicionalmente con adultos con problemas de drogas y alcohol.

Esas familias constituían menos del 1% de la población pobre de Estados Unidos a mediados de la década de 1980, según Bassuk, pero ahora comprenden cerca de un tercio del total. Muchos niños dependen de madres solteras empobrecidas.

«Hay algo así como un Tercer Mundo emergiendo en nuestro patio trasero. Hablamos de países en vías de desarrollo, pero miren lo que está pasando aquí», remarcó Bassuk.

Para poner un rostro a la amplitud y profundidad del problema, un equipo de periodistas de Reuters viajó por todo el país para realizar entrevistas con familiares y niños en situación de indigencia.

Desde Skid Row en Los Angeles hasta South Bronx en Nueva York, todos los relatos tuvieron el denominador común de la devastación económica generada por la recesión. Pero las complejas historias de vida también revelaron una esperanza latente.

En Miami, la pequeña Aeisha se mostró visiblemente afectada cuando su madre habló con lágrimas en los ojos sobre la vestimenta de sus hijos y su lucha contra los inconvenientes económicos, la depresión, la diabetes y problemas crónicos de pie ocasionados por una lesión.

Touray habló como una indignada de Wall Street al quejarse sobre los rescates para los bancos y no para las personas.

«Una se siente tratada como un animal porque no tiene hogar», protestó la mujer, detallando que vive con una cuota alimentaria de sólo 583 dólares por mes tras atravesar un divorcio el año pasado. Sus padres, que viven separados en Atlanta y Chicago, también son indigentes, subrayó Touray, quien destacó que era dueña de cuatro pequeños negocios en Atlanta que quebraron por la recesión.

Al otro lado del país, en Los Angeles, se encontró a Luis Martínez, de 34 años, un padre soltero que vive con sus tres hijos en el complejo Union Rescue Mission en un barrio humilde en el que hombres y mujeres indigentes vigilan sus carros de compras. De todos modos, el refugio significa un avance respecto al tiempo en que Martínez pasaba las noches en el metro de Los Angeles con sus niños, caminando por los andenes hacia ninguna parte.

Martínez es un joven que abandonó la escuela secundaria y quedó desempleado tras haberse lesionado la espalda en un trabajo de construcción hace seis años. Ahora habla con orgullo sobre lo bien que a sus hijos les va en la escuela.

Tienen una computadora portátil que usan para hacer la tarea a través de conexiones de internet inalámbricas en McDonalds y Starbucks y un sistema de videojuegos Xbox.

Martínez, quien usa un collar que dice «Mis niños primero», tiene un teléfono celular para estar en contacto con su familia y potenciales empleadores. «Soy indigente, pero no pierdo las esperanzas», aseguró.

En 16 años de matrimonio, Theresa y Timothy Santiago se las arreglaron para abastecer a su familia realizando múltiples trabajos y ganando unos 20.000 dólares en su mejor año.

Pero el empleo se extinguió y la familia se fue de Florida en la primavera boreal pasada en busca de un menor costo de vida.

Después de una nueva racha de mala suerte, encontraron el refugio de la Coalición para los Sin Techo en el centro de Florida.

Justin, su hijo, está tomando cursos avanzados de octavo grado y dice que la reciente experiencia de su familia no le impedirá seguir su sueño de hacer una carrera en la producción de videojuegos y alcanzar un éxito con internet.

«Voy a ser mejor para mí y mi familia», afirmó el adolescente. «Voy a hacer miles de millones (de dólares), lo sé», agregó.

Por su parte, Antonio Dixon, de 26 años, sabe que las cosas pueden mejorar. Su madre, Corenthia, dijo que el muchacho pasó por al menos una decena de refugios de indigentes que siguen creciendo en Miami y Atlanta.

El joven obtuvo una beca para jugar al fútbol americano en la Universidad de Miami y luchó contra la dislexia para convertirse en el primer graduado universitario de su familia.

«Me tuvieron estudiando duro cada hora», declaró Dixon.

Desde entonces, ha jugado en la defensa de los Philadelphia Eagles, en la liga estadounidense de fútbol americano (NFL), cumpliendo el sueño de su niñez.

Su consejo para los niños sin hogar es que sigan en la escuela y se concentren en lo que verdaderamente quieren hacer en la vida.

«Sólo sigan haciendo lo que les gusta y no se rindan», recomendó Dixon.

«Yo tuve que trabajar por mí mismo desde el fondo hasta la cima. Lo hice. No dejen que nadie se cruce en su camino. No hay que tener miedo de aprovechar una oportunidad en la vida», continuó.

Agencia Reuters

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