8 de enero 2010 - 00:00

China: ¿endurecimiento monetario?

José Siaba Serrate
José Siaba Serrate
¿Empieza a tensarse la cuerda de la política monetaria en China? El Banco del Pueblo comunicó el miércoles que, en aras de mantener a raya la inflación, su próximo cometido es la moderación del crecimiento explosivo del crédito bancario. Como quien teme que a las palabras se las lleve el viento, un día después, el banco central introdujo la primera novedad: una suba -leve pero visible- en la tasa de corte de la subasta regular de letras a 90 días.

El que avisa, no traiciona. Se trató, a la vez, de un ajuste microscópico -el tipo de interés se elevó del 1,3280% al 1,3684% anual- y de un recado potente cuyo mensaje no pasó inadvertido. Las Bolsas chinas retrocedieron casi el 2% y las reverberaciones adversas se esparcieron, si bien atenuadas, a lo largo de las plazas que más dependen de la fortaleza de Pekín: los mercados de Asia y de materias primas. Así, la cotización del petróleo crudo -con un repliegue del 0,6%- quebró una racha de diez ruedas consecutivas al alza. Para confirmar las intenciones oficiales, la primera suba de tasas que se registra desde agosto se complementó con el mayor drenaje de liquidez desde octubre. Los contratos forward de tasas de interés a un año recogieron el guante: ajustaron sus rendimientos en 14 puntos base en los mercados offshore y treparon a un nivel del 2,19%. La reacción onshore -dentro de China- fue más suave. Nadie duda, pues, que las tasas enfrentan un destino elevado, pero los locales parecen apostar por una estrategia correctiva que avanzará sin urgencia, conservando la parsimonia y, sobre todo, midiendo con cuidado sus pasos. Y todo sugiere que conocen el paño.

En principio, el primer aviso a los navegantes data del pasado agosto. Allí se estrenó públicamente el resquemor de las autoridades por lo que temían se convirtiera en un desborde de la especulación. Las Bolsas chinas anticiparon mejor que nadie la fortaleza de la recuperación de la economía: cuando el mundo se derretía -en noviembre de 2008-, las acciones en Shanghái y Shenzhen lanzaron un «sprint» que duró hasta agosto y que les permitió duplicar sus cotizaciones. Ese frenesí -paralelo al vértigo crediticio- fue el blanco tácito de la amenaza de los funcionarios del Gobierno de comenzar a replegar las estrategias de estímulo. Y, en verdad, se logró asustar al mensajero. Los máximos de las Bolsas chinas todavía son los que regían en agosto. Las cotizaciones actuales son más bajas que entonces. La euforia que contagió al resto del mundo no pudo penetrar -cual muralla invisible- la sutil incertidumbre que sembraron las autoridades. Tampoco pudo contribuir con nuevo impulso la aceleración de los propios vientos favorables de la economía.

No hay recuperación más vibrante que la que protagoniza China (queda claro que hoy, sólo el original crece a tasas chinas). No hay proceso que luzca, en el corto plazo, más a salvo de la eventualidad aciaga de una recaída. No hay, pues, por carácter transitivo, otra economía más expuesta al recorte de la asistencia extraordinaria que prodigan los gobiernos. Y que conste que la amenaza de agosto fue pura cizaña y nada de trigo. No pasó de una advertencia. Al menos, hasta ayer. Si se quiere, el levísimo ajuste de tasas ya comentado encarna un segundo capítulo. Pero salta a la vista que se trata de un paso tímido y susceptible de ser revertido, si hiciera falta, tan pronto como en la próxima subasta. Es un globo de ensayo más que un auténtico viraje de la política monetaria.

Como si el banco central chino entendiera de sobra que, en un terreno tan resbaladizo, hay que colocar la luz de giro muchísimo antes de tomar la primera curva. Y si China adopta tantos recaudos, qué cabe esperar de EE.UU. y Europa con sus sistemas financieros todavía en fase de rehabilitación. Así, cuando el presidente de la Fed de Kansas City, Thomas Hoenig, señala ayer su convicción de que habrá que proceder a una suba de tasas en los EE.UU. «más temprano que tarde», se justifica tomarlo con una pizca de sal.

A juzgar por las estadísticas monetarias recientes, el crédito bancario es una especie en extinción. China es la notoria excepción. Allí no sólo no decae sino que respondió a las iniciativas de estímulo con una reacción tempestuosa. Su expansión interanual roza el 25%. Y, como no hay bien que mal no produzca, su crecimiento ultrarrápido aconseja pisar el freno con suavidad. No sólo porque asome el riesgo de inflación.

La mala asignación del crédito debería preocupar aún más. ¿Comenzará, pues, a endurecerse la política monetaria en China? Ésa es una parte del mensaje. Pero no conviene segmentarlo sino tomarlo en su integridad. El Banco del Pueblo lo dijo el miércoles con claridad: alentará un crecimiento «relativamente rápido» para 2010, si bien en paralelo se abocará a moderar los bríos de la expansión crediticia. Dado el peculiar punto de partida, no hay contradicción alguna entre tensar la cuerda progresivamente y, como lo enfatizó su titular, Zhou Xiachouan, en su mensaje de fin de 2009, garantizar que la política monetaria, a lo largo del año, permanezca «moderadamente relajada».