Como si no fuera suficiente con la crisis, que está siendo especialmente cruel con las automotrices estadounidenses, los dos socios de Chrysler se lanzaron ayer a una dura batalla con acusaciones mutuas. El fuego lo abrió la alemana Daimler, que acusó al fondo Cerberus -dueño de 80,1% de las acciones de Chrysler- de tratar de imponer «demandas exageradas» para quedarse con el restante 19,9%, hoy en mano de los fabricantes de Mercedes-Benz. La respuesta de Cerberus llegó pocas horas más tarde: dijo que Daimler había incurrido en «graves rupturas» de sus obligaciones y en «falsedades».
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En un comunicado, Daimler afirmó que las demandas de Cerberus «superan el valor de la inversión en Chrysler. Para la adquisición de 80,1 por ciento de Chrysler, el fondo invirtió 7.200 millones de dólares. Los actuales reclamos van más allá de las posibles obligaciones acordadas». El comunicado de los alemanes agrega que «las nuevas peticiones incluyen acusaciones de conducta fuera del norma comportamiento empresarial por parte de Daimler durante la firma y el cierre de la transacción, así como de haber brindado información incompleta sobre la empresa. Daimler rechaza estas acusaciones absurdas y las reclamaciones que se derivan de ellas como totalmente sin contenido».
En su respuesta, el fondo Cerberus señala que Daimler realizó «falsedades relacionadas con cambios extraordinarios en prácticas de financiación para la compra y 'lease' de vehículos. Esta conducta, junto con otras razones, causó prolongadas negociaciones para llegar a un acuerdo. Sin embargo, Daimler rechazó reconocer la gravedad de las reclamaciones relacionadas con su deliberada conducta».
Concluye afirmando que esto «resultó en obstáculos para Chrysler y añadió y multiplicó los efectos adversos de la actual situación macroeconómica y del automóvil».
El 24 de setiembre, Chrysler confirmó que el fondo Cerberus estaba negociando con Daimler la compra de 19,9% de acciones que conservaba la automotriz alemana, anterior accionista principal de la estadounidense. Cerberus le había comprado 80,1% de Chrysler, Dodge y Jeep por u$s 7.200 millones. En las últimas semanas, General Motors había hecho un sondeo para comprar Chrysler, pero finalmente se abstuvo de hacerlo por la gravísima crisis que atraviesa toda la industria automotriz estadounidense -en especial la propia GM-, cuyos máximos ejecutivos gestionaron (hasta ahora sin éxito) un megaplán de salvataje ante el gobierno de su país.
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