Cinco semanas consecutivas en baja y la sexta que arranca con el Dow retrocediendo un 0,50%, a 12.089,96 puntos en la primera jornada. No hace falta mucho más para atreverse a decir que ya estamos, o estamos al borde de un bear market, por más que no se haya cumplido la caída de más del 10% que indica la tradición es la medida a partir de la cual se puede comenzar a hablar del tema. Si miramos un poco hacia atrás, el 4,42% que continúan ganando las 30 blue chips más importantes en lo que va del año evidencia que en realidad no hay demasiado para preocuparse. Si miramos más atrás, el 84,66% que se viene acumulando desde el mínimo del 9 de marzo de 2009 (una tasa anual compuesta del 35,89%) deja la baja iniciada a principios de mayo como algo menos que un pequeñísimo hipo. Y sin embargo el desánimo que se palpa entre inversores e intermediarios es el mayor/peor desde los días en torno a la caída de Lehman Brothers. Objetivamente, más allá del paso del tiempo y sus implicancias (éstas son que no se sanearon las carteras tóxicas, que la economía no se recuperó como se esperaba, que la crisis inmobiliaria continúa, que la situación laboral pasó de ser pésima a ser mala, etc.), no hay nada nuevo que explique por qué poco más de un mes atrás era todo para arriba y hoy, si no es para abajo, al menos hay temor de apostar por la suba.
Tal vez, uno de los mejores ejemplos de esto es que el principal argumento que se escucha estos días para justificar la compra de acciones es el antiguo: Están baratas. Seguramente lo están, y por más de un parámetro. El problema es que no garantiza nada ni asegura que sea buen negocio su compra.
Desde ya que las cosas pueden cambiar de un momento para otro, el problema es que ese momento parece alejarse cada día que pasa un poco más. Usted decide: ¿es esto una buena o una mala señal?
El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
Dejá tu comentario