1 de julio 2009 - 01:11

Clave: el antiviral se aplica mal y tarde

Cada vez más gente utiliza barbijo para movilizarse en las entidades sanitarias, atemorizada ante el avance continuo de la gripe A en el país.
Cada vez más gente utiliza barbijo para movilizarse en las entidades sanitarias, atemorizada ante el avance continuo de la gripe A en el país.
Por ahora, a más de dos meses de declarada la alerta de la Organización Mundial de la Salud (OMS) sobre la gripe A H1N1, la Argentina y, en particular, los gobiernos de Capital Federal y Buenos Aires no lograron articular los mecanismos para que la enfermedad no se siga difundiendo y para que baje el nivel de mortalidad. Faltaron y siguen faltando reactivos para la identificación rápida de la enfermedad y acceso inmediato al antiviral.

Los infectólogos y los médicos sanitaristas, incluso los llamados por el Gobierno para hablar con los medios y que ayer hicieron silencio, como el doctor Daniel Stamboulian, explican que debería hacerse lo siguiente:

- Cuando un paciente presenta un cuadro gripal con elevada temperatura (más de 38°) debe hacérsele un test rápido de influenza A. Es el mismo que se usa en casi todos los estados de Estados Unidos y en numerosas ciudades de México. No detecta en especial la variedad H1N1, pero descarta otras enfermedades que no sean gripe A.

- Una vez que el análisis da un resultado positivo -trámite que a lo sumo puede demorar 2 horas- se empieza a suministrar al enfermo el oseltamivir. Como hay quienes creen que el test tiene algún grado de error cuando el resultado es negativo - tema sobre el que hay debate entre los especialistas-, el médico deberá decidir según los síntomas. (En términos muy simples, para no confundir una gripe A con una apendicitis.)

Esto no está pasando en nuestro país. Con el argumento de que la influenza es una pandemia y que las medidas deben centralizarse en los gobiernos nacionales, ni la municipalidad ni la provincia destinaron por ahora partidas específicas para los reactivos y los remedios. Lo mismo ocurre con las obras sociales y las entidades de medicina prepaga.

La primera consecuencia de la escasa fluidez con que se accede al medicamento es la tasa de mortalidad no sólo mayor que la de EE.UU., sino también superior a la de Chile. El antiviral sólo sirve si se lo empieza a aplicar en las primeras 48 horas de detectada la enfermedad, que por otra parte, tiene como una característica repetida la aparición repentina de la fiebre alta.

El paciente medicado en tiempo y forma no necesitaría hospitalización, salvo en caso de enfermedades previas o complicaciones inesperadas, con lo cual la saturación del sistema de salud se podría evitar, y al mismo tiempo lograr que los mismos hospitales y clínicas no se conviertan en fuente de trasmisión de la epidemia por las horas de espera y el hacinamiento.

Como los gobiernos de Mauricio Macri y de Daniel Scioli no hablaron del tema, ni respondieron ayer a las preguntas de este diario, sólo pueden considerarse las declaraciones de los funcionarios nacionales.

- La ex ministra Graciela Ocaña dijo el 16 de junio que el país contaba con 2,5 millones de dosis. El último lunes, el jefe de Gabinete, Sergio Massa, habló de la misma cantidad. Si en quince días no bajó el stock, ni se vieron nuevas órdenes de compra en el Boletín Oficial, el número no se pudo haber mantenido.

- Cuando el llamado comité de crisis decidió a mediados de junio que Capital y conurbano pasaban a la etapa de «mitigación» de la epidemia, se resolvió no realizar más pruebas en el Instituto Malbrán, que por otra parte estaba desbordado, brindando resultados con dos semanas de retraso, lo que era inútil, pero también se decidió sólo suministrar el antiviral a los internados y enfermos graves.

Ahí probablemente haya comenzado lo peor de esta crisis. Muy difícil saber ahora si Ocaña fue la responsable, pero no puede dejar de pensarse que la ex ministra carecía de capacidad de decisión ya desde la epidemia de dengue.

Cambio de discurso

En el caso de los enfermos ya graves que empezaron a tomar el oseltamivir, se murieron o tuvieron la suerte de sobrevivir. Hace dos días, el Gobierno nacional volvió a cambiar el discurso, y Massa dijo que se suministraría el antiviral a todos los que tuvieran síntomas.

Las dudas que quedan planteadas son dónde está el antiviral, si está disponible en todos los centros de salud, públicos y privados o si hay que hacer una cola, ya con la enfermedad declarada, en dos o tres centros de salud nacionales. El otro problema es si la cantidad de antiviral alcanza.

Cuando Massa habla de 2,5 millones de dosis, no aclara si habla de unidades o de tratamientos. Un tratamiento mínimo para un caso no grave requiere tomar tres unidades por día durante cinco días.

Además, si el ministro bonaerense, Claudio Zin, calcula que el 20% de la población puede enfermarse de gripe estacional o de H1N1 (y de acuerdo con el nuevo criterio todos deberían medicarse), 3,4 millones de personas necesitarían tratamiento, sólo en Capital y provincia de Buenos Aires, con lo cual los stocks, en caso de estar, son claramente insuficientes.

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