Álvaro Uribe procurará hoy no quedar en el «banquillo de los acusados».
Para ello, su estrategia será incomodar a Hugo Chávez e incluso a Lula da Silva por sus respectivos acuerdos militares con Rusia y Francia.
«¿Con qué objetivo se está armando Venezuela?», indagó ayer una fuente del Gobierno colombiano.
Por su parte, Brasil, un crítico severo de las siete bases estadounidenses, intentó hasta último momento no sólo calmar a Chávez, sino también consensuar una postura común.
Barack Obama, que no envió a ningún representante a Bariloche, explicó sus razones discretamente a los gobiernos sudamericanos.
Jaime Bermúdez, ex embajador de Colombia en Buenos Aires, selló un vínculo fluido con los Kirchner desde el momento en que el ex presidente viajó a la selva a intentar el rescate de un grupo de rehenes de las FARC.
El eje del debate lo constituye la capacidad de que las bases sirvan como punto de partida a acciones bélicas en otros países. El texto del acuerdo de Colombia y EE.UU. no es del todo claro al respecto.
También hay polémica por la inmunidad que tendrán los efectivos norteamericanos y por la autonomía de mando.
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