MORALES SOLÁ, JOAQUÍN. La Nación. Las columnas del fin de semana se dedicaron, en casi todos los casos, a describir la pelea interna del PJ que intenta apagar Néstor Kirchner en medio de un desgaste político del Gobierno que no pudieron frenar ni el adelantamiento de las elecciones, ni las «candidaturas testimoniales». Es también el caso del columnista de La Nación. Relata, como inevitable, un cambio de manos del poder dentro del peronismo, frente a un liderazgo kirchnerista que «se extingue», frente a la estrategia del ex presidente de convertir ese proceso personal en un problema de Estado.
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No es nuevo el enfoque, pero sirve para recordar luego datos conocidos aún no comprobables científicamente: las encuestas que siguen llegando a la residencia de Olivos no sirven para calmar la furia del ex presidente, sino para acrecentarla.
Que Kirchner no está acostumbrado a negociar, como describe Morales Solá, no es una novedad. No lo hizo con el Congreso, ni con el campo y lo evitó con el peronismo durante todo su mandato y ahora el de su esposa. Tampoco negoció con ministros y gobernadores, es cierto, a la hora de ordenarles presentarse a candidaturas que nunca ocuparán.
Así, casi como en una profecía autocumplida, el Gobierno avanza anunciando una crisis en caso de perder las elecciones, una posible derrota del oficialismo en la elección de medio término que en ningún sistema republicano pondría en peligro la democracia. Menos ahora cuando el país podrá estar en crisis pero no enfrenta los fantasmas del «corralito», la falta de reservas o la caída de los commodities que tuvo que soportar Fernando de la Rúa y que fueron multiplicados por su impericia en entender la política.
Pero en la Argentina, y en el peronismo en especial, las costumbres suelen recorrer otros caminos. Como el del propio directorio peronista que ante la debilidad de cada jefe se prepara para el recambio de liderazgo. Nada nuevo entonces, el relato sobre el comienzo de la migración de los caciques del PJ hacia la Santa Fe de Carlos Reutemann.
Tampoco los problemas de Kirchner en otros distritos, que llegan en la Capital al extremo de no conseguir quién le acepte una candidatura.
Si aparece interesante la anécdota que relata Morales Solá sobre una reunión con acólitos y aduladores en Olivos en la que Kirchner llegó a plantear un enroque en 2011 con Daniel Scioli en la candidatura presidencial y él mismo en la Gobernación bonaerense. Es un proceso que podría no controlar el ex presidente, si la realidad sigue en otra dirección sin pedir permiso.
VAN DER KOOY, EDUARDO. Clarín. El analista se dedica en esta columna a mostrar lo peor del oficialismo en la semana previa al vencimiento del plazo para inscribir candidaturas en la Justicia electoral. Con la postulación de Néstor Kirchner virtualmente confirmada, Van der Kooy critica la obsesión presidencial por la campaña para las elecciones de junio y asegura que «sólo la terquedad o el ensimismamiento podrían explicar tantos errores». Si bien destaca el error de la teoría «yo o el caos», propagada por el matrimonio Kirchner como estrategia de campaña, el periodista de Clarín admite que una derrota del Gobierno en la provincia de Buenos Aires podría derivar en una crisis política de final incierto. Más aún teniendo en cuenta el realineamiento del PJ en torno al eje Carlos Reutemann-Juan Schiaretti-Jorge Busti.
Pérdida de mayoría en el Congreso, traspié bonaerense, derrotas en distritos como Capital Federal, Córdoba, Mendoza y Santa Fe, sumadas a un complicado segundo semestre en lo económico, configuran para el kirchnerismo un coctel explosivo. La columna realiza un repaso de los desafíos financieros, además de los electorales, que deberá enfrentar la gestión Kirchner: ausencia de confianza en el extranjero por los propios vaticinios apocalípticos del Gobierno, 5.700 millones de dólares en vencimientos de deuda, otros 5.500 millones de fuga de capitales entre enero y marzo y un misterioso intríngulis político en el Ministerio de Economía por las gestiones de un negociador de la deuda vinculado a Hollywood sin el aval del Ministerio de Economía, ni del Banco Central.
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