22 de junio 2009 - 00:00

Comentarios políticos del fin de semana

- VERBITSKY, HORACIO. Página/12. Ansiosos por el futuro, como los candidatos y buena parte del público, confundido por las señales equívocas de los competidores del 28 de junio, los columnistas de ayer se entregaron a simples especulaciones sobre los resultados. Describiendo lo obvio, qué pasa si gana o pierde tal o cual, como en una charla en el casino antes de que se arroje la bola en la ruleta, las principales plumas de los diarios de ayer acumulan frases off the record de aliados de los grandes competidores del próximo domingo: los de Néstor Kirchner anuncian traiciones; Mauricio Macri que espera que un desfondamiento del peronismo haga que el PJ lo busque a él como candidato, etcétera.

El planteo sobre la suerte de los presidenciales que desarrollan Verbitsky, Joaquín Morales Solá y Eduardo Van der Kooy lo había adelantado este diario en un análisis del periodista Rubén Rabanal, quien escribió el viernes que ninguno de los presidenciables duerme en paz porque sus pretensiones pueden quedar en cuestión por el resultado del próximo domingo cuando se vote en elecciones de distrito que parecen empatadas (Buenos Aires, Santa Fe, Mendoza). Verbitsky aporta sólo corolarios obvios a las afirmaciones de este diario.

Lo más importante de su columna es que transmite de manera cruda la inquietud del oficialismo por el resultado electoral. Lo hace a través de una crítica del funcionamiento del sistema electoral cuya reforma reclama. Criticar el reglamento en la semana anterior al partido es una confesión derrotista que este vocero del Gobierno debió reprimir para no desalentar a su barra. Usa, además, los argumentos de la oposición de crítica al sistema electoral, según los cuales el Gobierno es quien merece más reproches. En cuanto al financiamiento, los deslices del oficialismo en elecciones anteriores de 2007 fueron disculpados por la Justicia en razón, dijo María Servini de Cubría, de que el jefe de campaña Alberto Fernández no se enteró de que le depositaban dinero en la cuenta de gastos.

Recoge también la crítica del conservadorismo a la eliminación en 1994 del Colegio Electoral, como si en la etapa anterior las elecciones no se hubieran decidido, como hoy, en los grandes distritos. La eliminación del Colegio Electoral, una antigualla del conservadorismo del siglo XIX, prestó su servicio más grande en los últimos años con la desaparición de las dinastías provinciales cuyos caciques justificaban su existencia por su participación en colegios electorales en los cuales siempre terminaban aliados, a cambio de prebendas, del ganador, siempre con respaldo en los grandes distritos.

El colmo es cuando elogia el sistema chileno, uno de los más rígidos del continente, como lo denunció ayer el candidato socialista Marco Enríquez Ominami en un reportaje. Ese sistema ha reducido las primarias presidenciales en Chile a un conjunto cerrado de dirigentes y de familias políticas concentrado en un sector social que provee todos los presidentes.

Critica, de paso, el discurso privatista de Mauricio Macri en la campaña en los mismos términos que el Gobierno Kirchner, con elogios a las estatizaciones de Aerolíneas y de las AFJP, sin reparar que siempre Macri pensó eso y, más, cree que le trae más votos. Su candidata en Capital Federal se ha despegado del resto por más de 15 puntos gracias a que dice lo que dice.

Tanto oficialismo lo corta Verbitsky con una crítica al Gobierno por no impulsar la ley de medios audiovisuales, un reclamo sectorial que frente a los problemas que tiene el país -entre ellos, que los gobiernos no aplican las sanciones antioligopolio a los medios que abusan de su posición dominante en el marcado- es como discutir el sexo de los ángeles.

- MORALES SOLÁ, JOAQUÍN. La Nación. También se distrae este columnista con las especulaciones del día después. Registra que las encuestas de unos y otros hablan de una derrota por pocos puntos de Néstor Kirchner. El próximo domingo -escenario que nadie tampoco confirma con mucha estridencia-. Sobre ese dato imagina que desde el lunes habrá un Gobierno nacional significativamente debilitado y que los caciques del peronismo le cuestionarán a Kirchner el liderazgo en el PJ. «Alguien que sólo ofrece un tercio de los votos en Buenos Aires y el país nos está anticipando la próxima derrota», recoge el columnista como expresión de un caudillo peronista del interior. Eso vaticina un futuro precario al kirchnerismo frente a los principales caudillos provinciales como Daniel Scioli, Carlos Reutemann, que Morales Solá también extiende a los jefes del peronismo disidente.

El oficialismo en ese estado, describe el columnista, se inquieta por señales de traición que llegan a Olivos, razón por la cual, denuncia, los servicios de inteligencia pierden tiempo y recursos que paga el Estado para repasar las comunicaciones de e-mail y de teléfono de políticos, empresarios y periodistas. Este señalamiento es grave, aunque en este caso no aporta pruebas el periodismo; no hacen falta, en todo caso, porque testimonios de esas prácticas los han dado hasta periodistas adictos del Gobierno con menciones de nombres, al menos de periodistas.

Para compensar tanto ánimo crítico, el columnista reta levemente a Francisco de Narváez por no tener más campaña que lo que el juez Faggionato Márquez haga por él. Como remate, Morales Solá brinda a sus lectores una frase de antología que intenta describir su visión de la coyuntura política: «Ahora, en tiempos de agua baja, un lecho cruel está mostrando todas las impurezas de la política». Atroz.

- VAN DER KOOY, EDUARDO. Clarín. También camina este columnista el sendero descrito por este diario en su edición del viernes sobre la inquietud que ha ganado a los presidenciales ante una elección de trámite tan incierto. Ese ánimo gana a lectores de encuestas, como Néstor Kirchner, Elisa carrió, Daniel Scioli, Julio Cobos. Exagera algo Van der Kooy al decir que «sólo las vísperas de octubre de 2001 fueron más angustiantes, tremendas, porque se vislumbraba el derrumbe». Es difícil imaginar que surja del resultado electoral del domingo próximo un escenario distinto al que vive el país desde hace un año y medio, cuando estalló la pelea del Gobierno con el campo: rechazo de la burguesía de las grandes ciudades al kirchnerismo, dispersión de las fórmulas opositoras, incertidumbre sobre el futuro de la economía, pérdida por parte del oficialismo del control del Congreso y esfuerzos, a veces imprudentes, del Gobierno por asegurar una gobernabilidad mediante medidas que le garantizan votos, pero que lo alejan más de la agenda de las clases medias que deciden al final el rumbo político de las elecciones.

Del lado de la oposición, Van der Kooy aporta presunciones más entretenidas, como una fractura del peronismo disidente por las ambiciones presidenciales de Francisco de Narváez, que apelaría ante la Justicia por su aptitud para ser candidato a la primera magistratura pese a la cláusula que exige ser nativo o extranjero hijo de nativa. Esa inhibición, trabajan sus abogados según el relato del columnista, será cuestionada como violatoria de los derechos humanos.

Sobre el futuro político de Néstor Kirchner, Van der Kooy no confía mucho: por más que tuviera una victoria el próximo domingo, su construcción política no le alcanzaría, imagina, para ganar un ballottage en 2011.

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