MORALES SOLÁ, JOAQUÍN. La Nación. El analista cree que después de las elecciones del 28 de junio el kirchnerismo se esfumó y que los peronistas ya le perdieron el miedo a Néstor Kirchner, como si lo preocupante fuese la existencia física, tangible, del ex presidente, y no la mutación impredecible del peronismo que repetirá la secuencia de entonación y destrucción de su líder hasta el hartazgo.
El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
No atina el columnista a explicar que Kirchner conserva aún el poder de estrellar al PJ y dejarlo sin posibilidades para 2011. En términos electorales, esa capacidad de destruir, tan valiosa en el peronismo como la de construir, se traduce en postular a presidente a Daniel Scioli, o a otro candidato, frente a Carlos Reutemann y/o Mauricio Macri, fracturando al electorado peronista en tres como ocurrió en 2003, cuando el patagónico accedió al poder.
Morales Solá define, además, a los intendentes del conurbano casi como víctimas. Analiza sus candidaturas testimoniales impuestas por el ex presidente y los llama «rehenes que se aferran al primer policía bueno», en referencia a Francisco de Narváez. E insiste con la renuncia de Guillermo Moreno, a quien define, junto a Julio De Vido, como el corazón del poder de Néstor Kirchner, confundiendo de nuevo la esencia con la materia.
Tal vez la apreciación más acertada de la columna es la que describe a Hugo Chávez como uno de los principales derrotados de la elección legislativa. El bolivariano tiene en el matrimonio Kirchner a sus únicos aliados en el país. Nadie, ni el «nuevo» peronismo ni la oposición vislumbra al presidente de Venezuela como un aliado estratégico en el poskirchnerismo.
VAN DER KOOY, EDUARDO. Clarín. Presume, como muchos, el columnista que el ciclo kirchnerista ya ha terminado. Tendría que avisarle a Néstor Kirchner, quien dijo en Olivos todo el fin de semana que se abre un nuevo camino que no elude 2011 para el oficialismo (Ver Charlas de Quincho). Exagera un poco cuando dice que al Congreso se le va a exigir un rol inédito desde 1983. En realidad, el Congreso ocupa un papel central en la conducción del Estado desde 1994, cuando se reformó la Constitución. Todos los debates importantes han pasado por allí, como la transición 2001/2002, en la cual la Asamblea Legislativa designó a un presidente interino.
Tampoco en el ciclo Kirchner el Congreso ha dejado de tener protagonismo: en medidas de Gobierno como el cambio de la Corte o del Consejo de la Magistratura, el Congreso no dejó de tener un papel central.
El resto es el relato de las infinitas escaramuzas que desencadena una derrota electoral como fue la de Buenos Aires y los grandes distritos de la Argentina para el oficialismo. Repasa Van der Kooy las tribulaciones de Daniel Scioli con gobernadores; cómo los mandatarios peronistas que ganaron elecciones en las provincias buscan escapar al fluido derrotista que ahoga al Gobierno. También los armados que teje el peronismo disidente que junta un arco que va de Carlos Reutemann a Ramón Puerta pasando por Duhalde o Juan Carlos Romero, y que busca también hacer tambalear al PJ y quitarle al Gobierno esa herramienta electoral. Muy difícil hacer análisis político de alto vuelo en estos días con acumulación de gestos, traiciones, desaires, todo envuelto además en la crisis económica del país por la gripe que llegó y comienza a ser el pretexto para todas las malandanzas criollas.
Dejá tu comentario