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Comentarios políticos del fin de semana
Ricardo Colombi
Hace tiempo que Néstor Kirchner no puede disciplinar a la tropa propia en Diputados, debiendo soportar que a su esposa le modifiquen los proyectos para poder lograr el número para aprobarlos.
Le sucedió desde la ratificación de la Resolución 125 cuando, aunque muchos sólo recuerden el episodio de ese tema en el Senado, Agustín Rossi debió introducir cambios, compensaciones y subsidios para que algunos aliados y parte del propio bloque kirchnerista aceptaran votarla.
En ese momento se produjeron las mismas reprimendas desde Olivos hacia Rossi que las de la semana pasada por haber aceptado tantos cambios a la reforma política. De hecho, Kirchner estuvo tres meses sin atenderle el teléfono al presidente del bloque oficialista y ni siquiera lo tuvo en cuenta a la hora del armado electoral santafesino, al punto que Rossi debió jugar allí en total soledad.
Las «buenas épocas», entonces, como las llama el columnista, se fueron hace tiempo. Aunque esta vez el Gobierno cedió y consiguió menos votos que en otras ocasiones, ya lo vino haciendo con la estatización de las AFJP, la de Aerolíneas Argentinas y la ley de medios. De no haber cedido muchos de los aliados de izquierda y centroizquierda con que el kirchnerismo sobrevivió en las votaciones, hubieran desaparecido, como ya lo hicieron en múltiples sesiones. Y tampoco el frente interno es el de hace cuatro años, cuando los diputados levantaban la mano casi sin preguntar qué estaban votando. De hecho, ése es el verdadero peligro que espera al Gobierno una vez que cambie la constitución del Congreso el 10 de diciembre: no hay mayorías o primeras minorías aseguradas para nadie, todo será cuestión de posiciones personales.
Van der Kooy asegura que el Gobierno estaría dispuesto a llamar a sesiones extraordinarias o prorrogar ordinarias, con el solo fin de aprobar este año la reforma política y no dejar a merced de una mayoría opositora el año próximo. Es un paso que Cristina de Kirchner no quiere dar, pero parece que hoy no tendrá otro remedio.
«El hecho de haber fijado para agosto de 2011 la realización de las primarias le entregaría algunas seguridades políticas al matrimonio para lo que resta del complicado mandato. Hasta esa fecha Kirchner podrá ejercer la conducción del partido y menear su postulación presidencial. Esa posibilidad constituiría, además, un anclaje para el Gobierno de Cristina», dice el columnista. Y quizás es aquí donde el comentario hace su mejor aporte: ante la desesperanza por una baja ponderación pública el matrimonio, dice Van der Kooy, apelaría a una fórmula conocida: más kirchnerismo integrando ambos en 2011 el binomio presidencial.
El análisis luego se sumerge en las dudas que cualquier analista puede tener sobre el futuro de cada distrito una vez aprobada la reforma política. Si la inseguridad y crisis social que vive la provincia de Buenos Aires no se alivia, comenzarán a aparecer peligros en el horizonte de la interna del PJ. Una trampa para el ex presidente, que compara con la que se armó Mauricio Macri al no darse cuenta a tiempo de los peligros que involucraba avanzar con el armado de una policía propia.


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