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Comentarios políticos del fin de semana
Julio De Vido
Reconvertido en una especie de vocero de estos dos ex funcionarios kirchneristas, el periodista se dedica a explicar las circunstancias en las que Sadous recibió como embajador a los opositores de Hugo Chávez en 2004 (indicado por el propio Néstor Kirchner, asegura el periodista) y qué intervención tuvo el ex titular del BCRA en la firma del tratado que dio origen al fideicomiso de u$s 90 millones, ahora investigado por la Justicia. En este último punto, el columnista destaca que, según Redrado, «jamás tuvo conocimiento de la presencia de la intermediaria Palmat mientras estuvo en la Cancillería y que esa empresa no figuró en ningún convenio internacional durante su gestión al frente del comercio exterior del país».
El periodista también señala que ni el entonces canciller, Rafael Bielsa, ni Sadous participaron del proceso de selección de una empresa intermediaria entre los industriales argentinos y el Estado venezolano, y apunta directamente contra Claudio Uberti, el ex titular del Órgano de Control de Concesiones Viales, responsable de la llamada «diplomacia paralela» en Venezuela.
La columna sigue así atando hilos de notas e informes publicados en los diarios: la investigación por supuestos sobreprecios en la exportación de maquinaria agrícola a Venezuela del ex defensor del Pueblo, Eduardo Mondino; el informe de los ocho ex secretarios de Energía que señalaron las serias irregularidades en la compra de fueloil al Gobierno de Caracas por parte de la Argentina, y el caso del valijero Guido Antonini Wilson, entre otros hechos vinculados con la relación bilateral entre los dos países, que para el columnista integran una estructura corrupta generalizada, sobre la que sentencia con su solemnidad habitual que «las casualidades no abundan cuando hay tanto dinero oscuro girando en el vacío».
- VAN DER KOOY, EDUARDO. Clarín. Otro previsible paralelismo entre Néstor Kirchner y Carlos Menem, no por los escándalos de corrupción, sino por la obsesión del ex presidente en definir a los grupos mediáticos concentrados, en especial Clarín, como la oposición a derrotar.
La columna señala que el afán de Menem por combatir a la prensa derivó en el triunfo de la Alianza, que a su vez desembocó en la crisis de 2001, confundiendo al lector sobre la conveniencia de enfrentar a la prensa en términos prácticos para la sociedad.
El analista define al PJ de los Kirchner como «sólo un puñado de leales soldados que andan como almas en pena» y recuerda que el experimento de la Concertación con Julio Cobos ya fracasó. Tras siete años en el poder, el matrimonio sólo podría exhibir como construcción política a los intendentes del conurbano y a la CGT de Hugo Moyano. Y, como conclusión novedosa, aporta el surgimiento de militantes kirchneristas camuflados de periodistas que defienden la libertad de expresión en juicios callejeros contra sus colegas.
La columna recoge un dato aportado por este diario en su edición del viernes pasado: el reto de Kirchner a sus senadores por haber votado una declaración de repudio contra los aprietes y carteles anónimos a la prensa. «Compañeros culposos», los llamó enojado. Culmina repasando el caso de corrupción denunciado por el presunto pago de comisiones de empresas argentinas para celebrar negocios con Venezuela. Ni culpando a los medios por esos escándalos, concluye Van Der Kooy, es posible tapar esa sucesión de anomalías que preceden a la cumbre de la UNASUR.

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