Comentarios políticos

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VAN DER KOOY, EDUARDO. Clarín. Roberto Baratta, subsecretario de Coordinación de Julio De Vido, y el secretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno, son presentados como la línea de fuego del kirchnerismo contra el empresariado argentino. El detonante habría sido una reunión entre la AEA y la Corte Suprema de Justicia, con tintes conspirativos contra el Gobierno y se trata de una secuela de la cruzada oficialista contra sectores empresariales, identificados en primera instancia con el ámbito rural.

Ahora Cristina de Kirchner habría aportado doctrinariamente que, para derrotar a los grupos económicos concentrados y en especial a los medios, primero es necesario atacar a sus cámaras empresarias.

El analista destaca como «inoportuna» esta cruzada contra empresarios, teniendo en cuenta la crisis de la eurozona y el proceso de canje de deuda, generoso pero trabado por la sensación de desconfianza que transmitiría la Casa Rosada en el exterior. En medio de este intríngulis, Néstor Kirchner aparece consagrado como jefe de Unasur, en lo que la columna define como un recurso de «política doméstica» para recobrar protagonismo público de cara a 2011.

La oposición sigue sin mostrarse como alternativa política y por ahora se dedica a forzar al kirchnerismo a un mayor desgaste político. El próximo paso será el rechazo en Diputados de la ley Verna para habilitar el uso de reservas del Banco Central para el pago de la deuda.

MORALES SOLÁ, JOAQUÍN. La Nación. El periodista lanza la temporada peronista de presidenciables de la columna del domingo pasado. Así, desempolva la vieja idea de una mesa redonda del justicialismo conformada para destronar a Néstor Kirchner del poder, a partir de un consenso básico entre los aspirantes a candidatos. Describe a ese lote que actuaría desde hace más de un año y medio como si fuese una novedad.

Según el periodista, Carlos Reutemann, Francisco de Narváez, Felipe Solá, Jorge Busti, Eduardo Duhalde y Mauricio Macri ya tienen un lugar fijo en esa mesa de diálogo y ya han iniciado conversaciones sobre pautas básicas en la contienda. Tiene que explicarles a sus lectores el columnista por qué omitió los nombres de los operadores de esa mesa, Juan Carlos Romero, Ramón Puerta y Adolfo Rodríguez Saá. El supuesto pacto entre caballeros que detalla el columnista tiene como premisa básica no hablar de candidaturas presidenciales hasta que se establezcan acuerdos claros y se elija de ese grupo quién será el postulante que dispute la interna peronista con Néstor Kirchner (asumiendo que el sea el candidato del oficialismo).

Dos datos que destaca en este punto es, en primer lugar, que la imagen de Duhalde ha mejorado mucho en los últimos meses (según las encuestas de la fundación de De Narváez, claro); y, en segundo lugar, que el jefe de Gobierno porteño llegó a la conclusión de que la gente le cree más a él que al juez Norberto Oyarbide. Siguiendo esta lógica, su procesamiento hasta podría mejorar sus números como candidato.

El periodista también detalla que varios de ellos ya han encarado reuniones en el exterior, con ex presidentes españoles y que también buscarán un contacto con el ex primer mandatorio brasileño, Fernando Henrique Cardozo. Mientras tanto, analizan la letra chica de la reforma electoral, para evitar que el kirchnerismo saque ventajas «técnicas» de la interna peronista que ellos diseñaron.

El clima de unión que el periodista pretende darle al conciliábulo justicialista antikirchnerista se extiende a los otros partidos de la oposición, la Asociación de Empresarios de la Argentina y la Corte Suprema de Justicia. Con una mirada simplificadora de la política argentina, el periodista plantea una vez más el mismo panorama: los diferentes sectores de la política, de la economía y del Estado se fortalecen, frente a un Poder Ejecutivo en declive y cuya única arma es la coerción.

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