18 de octubre 2010 - 00:00

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Daniel Scioli
Daniel Scioli
MORALES SOLÁ, JOAQUÍN. La Nación. Julio Cobos y Daniel Scioli, dos vices de los Kirchner, son para el cronista motivo de comparación bajo el título del secreto encanto de la traición, que remata hablando de Hugo Moyano. De los primeros cree que sólo la acción o el gesto les están permitidos en el angosto desfiladero que les tocó. Un voto oportuno en el Senado o la presencia en una ceremonia kirchneristamente inamistosa son suficientes para colocarlos otra vez en el alborotado primer plano. Una mayoría social, sin embargo, pondera esos secretos embelecos que saben urdir, afirma el periodista que elude la jugada de Kirchner para que Cobos desempate en el Senado.

Dice que Scioli y Cobos están entre los políticos mejor valorados por un porcentaje importante de argentinos. Considera que un desvarío electoral podría colocarlos a los dos en la lucha final por la presidencia en el próximo año y que en ese hipotético caso habrá que creer que existe la justicia poética porque ambos fueron maltratados por los Kirchner para que no tengan futuro político. ¿Qué hacen los Kirchner para que sus más peligrosos adversarios hayan sido las personas más cercanas a ellos? Eso se pregunta el cronista aludiendo a que Cobos y Scioli integran sólo los últimos lugares de una lista mucho más larga. Los dos ex vicegobernadores de Néstor Kirchner, Sergio Acevedo y Eduardo Arnold, se han convertido ahora en las expresiones más autorizadas para denunciar el autoritarismo y la corrupción de la dinastía gobernante. Alberto Fernández, que fue una especie de vicepresidente ejecutivo del kirchnerismo durante seis años, es la referencia crítica donde van a parar los kirchneristas desencantados. Repasa luego la votación por el 82% móvil y el veto, y pasa a que el sciolismo piensa (el inasible pensamiento de Scioli es otra cosa) que no habrá un próximo presidente peronista si sólo pujaran los antikirchneristas y los prokirchneristas. El peronismo se dividiría entre dos propuestas distintas y los radicales podrían pescar la presidencia en medio de ese río revuelto. Scioli necesita, entonces, poner un pie en el kirchnerismo y otro entre los disidentes, y por eso fue al penoso acto de Santa Cruz contra la Corte Suprema y compartió el veto al aumento para los jubilados, concluye, pero estuvo en el Coloquio de IDEA, que es para los Kirchner la inverosímil casa del demonio, y allí se mezcló, afectuoso, con Eduardo Duhalde y con José María Aznar, el referente más claro de la derecha española. Finaliza, entonces, con que Kirchner tampoco puede tomar distancia de Moyano, el último aliado fuerte que comparte, además, la cartografía de sus métodos.



VAN DER KOOY, EDUARDO. Clarín. El conflicto de poderes se convierte esta vez en la piedra fundamental del fin de época kirchnerista. La Corte Suprema, con su seguidilla de fallos en contra de los intereses de la Casa Rosada y el Congreso, donde ya se imponen los proyectos opositores pese a los intentos oficialistas de derrumbar el quórum, anticipan en esta columna de opinión un final inexorable. La transición se profundiza con la decisión de los bloques opositores de arrebatarle al kirchnerismo los cargos de conducción en ambas cámaras, con particular encono contra el jujeño eduardo Fellner, cuya destitución pondría a dos radicales, Julio Cobos y Ricardo Alfonsín, en la línea de sucesión del poder.

El escenario se confirmaría a partir de una cita textual de Agustín Rossi, cercano a Van der Kooy: «Trato de no perder todas las semanas seis a cero».

Fuera de las murallas del Parlamento, Daniel Scioli insinúa cada vez más abiertamente sus aspiraciones presidenciales, y el matrimonio quedaría obligado a replegarse a su alianza con el líder de la CGT, Hugo Moyano, quien no conoce amores incondicionales. La lealtad camionera se basaría ahora en un racimo de causas judiciales y la retórica de Aníbal Fernández para defenderlo ante los ataques del peronismo disidente.

En el Senado, el bloque aparece definitivamente atomizado y hasta fallan las gestiones de Amado Boudou para sumar votos. Eso indiciaría que la Casa Rosada carece de negociadores confiables. En el sindicalismo alternativo tampoco hay buenas noticias. El triunfo del disidente Pablo Micheli ya parece definitivo más allá de los cuestionamientos a la junta electoral de la CTA.

Quedan a favor el clima financiero y la suba de los commodities para mantener al kirchnerismo a flote hasta 2011.

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