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Comienza en el Este la gira de los coleccionistas de arte
Paisaje de Richard Walker inspirado en California, una de las obras destacadas de la Feria de Punta del Este, que este año sumó el encanto del edificio, una discoteca abandonada en La Barra, la conjunción de sol, playa y una selección de buen arte.
En Este Arte la presencia de invitados vip y coleccionistas, sobre todo argentinos, franceses, uruguayos, belgas y brasileños, aseguró las primeras compras. La directora de la feria, Laura Bardier brinda un informe a este diario sobre las ventas más importantes: "Una obra de Anthony Gormley se la llevaron dos coleccionistas franceses, dos de Jorge Ángel y un Calder quedaron en manos de argentinos; Fernand Leger, Pati Fernández, Adrián Couvrat partieron para Brasil y también se vendieron dos acuarelas con la estética del cómic del fotógrafo argentino Dino Bruzzone. Xippas vendió todo durante el vernissage: 12 dibujos del uruguayo Ricardo Lanzarini a 2.500 dólares cada uno. La nueva galería de Punta del Este La Pecera vendió dos obras de Martín Pelenur a un argentino. Durante una visita guiada, la operadora cultural Inés Etchebarne, destaca en una galería de Londres la obra de Richard Walker inspirada en California. La dramática obra encierra un estudio de lo sublime y la naturaleza avasalladora del paisaje.
Este Arte suma este año el encanto del edificio, una discoteca abandonada en La Barra, la conjunción de sol, playa y una selección de buen arte. Es el secreto del éxito. Secreto que comparten las numerosas ferias que se realizan en Miami y que supo potenciar Art Basel, la más poderosa del mundo, cuando surcó el océano para abrir una sucursal playera. No obstante, en Este Arte el valor de la entrada, 25 dólares, dejó afuera a gran parte del público interesado en pegar una vuelta y a algunos invitados al vernissage que querían regresar eran potenciales clientes.
Agenda
Entretanto, en estos días las invitaciones que cursan las ferias y exposiciones internacionales se multiplican y, los coleccionistas, siempre dispuestos a buscar alguna obra que encaje dentro del conjunto que atesoran, organizan su agenda. Para facilitar esta tarea la revista "Forbes" acaba de publicar un suplemento exclusivo dedicado a los coleccionistas con las citas top del mundo del arte. En el mes de enero se abren Arte de Palm Beach de Florida, London Art Fair, Los Angeles Art Show en California y artgenève en Ginebra, donde celebrarán una fiesta con conciertos musicales.
Todas estas ferias ofrecen arte del siglo XX hasta el más actual y, cada una, pone el acento en algún proyecto o sección especial para atraer a una franja determinada de coleccionistas.
Desde los tempos del emperador Adriano, los Medici o Catalina de Rusia y, pegando un salto en la historia, los Guggenheim, los Rockefeller, Gertrude Stein, Paul Mellon, los Ganz o Charles Saatchi, definir a estos personajes resulta difícil. Hay coleccionistas que se destacan por su intuición y otros por sus experiencias extraordinarias; están quienes han ganado fama por la inteligencia de sus planteos y las tesis que sustentan sus conjuntos; los que se destacan por la radicalidad extrema de sus elecciones o la fervorosa atención que les dedican a sus posesiones y a los artistas en los que creen y depositan su fe. Algunos reúnen obras que marcan puntos de inflexión, quiebres que contribuyen a cambiar el modo de apreciar el arte, de verlo, de mostrarlo y de cotizarlo; mientras otros tejen sin cesar la trama que lleva a un artista a la gloria.
Detrás de cada colección se esconde una historia personal. Desde los principios del coleccionismo, cuestiones como el gusto, la audacia, el afán por rodearse de cosas bellas, la pasión o los conocimientos, comenzaron a marcar diferencias. Balzac, que fue también coleccionista, aseguraba en "La comedia humana" que son los seres más apasionados que hay en la tierra. Pero un recorrido por las colecciones internacionales y también las argentinas, revela que el arte se atesora por motivos de lo más diversos. Desde el puro placer estético hasta la inversión e, incluso, la especulación, muchas son las variantes. Hay coleccionistas que disfrutan al contemplar sus tesoros en silencio, aunque algunos son tan ruidosos como una estrella del rock y necesitan que el público los estimule. Están los que delegan la elección de sus compras en un curador y los que imponen su gusto personal; los que disfrutan al mostrar y compartir sus tesoros artísticos y los avaros que guardan todo para sí. El abanico es inagotable y abarca a quienes se enamoran irresistiblemente de una obra y ponen todo su empeño en poseerla y quienes sólo disfrutan de intereses ajenos al arte, porque persiguen el ascenso social, el rédito económico y la pátina honorable que otorga el título "coleccionista".
Cada colección es una entidad en sí misma, con un significado que se puede descubrir y analizar. Hay coleccionistas que perjudicando el sistema que sustenta el arte, evitan la intermediación de las galerías para "ahorrarse la comisión", sin tener en cuenta que estas instituciones aseguran la participación en ferias, bienales y demás. Otros son activos agentes culturales, capaces de preservar obras que en ocasiones (como sucedió con muchas de las que se exhibieron en el Instituto Torcuato Di Tella), terminan destruyéndose porque los artistas no tienen dónde guardarlas y a las instituciones no les interesa preservarlas.
La paradoja es que, mientras el coleccionismo se democratiza y aumentan quienes recién se inician y dan sus primeros pasos, el arte se vuelve cada día más complejo. Sin conocimientos, sin la sensibilidad afinada y un ojo educado, resulta casi imposible acceder a la comprensión del arte contemporáneo. Pero gente preparada es lo que abunda, para comenzar algunos galeristas y luego, curadores que venden estos servicios.
Si bien durante siglos el monopolio de la distinción que otorga el buen gusto y, la posibilidad de ver el mundo y la humanidad con la mirada educada por el arte fueron bienes reservados para unos pocos, en la actualidad, como bien lo expresa Arthur Danto, el arte se ha convertido en el objeto de deseo de "las multitudes sedientas".
Finalmente, en febrero se abre Zona Maco, una gran feria mexicana que atrae compradores de todo el mundo, y también la veleidosa feria madrileña ARCO. Luego de 35 años de jugar con los argentinos como el gato con el ratón, los españoles que el año pasado presentaron como país invitado a Finlandia y este año decidieron que no invitan a ninguno (y a la Argentina como siempre no) van a contar la historia de una feria estatal. Ahora sí, la Argentina resulta ineludible. La galería Ruth Benzacar esperó durante décadas en la puerta de ingreso a la gran fiesta del coleccionismo internacional que decidió celebrar España con la creación de ARCO. El mundo pegó una vuelta desde entonces y ya nadie espera nada, pero la galería Benzacar fue invitada junto con aquellas que estuvieron firmes en los años del debut.
Los coleccionistas de aquel entonces que prosiguen el viaje permanente, anotaron la fecha. Según sostiene Paul Virilio, hay "una nueva forma de pereza permitida a los ricos, que los lleva a buscar el desplazamiento en sí como forma de vida".


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