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Cómo fue la más esperada despedida
Los familiares de los mineros (en la foto, los del trabajador Mario Gómez) vivieron la espera del inicio del rescate con angustia, pero con esperanza.
Con fósforos que les hicieron llegar los rescatistas, los trabajadores pudieron encender unas velas con las que dijeron adiós para siempre a lo que ha sido su hogar durante los 68 días que ha durado el encierro bajo tierra.
«Tienen que despedirse, es bueno, porque ellos están diciendo hasta luego, esto llegó hasta aquí, ahora empieza otra etapa», señaló a los periodistas Alberto Iturra, el psicólogo que ha acompañado a los mineros desde que el pasado 22 de agosto se supo que estaban vivos.
«Despedirse es una buena forma de liberarse, que la nostalgia no les amarre el alma para después», añadió.
Ante el inminente rescate, los mineros hicieron las «maletas» y enviaron a la superficie, en unos frascos de plástico, todo lo que quieren llevarse de su experiencia bajo tierra.
Entre el equipaje se cuentan aparatos mp3, ropa, biblias, revistas y camisetas de equipos de fútbol, entre otros regalos que les llegaron de diferentes partes del país y del mundo, y que los trabajadores quieren guardar de recuerdo.
Oratoria
Los mineros también recibieron por videoconferencia su última clase de oratoria para enfrentarse a la horda de periodistas que los esperan en la superficie.
Tras ingerir el último menú bajo tierra, que a sugerencia de la NASA tendrá un alto contenido en glucosa, proteína, fosfato, potasio y magnesio, llegaba anoche finalmente el momento de terminar con su encierro para dar la bienvenida a un mundo que tiene todos los ojos puestos en ellos y que los espera con celebraciones, viajes y asados.
A unos 45 kilómetros de la mina, la ciudad de Copiapó, a cuyo hospital serán conducidos apenas vayan saliendo de la mina, se ha teñido de los colores de las decenas de banderas que ya ondean en casas y edificios, y de las guirnaldas que permanecerán encendidas durante las dos noches que los trabajadores permanecerán en el hospital.
Pantallas gigantes
Desde la alcaldía de la ciudad, que suspendió las clases ayer en los colegios, se estima que cerca de 30.000 personas saldrán a la calle para presenciar el traslado de los mineros al hospital, que podrá seguirse en directo a través de pantallas gigantes que se instalaron en plazas y parques.
Después de pasar al menos un par de días en el hospital, donde se someterán a distintas pruebas para detectar si estos dos meses bajo tierra les ha dejado graves secuelas, los mineros podrán celebrar su vuelta a la rea-lidad.
En la vista tienen ya un viaje a Grecia con todo pagado por una empresa minera griega y otros dos a España e Inglaterra, donde los equipos de fútbol europeos Real Madrid y Manchester United los invitaron a presenciar un partido en sus respectivos estadios.
Otros, como es el caso de Mario Gómez, celebrarán a lo grande con una boda, que aún no tiene fecha.
Después de 32 años de matrimonio civil, Gómez pidió a su esposa que lo acompañara al altar en una carta que envió junto al mensaje con el que el pasado 22 de agosto los mineros anunciaron que estaban vivos.
Pasada las celebraciones, los mineros tendrán que decidir qué será de su futuro profesional, después de que 270 compañeros suyos recibieran el pasado viernes parte de su sueldo de septiembre, un bono de Fiestas Patrias y también la carta de su finiquito.
Pero antes de todo esto, los 33 mineros tendrán que enfrentarse a los medios de comunicación y a la idealización y el interés que generará su historia, que ya están pensando en llevar a la pequeña y gran pantalla cineastas como Rodrigo Ortúzar y el canal de televisión español Antena 3.
Agencia EFE


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